28 junio, 2018. Por

Fuji Musume / Renjishi

El arte del teatro kabuki en estado puro en los Teatros del Canal
Fuji Musume / Renjishi

“Ka” significa canción. “Bu”, baile. Y “ki”, habilidad. Kabuki. “Un teatro que está fuera de lo ordinario” (en japonés, “kabuku”). “Una explosión de energía y belleza, una demostración de las ganas de vivir” (Enosuke III). Todo eso es el Kabuki esta centenaria forma tradicional de teatro japonés de la que todos tenemos alguna imagen en nuestra retina (de sus elaboradísimos y pálidos maquillajes heredados del maquillaje tradicional de Japón, por ejemplo) pero de la que en Madrid dificilísimo es (por no decir prácticamente imposible) disfrutar de algún espectáculo.

Heisei Nakamuraza, una de las compañías más renombradas de Japón, actúa por primera vez en España con funciones hasta el 1 de julio en los Teatros del Canal. Gracias al 150 aniversario del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre Japón y España, la Embajada brinda a los madrileños la posibilidad de experimentar uno de los espectáculos japoneses más famosos con esta compañía (con un equipo humano numeroso) ahora retomada por los hijos del fallecido Kanzaburo Nakamura, una de las familias más conocidas del Kabuki (saber que se transmite de generación en generación, como los poderes de Superman).

“No cualquier espectador será receptivo a un espectáculo completo de Kabuki, eso está claro. Pero como tampoco lo son todos a uno de flamenco”

Y es que la perfección, elegancia y capacidades físicas en cuanto a la parte de danza, y las vocales en cuanto a los cánticos, parecen sobrenaturales (y desde luego nos parecen de otro planeta al espectador occidental). No cualquier espectador será receptivo a un espectáculo completo de Kabuki, eso está claro. Pero como tampoco lo son todos a uno de flamenco. Arte, por cierto, éste, con el que mantiene una extraña conexión cuando uno los compara (y no, no nos hemos vuelto locos, esta comparación flamenco-kabuki también se les ha escuchado a los hacedores de este espectáculo).

Aquí se pueden disfrutar de dos representaciones: Fuji Musume, en la que los espectadore verán el aura de la ninfa de la glicina, danzando con elegancia y representando conceptos como la belleza y el amor, y en la que se podrá disfrutar de una de las peculiaridades del kabuki, el onnagata, el actor que representa el papel de mujer. Renjishi, por su parte, cuenta la leyenda en la que un león tira a sus hijos al fondo de un valle y anuncia que cuidará sólo del que pueda volver de allí.

Hay que decir que esto se sabe porque aparece explicado en el programa de mano, puesto que el espectador no se entera de absolutamente de nada de lo que recitan y/o cantan (a no ser que sepa japonés, claro está). Un punto en contra (sobre todo en algunos momentos del espectáculo) el que no haya sobretítulos, que también puede convertirse en uno a favor para intentar sumergir al espectador en un estado de particular meditación a través de los movimientos y sonidos sin que se interponga lo racional.

“La belleza de algunos pasajes impone y resulta francamente espectacular. Aunque para el espectador occidental no acostumbrado a este tipo de demostraciones artísticas puede resultar algo ardua su música, ritmo y el tema de dejarse llevar sin entender”

Y es que la belleza de algunos pasajes impone y resulta francamente espectacular (esos leones agitando las melenas hechas con pelo de yak, así al unísono, es una cosa muy loca; como la versión en plan japonesa y milenaria de las peleas de bate cabelo). Aunque también es cierto que para el espectador occidental no acostumbrado a este tipo de demostraciones artísticas puede resultar algo ardua su música (con ese estilo nagauta o canción larga, que lo llaman), ritmo y el tema de dejarse llevar sin entender. De cualquier manera, es una oportunidad única la que brinda la compañía Heisei Nakamuraza para poder acercarse a una forma artística excepcional. Un espectáculo que, sin lugar a dudas, “está fuera de lo ordinario”.

Fuji Musume / Renjishi