24 mayo, 2017. Por

Giradiscos

Hablamos con el rey de la promoción de conciertos de underground en España
Giradiscos

El 11 de mayo de 2007 sucedió algo anormal en el circuito alternativo, una bendita anomalía: un tipo llamado Eduardo García heredaría un sello llamado Giradiscos, y tras un par de años trasteando en el negocio en solitario se lanzaría a programar el concierto más caótico de estos diez años.

Diez años después, Giradiscos es una referencia completamente fundamental en el circuito de música en directo, sobre todo en lo que a géneros de culto underground se refiere. Curiosamente, por mucho que se traten de músicas marginales comercialmente hablando, la promotora no ha parado de crecer y de generar una legión de seguidores que es casi una comunidad: programa para Estrella Galicia, tiene su propio róster, tiene un sello en paralelo en marcha, se ha sacado de la manga ciclos como el 100% Psych o festivales como el VillaManuela.

Esta semana celebrará esta primera década en el alambre, programando entre el miércoles 24 de mayo y el domingo 28 cuatro citas que se moverán entre el jazz africano, el dancehall jamaicano, la electrónica de baja fidelidad, la misa synthcodélica o el indie pop más raruno. Nos citamos con Edu Giradiscos (perdió su apellido hace años) en una terraza de la madrileña Plaza de Olavide para pasar revista a esta década de underground, vanguardia y viceversa.

“A veces parece que programamos para joder a la gente: cuando parece que entienden qué movidas traemos, luego empezamos a traer música dancehall o jazz etíope”

 

¿Cómo empezó todo: como un hobby, de rebote, o tenías cierta vocación de promotor?

Es muy raro, porque empezó como un hobby de rebote. Yo había vivido en Montreal, Canadá, y volví de allí con la idea de sacarles un disco a unos colegas que hice allí que se llamaban Unireverse. Volví a España con esa idea, pero aparte de haber trabajado algo en radio en Canadá no tenía ni idea de cómo funcionaba la industria ni nada, pero tenía un colega que trabajaba (y sigue trabajando) en Everlasting y cuando iba a la oficina me flipaba ver ese piso lleno de discos por todos lados.

Por casualidades de la vida, después de haber estado trabajando un año como secretario personal de un tío del cine y de haber vuelto a estudiar, decidí montar el sello. Pero antes me encontré con un colega, Javier Almendral, que había montado un sello que se llamaba Giradiscos para autoeditarse su propio disco. Al final le pasó como a muchos músicos: lo montó, hizo todo el papeleo, lo puso en marcha, pero se dio cuenta de que lo que a él le gustaba era tocar, y no andar con cosas administrativas. Iba a dejar el sello y me dijo que me quede el suyo. Así que saqué el disco de Unireverse y fue un poco desastre porque no sabía ni cómo distribuirlo ni cómo hacer promo ni nada. Ellos vinieron a España e hicimos una gira muy cutre, que ni siquiera la hice bajo la “marca” de Giradiscos, en aquel momento (hace 12 o 13 años) me parecían cosas muy separadas.

Pero lo primero que hice como Giradiscos fue a través de un colega de Valencia que tenía un programa de radio, con el que tenía buena relación porque nos gustaban las mismas músicas raras, y me dijo que tenía un colega de Castellón (José Luis Cuevas, de Born! Music) que estaba montando una gira de Charalambides y que no encontraba a nadie para hacerlo en Madrid. A mí me flipaban, así que me lancé. No había montado un concierto en mi vida, casi, y lo monté diez días antes: me puse en contacto con el dueño del Nasti (Chema, que ahora es muy amigo mío) y lo acabé haciendo y fue un desastre tremendo.

Eso te iba a preguntar, ¿qué recuerdas de aquel día?

Pues que fue un desastre: se vendieron muy pocas entradas, pero el dinero me daba un poco igual porque no era mucha pasta, y al ser solo dos se quedaban a dormir en mi casa. El problema es que había muy poca gente, y esa noche era lo que antiguamente se llamaba Astoria Club en el Nasti, y el chaval que lo llevaba, Óscar, me dejó la sala pero yo ni controlaba horarios ni nada.

