4 abril, 2018. Por

Funny Games

La obra maestra del terror moderno cumple XX años
Funny Games

Esta semana se cumple el XX aniversario del estreno de una de las obras cumbre de los últimos tiempos. No hay prácticamente nada en Funny Games que no me guste, atraiga, seduzca, impacte, hipnotice, etc. Recuerdo que la vi en un cine-club. Evidentemente, Haneke no era quien es hoy, si no, estoy seguro de que se hubiera apuntado alguien. Un chico de 20 añitos devorado por la cinefagia sólo en una sala viendo cine de autor, todo un clásico. Recuerdo perfectamente la sensación durante la proyección y la post-proyección. Era puro “terror estomacal,” ya que fue el estómago el encargado de canalizar la angustia, los nervios, la ansiedad y el estrés que me generó la película. Yo apenas sabía nada de Michael Haneke, y sin Internet menos. Esto contribuyó a que la experiencia fuera todavía más alucinante.

Tu vecino llama a la puerta de tu casa pera pedirte sal y dos horas después estáis todos muertos. El vecino en este caso son dos chicos y en lugar de sal lo que te piden son huevos. Haneke construye una demoledora reflexión sobre la violencia y sobre la representación de la violencia en el medio audiovisual a través de un claustofóbico y asfixiante thriller indoor. Haneke odia la violencia y cómo esta es usada como si fuera un mero entretenimiento. Y eso es precisamente lo que mueve a estos dos payasos, porque en realidad, estos dos chicos son como el Pierrot y el Augusto, el payaso listo y el payaso tonto.

Paul haciéndote ojitos

Paul y Peter se dedican a fusionar el crimen con el entretenimiento. Dos asesinos que no responden a «entendibles aunque no justificables» patrones de tipo social, neuronal, familiar o traumático. No hay nada de eso, al revés, como buenos clowns se burlan de eso. Todo es mucho más desconcertante y perturbador. Todo es mucho más dionisíaco y divertido. Matan por el puro placer de matar, como los chicos de La naranja mecánica o el protagonista de Ocurrió cerca de su casa. En Funny Games los asesinos siempre van a salirse con la suya, incluso si las inocentes víctimas consiguen, no sé, dispararles o escapar. En ese momento Haneke rebobinará la película para que la secuencia en cuestión se vuelva a repetir, esta vez sin errores. Gracias al meta-lenguaje, el cineasta alemán acciona el mecanismo principal de su reflexión sobre la violencia.

«Tu vecino, el tipo que vive enfrente, al que saludas y el que te devuelve la sonrisa cada mañana, puede que sea el mismo que un día que te muestre el acero del cuchillo en el que te ves reflejado antes de morir»

Uno de mis momentos ad hoc favoritos es cuando Paul, Arno Frisch, protagonista también del segundo film de Haneke, El vídeo de Benny, en el que también interpreta a un homicida, se gira a cámara guiñándonos el ojo y haciéndonos cómplices de la masacre. Te hace sentir muy incómodo, incluso llegas a sentir un escalofrío. Tu vecino, el tipo que vive enfrente, al que saludas y el que te devuelve la sonrisa cada mañana, puede que sea el mismo que un día que te muestre el acero del cuchillo en el que te ves reflejado antes de morir.

P.D.: Si os podéis evitar el remake que Haneke hizo de la película en Estados Unidos, hacedlo. Es una fotocopia de la original, aunque con un papel, tinta e impresión, de peor calidad. Aunque, en este sentido, Psicosis de Gus Van Sant es imbatible.

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