24 mayo, 2018. Por

Giuseppe Palmisano

¿Erotismo sutil e inocente o ‘male gaze’?
Giuseppe Palmisano

“Erotismo absurdo” lo llaman algunos. Yo, más bien, lo llamaría “hastío vital” y un nivel de no saber qué hacer con tu vida que escondes la cabeza, cual avestruz, en el primer sitio que se te ocurra para ver, si así, después de sacarla te llega por arte de gracia un insight que hace que tu vida sea menos mierda.

Yo, como buena millennial y persona-que-no-sabe-por-dónde-le-llueven-las-hostias y con ese guri-guri en el estómago de no saber qué va a ser con mi futuro, me veo reflejada totalmente en alguna de sus fotos. En palabras las veo resuminas con una frase de nuestro querido Martí, el recepcionista de OT 2017: “4 años de carrera, 5 idiomas y aquí estoy, en mi trabajo soñado de toda la vida: sirviendo calamares”. Y, a continuación, Martí esconde la cabeza entre los cojines del sofá de la sala común de la academia.

Pero, a ver, ¿quién es este hombre?

Giuppe Palmisamo (Iosonopipo en muchas de sus redes sociales) nacido en 1988 y procedente de Bolonia es un fotógrafo, que como buen artista de nuestra época también alterna la fotografía con la actuación y la poesía (o eres polifacético o no te comes un colín). En una declaración el fotógrafo define su arte de esta manera:

“Si me miro a mi mismo en el espejo mi reflejo parece amarillo, es como si hubiera vivido antes y hubiera vuelto para recopilar historias de las personas que viven hoy, dándoles consuelo de que siguen viviendo de la misma manera en que lo hicieron ayer […] El mismo amor, el mismo dolor, los mismos pensamientos… infinitamente”.

Y no le falta razón, en un arrebato de narcisismo e incomprensión adolescente, que sentimientos como los que él menciona son inmortales, susceptibles de aferrarse a cualquier ser humano y que, por muy especiales que nos creamos, es algo que compartimos con el resto de las personas.

El cuerpo femenino como un objeto más en la imagen

En su obra, Palmisano ofrece una visión casi conceptual del desnudo femenino, funde el cuerpo entre los demás objetos de la fotografía haciendo que sea un elemento más. Sin duda destaca porque algo orgánico siempre va a tener ciertos “privilegios” en la imagen que llamen nuestra atención, pero no lo hacen de una manera erótica (o, en teoría, es lo que pretende el autor). Aquí la palabra ‘objeto’ intenta no significa cosificar a la mujer como un ser inerte que solo tiene valor por sus atributos físicos, en este caso es un objeto más entre el mobiliario de las fotografías, un elemento que se funde entre cojines, colchones, lámparas… Incluso la composición y el color hacen que este mimetismo cobre todavía más fuerza.

Su propósito con las fotografías no está claro, no lo ve como un proceso bidireccional entre autor y espectador, es un proceso unidireccional en el que el mensaje está en los ojos de quien lo mira. No considera que esté creando una revelación que haga cambiar a la persona, si no establecer puentes entre las relaciones humanas.

¿Hasta dónde llega esta aparente sinceridad del artista y su, inevitable, male gaze?

En los artículos que circulan por internet sobre Giuseppe se admira su capacidad de plasmar el cuerpo femenino como un elemento más en la foto, en muchas sin ningún erotismo pero en otras con un erotismo sutil. Pero si, desde una mirada femenina nos ponemos a analizar esto críticamente, ¿hasta qué punto es cierto y hasta qué punto está dando el patinazo el artista? En fotografías como estas no cabe la menor duda:

¿Pero qué podemos decir en cuánto a otras? Según sus palabras la famosa male gaze es algo que, de cierto modo, los hombres llevan dentro de forma intrínseca biológicamente (como todos sabemos los hombres son una especie que carece de corteza prefrontal y son incapaces de controlar sus impulsos y razonar). Él intenta mirar a las mujeres como ellas se ven a sí mismas, buscando cierta intimidad que no viole su espacio. Según sus propias palabras: “Me encanta ver cómo las mujeres se observan a sí mismas, aunque nunca consiga transmitir eso en la imagen, probablemente porque es una de las cosas más eróticas para mí”.

¿De verdad encontramos en esas palabras la deconstrucción que esperamos de un hombre si se atreve a incluir a las mujeres en su arte de una forma en que no las erotice gratuitamente ni las utilice como meros objetos sin justificación (que, según él, el erotizar también es inebitable). ¿De verdad es necesario incluir a las mujeres desnudas o semidesnudas porque para él la ropa es, como mucho, algo que da color? Y, antes de que me llaméis feminazi, que conste que estas palabras no se las he puesto yo en su boca, están por escrito en la web miista.com. Y aquí, las fotos que, efectivamente, sexualizan el cuerpo femenino e incluso lo utilizan como una fantasía o fetiche más.

Giuseppe Palmisano