Al final uno de los teloneros se enrollo muchísimo y cuando empezó Charalambides a los cinco minutos tuve que decirles que tenían que acabar: había 150 personas en la sala de al lado que venían a una fiesta que tenía que empezar y no podíamos seguir. Fue un poco vergonzoso, una experiencia chunga; pero luego nos hicimos colegas, lo entendieron y acabé volviendo a traer más veces tanto a Charalambides como a Tom Carter solo.

Y en aquella época, ¿el espacio de conciertos que programas con Giradiscos estaba ocupado? ¿Había muchas otras promotoras-competencia o veías que era un filón, un espacio virgen que nadie se atrevía a explorar?

Empecé un poco por eso también. Yo en aquella época tenía amigos que montaban conciertos. Había promotoras como Humo Items, que traían cosas más rollo post-rock como High On Fire, Russian Circles; luego estaba Lolo, que en aquella época era Gssh! Gssh! Records. Y por ejemplo Charalambides lo acabé programando yo porque, si no, no lo hacía nadie…

Te quedabas con las sobras…

En algunos casos sí. El segundo concierto que hice fue bastante diferente, fue Acid Mothers Temple: lo habían intentando Humo Items y Gssh! Gssh! antes, pero no habían podido, se había cancelado; pero tampoco les interesaba demasiado. Justo cuando empecé con Giradiscos, Gssh! Gssh! lo dejaba, y a los dos años lo dejaron Humo Items.

Yo hasta hace muy pocos años nunca me había tenido que pelear con ninguna promotora por traer un grupo: o los hacía yo o no los hacía nadie. Eran cosas bastante más experimentales que ahora, sin embargo. Ahora creo que seguimos haciendo cosas bastante raras, pero antes hacíamos muchos conciertos de estilos como fingerpicking (artistas como Glenn Jones) en una asociación cultural de La Latina que se llamaba La Casa de los Jacintos y había un ambiente muy familiar, entradas muy baratas… Podías permitirte cosas más kamikazes y molaba.

“Al haber empezado esto como un hobby la máxima era: o es divertido o no lo hago. Y sigue siéndolo”

 

¿Crees que hay un perfil muy claro de artistas que pueden llegar a ser identificados como “producto Giradiscos” o crees que en los últimos años has despistado un poco al público?

Yo siempre le digo a Olivia, mi compañera que se encarga de la comunicación, que a veces parece que programamos para joder a la gente: cuando parece que entienden qué movidas traemos, luego empezamos a traer música dancehall o jazz etíope. Para mí es algo muy natural: es mi proceso vital de ir descubriendo música, y por suerte o por desgracia soy promotor, y acabo trayendo las cosas que me gustan, o eso procuro. Sí que es verdad que hay chavales que vienen a conciertos y nos piden que traigamos a tal o cual artista que está de gira, y a veces nos cuadra más que otras. Hubo una época que hacíamos mucho rock psicodélico, y por una razón u otra es algo que dejamos de hacer: nos parece que está un poco agotado el estilo, y muy explotado…

Pero seguís haciendo el ciclo-festival 100% Psych

Sí, pero si te fijas este año le hemos intentado dar una vuelta, volviendo a la idea de retorcerle la cabeza a la gente: el público igual se espera artistas como The Black Angels y nosotros queremos que la gente entienda que la música psicodélica es un concepto mucho más amplio. Por eso este año hemos programado propuestas de electrónica como Nathan Fake o de free jazz como Peter Brötzmann & Heather Leigh. Pero además, hay otras promotoras haciendo psicodelia, como Octopussies o Holy Cuervo, así que, ¿para qué chocarnos con gente si hay un montón de música que programar que nos gusta? No es que queramos ser una ONG, pero nos gusta trabajar a gusto.

A mí me llama la atención cuando hablo con gente de producción de algunas promotoras y me dicen que en tal o cual sala son unos capullos y que siempre están a la gresca: yo en diez años nunca he tenido tensión con los de la sala. Al haber empezado esto como un hobby la máxima era: o es divertido o no lo hago.

