27 febrero, 2017. Por

Gillianismos

Las memorias prepóstumas de un Monty Python
Gillianismos

“Siempre me dio miedo meterme ácido, incluso en Los Ángeles en 1966 y 1967, cuando todo el mundo parecía ponerse. Desde el principio me di cuenta de que la gente se quedaba con la cabeza hecha polvo y yo ya había tenido la suerte de acceder alguna que otra vez y sin ayuda química al reino de la imaginación al que supuestamente te lleva el LSD”.

El primer párrafo de la biografía de Terry Gilliam no podría ser al mismo tiempo más inesperado y más esclarecedor. Por una parte, Gilliam evitaba hacer lo que todo los demás hacían hasta cuando “los demás” eran nada menos que la contracultura. Por otra, revela el gran rasgo definitorio de su personalidad, una imaginación y una creatividad que habría que medir en kilotones.

Gilliamismos son las memorias “prepóstumas” del talento creativo de los legendarios Monty Python y la bala perdida entre las balas perdidas. El ilustrador, el fotógrafo, el humorista y el director de cine acostumbrado a columpiarse por el filo del exceso con solo darse un paseo por sus pensamientos. No se han publicado muchos libros en España y quizá ni una sola biografía, en los últimos tiempos, con la profusión de fotografías (del protagonista y otras muchas tomadas por él), ilustraciones y  documentación histórica que ofrece ésta.

En Gilliamismos hay un chorreo de anécdotas descacharrantes sobre rodajes como el de Miedo y asco en Las Vegas (1998), Brazil (1985) o la nunca concluida El hombre que mató a Don Quijote. Viajes por todo el mundo, incluido México, Turquía o Francia y hasta una España en la que todo el mundo le confundía con El Cordobés. Encuentros o encontronazos con Woody Allen, Richard Nixon, George Harrison, Marlon Brando o Robert de Niro. Reflexiones sobre la obra de Hunter S. Thompson y disfraces, disfraces por todas partes, físicos y mentales.

La personalidad de Gilliam, divertida, poliédrica e imprevisible, le emparenta, aunque se manejara en otro ámbito, con Frank Zappa (cuyas magníficas memorias, curiosamente, también publicó Malpaso en español hace poco tiempo). Gilliamismos sirve, por ejemplo, para descubrir que ambos no solo se conocieron personalmente, sino que incluso colaboraron profesionalmente. Por alguna razón del destino, Gilliam estaba en el estudio de Zappa en Sunset Boulevard en el preciso momento en el que el músico necesitaba voces extras para la secuencia de una fiesta, lo que propició su aparición en los álbumes Freak Out! (1966) y Absolutely Free (1967).

A los 75 años, Gilliam tampoco ahorra comentarios sobre esta demencial edad de oro de la corrección política. Renunció a la nacionalidad estadounidense en 2006. Seguramente seguirá escuchando la radio, su admitida como primigenia influencia artística, y releyendo viejos números de Mad, la icónica publicación satírica con la que, como él mismo reconoce, empezó todo.

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