30 Diciembre, 2016. Por

Frantz

Un melodrama filosófico made in Ozon
Frantz

Si algo se puede decir de François Ozon es que es un director que no cesa de sorprender a la hora de atreverse con nuevos géneros y estilos. Un vistazo a su prolifera carrera es suficiente para concluir que el director francés puede ser de todo menos encasillable: la sátira familiar Sitcom, el musical policiaco 8 mujeres, el drama psicológico En la casa, el thriller erótico La Piscina, la comedia de género Una nueva amiga y una decena más de títulos marcados por la singularidad, conforman el heterogéneo universo ozoniano, que sigue alimentándose con casi un estreno por año. Con Frantz, Ozon parece haber revisado su insaciable filmografía y concluido que entre sus filas faltaba un drama de época en el que estampar su enrevesado sello.

El film en cuestión es un remake de la no muy conocida Remordimiento (Broken Lullaby, 1932) de Ernst Lubitsch y se enmarca en el interior de una Alemania derruida a finales de la primera guerra mundial. Aunque el guion tira más hacia el melodrama romántico —sin demasiados excesos—, el misterio que recorre la trama y las cuestiones morales que plantea, le dan ese añadido de complejidad, suficiente para capturar nuestra atención.

Como espectador es fácil entrar en el juego y dejarse seducir por el enigmático soldado francés Adrien (Pierre Niney) que llega a Alemania para visitar la tumba de su amigo, al igual que lo es que empatizar con Anna (Paula Beer) en su difícil manejo de la rocambolesca realidad a la que se enfrenta con la llegada de Adrien. Que el secreto que se nos irá desvelando pueda ser más o menos previsible no es tan relevante como las reflexiones sobre el valor de la verdad, la culpa o el perdón que plantea; un melodramático artificio monocromo pero con calado.

Durante el metraje la forma compite en protagonismo con el contenido con puntuales extravagancias, propias de Ozon, como usar el color para expresar emociones en un film rodado en blanco y negro o recurrir a un preciosismo casi pictórico para enmarcar pasajes clave. También en la historia el controvertido director mete mano, y a la obra de teatro original Maurice Rostand, añade una secuencia ficticia que resulta ser la parte más interesante del film, con un final convincente que mantiene el tono melancólico del film sin dejarse llevar al terreno de lo previsible.

Frantz