¿Sigue siendo divertido?

A mí me encanta, me lo sigo pasando muy bien, pero claro, ahora somos una empresa, pagamos nuestros impuestos, nuestras obligaciones, hay que pagar sueldos, una oficina, y es mucha presión. Nunca he llegado a tener un ataque de ansiedad, pero creo que he estado cerca varias veces…

¿Cambió mucho el panorama en estos diez años? Igual hace diez años, por ejemplo, festivales como el Primavera Sound eran grandes pero no tanto como ahora; del mismo modo que no había tantas promotoras programando conciertos de este tipo de música underground o de vanguardia. ¿Crees que Giradiscos aportó algo al circuito, en ese sentido?

Yo creo que lo que aportamos en su momento, en 2007-2008, que además coincidió con el principio de la crisis, es que en aquella época había mucha programación financiada por instituciones: se hacía el ExperimentaClub en La Casa Encendida, por ejemplo. Y todo eso, en muy poco tiempo se acaba: La Casa Encendida ya no tiene dinero o ya no es una fundación de una caja de ahorros porque no existe. Giradiscos demostró que se puede ser autosuficiente: no dependemos de nadie para funcionar. Traemos artistas pequeñitos pero también aportamos un flujo constante de oportunidades de ver cosas que no vas a ver en los circuitos normales.

“Giradiscos demostró que se puede ser autosuficiente: no dependemos de nadie para funcionar. Traemos artistas pequeñitos pero también aportamos un flujo constante de oportunidades de ver cosas que no vas a ver en los circuitos normales”

 

A nivel de música electrónica sí que llegaron muchos colectivos, mucha gente nueva y haciendo cosas muy guays. Pero a nivel rock o pop de vanguardia no hubo tanto relevo: en aquellos años empezamos Giradiscos, Nooirax, Holy Cobra, Javi Ferrara… pero en los últimos años apenas gente como Octopussies o alguno más, pero no veo una nueva ola de promotores. Echo en falta gente que lo haga por ser fan: no digo que no tengan que hacerlo por dinero, pero al menos que no vayan con esa mentalidad de base.

Además creo que Madrid ha tenido mucha suerte con MásGalicia, que son la gente que lleva la programación de Estrella Galicia, han apoyado proyectos que hacen con nosotros como el 981 Heritage, el 100% Psych; y luego tienen el American Autumn o la programación de SON EG. La cantidad de cosas que hacen, y además siendo una marca, que hayan tirado por ciertos caminos mola mucho.

Llevas desde 2010 dedicándote en exclusiva a Giradiscos y viviendo de ello. ¿Hasta qué punto ser promotor de conciertos de música entroncada en el underground es rentable? ¿Eres un caso aislado en un campo de gente que no puede vivir de ello?

Cuando lo haces por amor al arte no tienes muchos conocimientos, y suele ser algo que haces durante un tiempo y luego lo dejas, porque tienes tu vida, tu trabajo, tu carrera o lo que sea. En mi caso se ha juntado mi amor por la música sin un objetivo inicial de tener un beneficio económico con, a lo largo de los años, adquirir unos conocimientos que te permitan saber sacarle beneficio.

Yo empecé trayendo cosas a Madrid, pero muchas veces me frustraba que por no tener fechas en otras ciudades españolas, el grupo no quería venir hasta aquí solo a hacer la fecha en Madrid. Y ahí di el siguiente paso: empezarme a dedicarle tiempo completo a Giradiscos y montarles toda la gira a los grupos. Así pude vivir unos años hasta que hace tres años, aproximadamente, empezaron a llamarnos de festivales para pedirnos artistas. Y eso te da un dinero más seguro.

“Intento no tocarle los huevos a los grandes porque si no te funden, pero hacemos música tan rara que promotoras como Live Nation o Houston Party ni nos huelen ni estamos en su radar”

 

Como si tuvieras un róster, aunque sea variable.

Claro. Y eso me ha dado la estabilidad que antes me costaba conseguir. En 2010 empiezo a dedicarme a esto a full pero yo ese año vivía en el Puerto de Santa María. Cuando vuelvo a Madrid en 2011 me ofrecen llevar el Nasti los viernes, que lo llamé Ganímedes; pero también llevar la programación de la sala. Y ahí yo tenía una sala a mi disposición gratis en medio de Malasaña, lo que me quitó mucha presión porque no tenía que andar peleándome por un hueco en las salas.

Recuerdo que al principio cuando llamaba a La Boite o a El Sol me preguntaban quién era, si los grupos que quería llevar traerían gente o no… Y ahora cuando voy por ahí ya me conoce todo el mundo y me reciben como un mítico. El cambio es bastante gracioso: a mí esto se me ha pasado volando, pero creas que no llevo media vida haciendo esto.

¿Tienes identificado un patrón de público de Giradiscos? ¿Hay una comunidad fiel, caras que ves muy a menudo que no son amigos?

Hay un grupo de gente que de tanto verlos ya un día te pones a hablar. Es gente muy atenta que, además, se escuchan todo lo que traemos y hay una confianza en nuestra manera de prescribir conciertos. Javi Ferrara dice: “habéis conseguido que la gente vaya a conciertos vuestros sin conocer al artista”. No creo que sea para tanto, pero sí que si monto un concierto que no conoce nadie al menos treinta personas van a venir. Y de eso no se vive, pero se ve que hay gente que por muy difícil que se lo pongas cree en tu manera de programar.

Por eso me gustan festivales como el BAM, porque tienen un público que no es el entendido que va a escuchar un grupo un concreto, y es un público más receptivo: no sabe lo que va a escuchar, pero tiene las orejas muy abiertas y no tiene prejuicios, y si le mola se lo pasa muy bien. Eso pasaba ates en La Casa Encendida, con conciertos a 3 €. Nosotros no somos una fundación pero sí que generamos cierta curiosidad en el público.

“El primer concierto que monté fue de Charalambides y fue un desastre tremendo: duró cinco minutos”

 

¿Y echas de menos algún apoyo de algo?

La situación en tema de apoyo institucional ya la sabéis todos, además de lo que hubo con el tema del IVA cultural y tal; pero lo que a mí me parece lamentable es el tema de la radio. Radio 3, concretamente. La radio comercial hace su historia, no me parece ni bien ni mal. Pero Radio 3 tiene como una especie de mandato objetivo de cumplir un hueco de mercado y que, salvo ciertos programas, no lo cumple nadie. Quizás el caso de Julio Ruiz es el que más se salva: un señor que lleva cuarenta años haciendo radio y que sigue teniendo la misma pasión que un niño de 20 años; y me gustaría que en Radio 3 haya más gente como él. Al final con el tiempo los que se fueron quedando son los presentadores más dóciles, que se dejan mandar por determinados sellos y cosas metidas con calzador. Y me parece una pena.

Al margen de la radio, ¿crees que los medios, tanto musicales como generalistas, han tratado bien a Giradiscos o no le dieron la proyección que merecía una propuesta tan arriesgada y vanguardista como los artistas que soléis traer?

Yo siempre se lo digo a [mi compañera] Olivia: no nos podemos quejar. Un James Ferraro tú le puedes dar el coñazo al de El País todo lo que quieras, pero la realidad es que ese no es el sitio. Teniendo eso en cuenta, los medios nos han tratado bastante bien. También es que nosotros hemos sido siempre muy conscientes de las limitaciones de nuestra propuesta. Un suplemento como el Metrópoli no tiene por qué sacar una entrevista de una página a un artista que va a tocar en El Perro de la Parte de Atrás del Coche. Pero aun así, yo no tengo queja ninguna. Y lo de Radio 3 no lo digo por nosotros en concreto, sino a nivel global: grupos nuevos que no están dentro de un sello grande solo van a sonar en Capitán Demo, que es un programa para grupos maqueteros.

A veces suena ahí gente con varios discos y 40 años…

Claro, tío. A nosotros nos pasó cuando estábamos trabajando con Rosvita, que lo mandábamos a Radio 3 y nos decían que eso era para Capitán Demo. Nosotros le decíamos que esa gente lleva quince años y tres o cuatro discos.

Ya tenían hijos, incluso.

(Risas) Claro. Y no es por una cuestión de edad, pero Capitán Demo se supone que es la primera oportunidad de grupos recién nacientes. Parece que Radio 3 ha decidido competir con LOS40, y ojalá les vaya muy bien pero han dejado un hueco que no está cubierto. Si sumas eso con que durante muchos años los menores no podían ir a conciertos, ¿cómo vas a esperar que con veinte años quieran ir a un concierto? Hay una generación entera que nunca ha ido a un concierto.

“Radio 3 tiene como una especie de mandato objetivo de cumplir un hueco de mercado y que, salvo ciertos programas, no lo cumple nadie”

 

¿Recuerdas algunos conciertos insignia de Giradiscos que representaron el paso de la marginalidad underground a la profesionalización de la promotora?

Sí, sobre todo al principio. El segundo concierto que hice, el de Acid Mothers Temple que te dije antes, fue mi primer sold out y también el primer sold out de La Boite. Yo hablaba con todo el mundo de las tiendas de discos donde vendía las entradas y todos creíamos que solo irían los cien colgados a los que les gusta esto y listo. Al final vendimos 350 entradas, había una cola que daba la vuelta a la manzana… En aquel momento no creía que podía dedicarme a esto. De hecho, en ese momento trabajaba para otra promotora; pero sí que mi cabeza hizo un click de que igual podía haber un público.

Luego, la primera vez que trajimos a Silver Apples fue muy emocionante: todo el mundo quería telonearlo y todo el mundo quería hacer el cartel para el concierto, así que acabó siendo una especie de mini-festival de psicodelia con tres carteles…

Un tributo a Silver Apples con él participando de ello.

Sí, totalmente: todo el mundo del underground de Madrid se volcó a ello. Manu de Bang! y Gramaciones Grabofónicas también estuvo pujando por ello; y al final metimos a un grupo que tenía en el sello para que se sintiera integrado, también. Moló porque fue una cosa como de trabajo en equipo. Era una época en la que todo era mucho más underground y había más sensación de comunidad.

Recuerdo que en aquellos años Marieta de Líneas Albies prestó su casa para que James Ferraro hiciera un concierto en su salón: en aquel momento no lo conocía ni Dios, era un rollo muy tirado, tocaba por 100 pavos; y como ninguna sala se animaba a programarlo lo hicimos ahí.

“Los conciertos del escenario principal del Primavera Sound se disfrutan y te metes más en él si los ves en YouTube que estando a 10 kilómetros del escenario: entre cuatro paredes a oscuras lo disfrutas más”

 

Recién me mencionabas algunas otras promotoras. No sé si la relación en general con las otras promotoras es buena o si hay piques con alguna, competencia… ¿Sigue existiendo sensación de comunidad o la pujanza por la profesionalización lo hace todo menos romántico?

A nosotros la parte romántica nos la quitan las labores administrativas. Yo por ejemplo le tengo mucho cariño a Javi Ferrara: nos seguimos ayudando en la medida que podemos pero se nota que cada uno tiene su vida y sus obligaciones. Del mismo modo que hace unos años si me pedía que fuera en su lugar a un bolo que organizaba él yo iba de cabeza para echarle un cable, pero ahora con tantas cosas encima sería imposible.

Sí que he notado que en los últimos dos o tres años, que he empezado a programar cosas algo más grandes, y no les mola que aparezca uno pequeñito. Con Houston Party me pasó: ellos tenían en el róster a Austra, y durante tres años no se les ocurrió traerlo. Yo lo traje y de repente les sorprendía. Pero son los gajes del negocio: gente grande que se aprovecha de su estatus para estas movidas. Yo intento no tocarle los huevos a los grandes porque si no te funden, pero por lo general hacemos música tan rara que promotoras como Live Nation o Houston Party ni nos huelen ni estamos en su radar.

Cuando montaste Giradiscos, ¿tenías promotoras de referencia? Sean de aquí o de cuando estabas en Canadá.

Aquí en Madrid tenía las que te comentaba antes Humo Items y Lolo de Gssh! Gssh!, pero Lolo era un caos: estaba todo muy mal organizado, se cancelaban muchos bolos y tenía muy buen gusto pero no servía para organizar movidas. Pero trajo conciertos espectaculares, tenía un olfato brutal. A nivel local ellos eran mis referentes.

Luego, en Montreal yo vivía muy cerca de la Sala Rosa y de la Casa del Popolo, que son dos salas del bajista de Godspeed You! Black Emperor, y montaban durante todo el mes de junio un festival que se llamaba Suoni per il Popolo que molaba muchísimo: mezclaban free jazz, psicodelia, electrónica, post-rock… Y yo venía de España, donde había festivales muy compartimentados. Una de las primeras personas que conocí en Montreal era Dan el del Pop Montreal, que ese año era la primera edición, y era una cosa muy parecida a la primera edición del Villamanuela: una cosa muy pequeña, muy mal organizada y mira ahora en lo que se ha convertido.

“Hubo una época que hacíamos mucho rock psicodélico, y por una razón u otra es algo que dejamos de hacer: nos parece que está un poco agotado el estilo, y muy explotado”

 

Con salas decías que te conoce todo el mundo, que hay muy buen rollo. ¿Te gusta el circuito de salas que hay en Madrid? ¿Hay una sala que es la “más Giradiscos” de todas? Ya sea por el perfil de su programación como por las cosas que viviste en ellas como programador.

Han sido muchos bolos, y hay varios que por diferentes motivos tengo mi relación emocional con ellas. A mí Moby Dick, por ejemplo, es una sala que me flipa, pero no conozco a su dueño. Sin embargo, con El Perro de la Parte de Atrás del Coche trabajas directamente con Jamie, su dueño, que además le flipa todo lo que traíamos. El tío trataba a todo el mundo de puta madre, se compraba todo el merchandising, y es una sala que es como mi segunda casa, hay algo muy familiar ahí. Pero también durante temporadas el Nasti o el Siroco también lo fueron: desde los taquilleros a los seguratas, pero la relación con ellos es genial. Con Moby Dick también, desde Mar hasta Paco el técnico… son gente con la que estamos muy a gusto y son colegas.

También tiene que ver que hay gente de producción de otras promotoras que antes de saludar ya está pegando gritos y poniendo orden. Nosotros nunca hemos funcionado así, y supongo que eso hace que tengamos tan buen rollo con la gente.

¿Cuál es el bolo que mejor lo pasaste? Sea porque te forraste o porque fue el bolazo de la vida del grupo…

De las mayores alegrías fue el de Joe McPhee & Chris Corsano, porque fue el primer concierto de free jazz que programábamos: yo escucho mucho free jazz en casa, que es algo que me traje de Montreal sobre todo; y en Madrid desde que desapareció el Johnny [el Colegio Mayor San Juan Evangelista] el free jazz había desaparecido un poco del mapa. Es algo que llevaba tiempo queriendo hacer, pero son artistas caros, un circuito que no conoces… y el concierto pintaba muy mal tres días antes y al final agotamos entradas y fue un subidón.

Luego, gente como Michael Rother la primera vez que lo trajimos: verlo por primera vez en directo me ponía los pelos de punta, estaba temblando cuando lo fui a buscar al aeropuerto; y ahora forma parte de nuestro róster y lo hemos traído como diez veces.

¿Y el concierto en el que peor lo has pasado?

El de Charalambides que te conté antes porque fue un desastre. Pero gracias a Dios no tengo recuerdo de situaciones de mucha tensión, salvo retrasos de que hayan perdido el avión o que se les haya pinchado la rueda de la furgoneta. No ha habido grandes dramas, creo recordar.

“Echo en falta promotores que lo haga por ser fan: no digo que no tengan que hacerlo por dinero, pero al menos que no vayan con esa mentalidad de base”

 

¿Hubo alguno en el que te hayas llevado un chasco? Sea personal o musicalmente.

De decepciones en lo artístico recuerdo a Zombie Zombie: no es que me vuelvan loco pero sí hubo una época en la que los escuchaba bastante. Esa época pasó, y un par de años después surgió la posibilidad de traerlos al Nasti, y lo hicimos un poco por capricho y por quitarme esa espinita de programar un grupo que sí formó parte de mi banda sonora durante un tiempo. Los trajimos y me dejó muy frío. Fue la única vez que recuerde de decir: “si lo sé, no los traigo”.

Y después en el trato personal es una cosa que siempre no comento: es increíble que en diez  años nunca hayamos tenido una mala experiencia.

¿Nunca, en absoluto?

Yo he tenido algunas malas experiencias haciendo producciones para otra gente. Sí tuve una experiencia un poco fea que además me da pena porque es un artista al que aprecio muchísimo. Fue con Sean McBride, al que había traído un par de veces con su proyecto Martial Canterel y es un tío encantador y majísimo y mola mucho lo que hace.

Cuando trajimos el proyecto que tiene con su ex mujer, Xeno & Oaklander, la primera vez que lo intentamos en el Nasti tuvimos que cancelarlo el mismo día por una movida en el aeropuerto; y a los meses volvieron de nuevo con el marido nuevo de Liz [Wendelbo, la otra mitad del dúo] como técnico de sonido. Y el tipo este quería pillar farlopa, estaba muy insistente. Era lunes, además, así que imagínate ponerme a buscarle en ese momento farlopa…

“No somos una fundación pero sí generamos cierta curiosidad en el público”

 

Los camellos descansan los lunes. Es el día del ‘señor camello’.

(Risas) Además no quería que su mujer se entere y encima quería pillar bastante, no era solo que quería: quería tres pollos. Se la consigo al final. Y teníamos una movida: los billetes de avión de la primera vez que cancelaron se los había pagado yo. Como eran colegas les había dado mi tarjeta para que los pagasen y me debían pasta.

No sé si este tipo no sabía lo que yo había hablado con Sean y Liz o si iba demasiado arriba de farlopa, pero al acabar el concierto quería que le pagase más pasta de lo que habíamos acordado, que es algo cuando haces en algún caso si te apetece; pero ahora, que además teníamos una cuenta pendiente, no era el caso. El tío acabó metiéndome en el coche agarrándome de la pechera y amenazándome. Y yo le dije a Sean que mientras este tío siga estando en el grupo no los volvería a traer. Fue un poco feo, sobre todo después de lo difícil que fue traerlos y del esfuerzo que hice.

¿Queda alguna cuenta pendiente de algún artista alcanzable por programar?

Sí: Terry Riley es uno de mis sueños. No está al alcance ahora mismo pero no es descabellado. Sería un concierto caro, porque habría que hacerlo en un teatro y las entradas costarían más de 30 €, pero se podría hacer. Una vez lo estuve mirando con la gente de MásGalicia para hacerlo en el Teatro Lara pero era complicado: tiene que haber un piano de cola, el precio de las entradas no es accesible… Yo espero algún día poder venderlo a Veranos de la Villa o algún formato así.

¿En qué punto quedó la parte ‘sello’ de Giradiscos?

Cuando empecé a programar conciertos el sello lo dejé un poco al lado. Apenas hemos editado los discos de Lüger (que era mi grupo); una vez que vinieron Cave hicimos un 7’’ para la gira; hace poco sacamos en coproducción con Humo el disco de Deerhoof… No es una cosa que esté muy activa. Cuando se da la circunstancia y nos mola lo hacemos, pero no es nuestra actividad central.

Ahora hemos empezado un sello a medias con uno de los artistas que llevamos en el róster, Damián Schwarz, que se llama Equilibrio y que nos apetecía mucho. Empezamos haciendo reediciones: el disco de Randomize (que es el proyecto de Eugenio Muñoz, uno de los de Mecánica Popular), vamos a sacar el de Patricia Escudero… tenemos más un plan de publicación de cosas ahí.

“Nos gustaba al inicio ver que el Villamanuela era “el festival de Malasaña” y creíamos que los comercios y las salas se volcarían más con ello, pero luego no fue así”

 

¿El VillaManuela es el proyecto más ambicioso de Giradiscos?

Como mínimo, el que me da más dolores de cabeza (risas). Es un formato de festival complicado: a las salas no les gusta, ya lo vivieron con el Primavera Club y ven que la gente no consume dentro de la sala porque al estar en movimiento entre salas la gente acaba tirando de los lateros en la calle. A nosotros nos gustaba al inicio ver que era como “el festival de Malasaña” y creíamos que los comercios y las salas se volcarían más con ello, pero luego no fue así. Pero entiendo su postura: si sacan menos pasta con el festival que con conciertos sueltos, el negocio es el negocio.

Además, en octubre estás en plena temporada alta de conciertos y compites con muchas cosas. A nosotros en la segunda edición nos hundió la coincidencia del festival con el bolo de Swans. Este año es el quinto. Todos los años es un drama sacarlo adelante: yo ahora debería llevar un par de meses trabajando en ello y aun estamos mirando formas de financiación, porque los socios que habían invertido en el festival en los últimos dos años han decidido desvincularse de la música y nos hemos quedado un poco colgados. Hemos metido una inversión de esfuerzo y tiempo muy grande que, aunque muchas veces te preguntes si va a ser así toda la vida, creo que hay que hacerlo igual.

¿Pero estás desmotivado? ¿Creías que funcionaría mejor y más rápido?

No, yo estoy muy orgulloso de lo que hemos conseguido hasta ahora. Sí que es verdad que cuando empezamos el primer año parecía más grande, estaba Holy Cuervo y otros tres promotores independientes, y ellos tenían un plan más ambicioso: el de en cuatro años tratar de llegar a un recinto al aire libre. Yo, como programador y como público, no me gustan mucho los festivales al aire libre para ver conciertos.

Los conciertos del escenario principal del Primavera Sound me parece que se disfrutan y te metes más en el concierto si los ves en YouTube que estando a 10 kilómetros del escenario en el festival. Para mí siempre entre cuatro paredes a oscuras lo vas a disfrutar más. Pero claro, esos cuatro años no llegamos a hacerlos juntos: Holy Cuervo se ha desvinculado y los otros socios también. A mí el formato del Villamanuela me gusta. Me mola vivir en el fango.

Es un festival muy de cultura de salas. Casi todo lo que haces de ciclos o pseudo-festivales son de circuito de salas. ¿Tienes una cruzada contra los festivales de masas al aire libre?

No, en absoluto. Es una cosa personal: yo estoy en un sitio con 10.000 personas, sea un festival o un partido de fútbol, y no lo disfruto mucho, no me gustan las aglomeraciones. De vez en cuando algún año voy al Primavera Sound y lo disfruto, aunque lo disfrutaba más cuando era más pequeño.

“Nunca he llegado a tener un ataque de ansiedad, pero creo que he estado cerca varias veces”

 

¿Qué va a poder ver la gente en estas cuatro citas para celebrar el décimo aniversario? Da la impresión de que querías tratar de visibilizar esa ‘cultura de salas’ pero también ese carácter polifónico a la hora de programar músicas muy diversas.

Sí, hay un poco de eso. La idea era ofrecer una programación muy variada; no sé si es muy representativa de los artistas de Giradiscos a lo largo de estos diez años, pero sí es representativa de nuestra filosofía: puedes ver desde Ducktails, que es rollo indie pop total, hasta James Ferraro que es electrónica, Equinoxx que es dancehall, Hailu Mergia que es un etíope haciendo jazz, Tropic of Cancer que tiene ese punto de synthcodelia oscuro…

¿Cómo te gustaría ver Giradiscos dentro de diez años?

Esto es complicado, es lo que más nos come la cabeza todos los días: vamos tan al día, que nos es muy difícil hacer planes de lo que va a pasar a largo plazo. En los últimos años al trabajar con festivales hemos crecido, pero todo nos ha venido de una forma natural: trabajar con marcas, festivales… Creo que si seguimos por nuestro camino nos seguirán pasando cosas buenas. Igual deberíamos forzar algunas de ellas y no esperar a que nos vengan a buscar, pero hasta ahora nos ha ido bien así. Yo confío en el karma al final.

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