7 junio, 2017. Por

Françoiz Breut

Hablamos con la última gran dama de la neo-chançon francesa
Françoiz Breut

Hacía unos años que no sabíamos de ella, desde la publicación de La chirurgie des sentiments (Caramel Beurre Salé, 2013). La cantante francesa (e ilustradora) Françoiz Breut publicó el año pasado su último disco, Zoo (Caramel Beurre Salé, 2016), que pasó desapercibido aquí por no contar ya con distribución española. Ha estado de gira hace unos días, con diez fechas por nuestro país, y con el apoyo del ciclo Voces Femeninas de SON EG.

Tras su concierto de Madrid nos queda la sensación de que su proyecto ha vuelto a coger vuelo desde que trabaja codo con codo con Stéphane Deaubersy. Su socio musical desde hace dos discos. Un músico que capta el universo de Breut a la perfección. Además, se presentó hace poco el documental Françoiz Breut, des rivages sibyllins, de la realizadora Coralie Martin. Hablamos con Breut en persona tras su paso por Madrid, unos días antes de la segunda vuelta definitiva de las elecciones presidenciales en Francia, y nos habló de las pequeñas cosas que significan tanto en su vida.

“La mujer no está mal representada en el medio artístico: una vez que una mujer logra proponer algo particular y curioso, puede ser tomada en valor igual que un hombre”

 

Hablar de Zoo, este último disco, imagino que es hablar de algo del pasado.

El disco se grabó hace dos años en Bristol, en marzo de 2015, y salió en marzo del año pasado. Así que es cierto que hice muchas entrevistas en ese momento, y que luego olvidas el hilo. Así que voy a intentar concentrarme.

Caramel Beurre Salé, ¿es una pequeña discográfica belga o francesa?

Es un pequeño sello belga que no se considera realmente como un sello. Al principio era mi manager, y de golpe tuvo una pequeña estructura, red para sacar el disco. Entonces él no se considera realmente como un sello. Ha trabajado con otros artistas. Un grupo que se llama Joy, que tiene antiguos miembros del grupo belga Venus. Y Claire Louise, una francesa instalada en Bélgica, que hace folk influenciada Alela Diane, ese tipo de cantantes. Ha sacado a estos artistas, y a mí. Y no sabe si va a continuar editando discos porque no es fácil seguir.

¿Son duras las condiciones de los músicos en Bélgica y en Francia?

Son difíciles, pero no tan difíciles como en otros países. Tenemos el estatuto de artista. Es el equivalente que la intermitencia de Francia. Tenemos ayudas, no es fácil que te la den, pero una vez que haces muchos conciertos suele salir bien y te sale, cuando tienes menos es más difícil. Una vez que tienes esa ayuda, no tienes que correr y cubrir un número de 107 horas de conciertos por año. Y en Bélgica puedes hacer menos. Así que en relación con el resto de europeos tenemos bastante suerte.

Con Zoo, ¿querías llamar a los sonidos de la vida? ¿Envolvía algo como concepto global el disco?

No, no había un concepto global. De hecho, yo me dejo llevar por las ideas de las canciones, que me vienen de todas partes: de la actualidad, de un libro que leo, de los encuentros personales, de una palabr,… Viene de muchas cosas. Por ejemplo, la canción Zoo me gustó mucho la palabra, tan corta, pero no tiene nada que ver con el ambiente del resto del disco, porque no hablo para nada de los animales. Esa canción, de hecho, habla más de escuchar más nuestra parte animal, porque el hombre se convierte en un ser demasiado racional, y se centra demasiado en la reflexión y olvida su cuerpo y sus sensaciones efímeras.

“Yo me dejo llevar por las ideas de las canciones, que me vienen de todas partes: de la actualidad, de un libro que leo, de los encuentros personales, de una palabra”

 

El hecho de participar en este ciclo de voces femeninas quiere decir que de alguna manera queda mucho por hacer por mostrar el trabajo artístico de las mujeres. ¿Qué piensas de ello?

Encuentro que la mujer no está mal representada en el medio artístico. Es cierto que en el rock es un medio masculino, más que nada. Pero una vez que una mujer logra proponer algo particular y curioso, puede ser tomada en valor igual que un hombre. Y para mí es un placer poder participar en este ciclo.

Siempre me he sentido apoyada por mis amigos masculinos. En general, nos divertimos.  Evidentemente me gustaría tener mujeres en mi grupo. En mis inicios cantaba con una cantante estadounidense, hacíamos versiones, en un grupo que se llamaba Squad Femmelle. Estaba Dominique A, había tres guitarristas hombres y dos vocalistas mujeres, con muchas harmonías vocales. Comencé con eso. Y me gustaba mucho. Pero sí que me gustaría tener un grupo de chicas. Después es un tema de encuentros, de dar con la gente.

No puedo quejarme por esa parte. Siempre he tenido la suerte de sentirme bien acompañada por músicos, aunque en su mayoría han sido hombres.

Después es difícil físicamente por las giras, los viajes, y todo eso. Antes era más difícil porque mis hijos eran más pequeños, era más difícil la separación. Pero estoy bien acompañada y apoyada por los padres de mis hijos.

Vienes más del mundo de las bellas artes y de las artes visuales, y de la ilustración. ¿En qué momento te surgió la necesidad de cantar o de explorar lo musical?

Antes de conocer a Dominique A, siempre había querido formar grupos, pero no lo pude hacer porque no lo hice bien o no había llegado hasta el final o no había trabajado con la gente adecuada pero con mi amiga estadounidense, que era en ese momento vecina mía, empezamos con ese grupo, y Dominique también vivía por allí. Y una cosa llevó a la otra y se hizo. No fue nada buscado intencionadamente.

Luego, Dominique me propuso cantar en su segundo disco (Si je connais Harry, 1993). Yo estaba sobre todo en el universo de las artes plásticas, escuchaba mucha música, iba a conciertos de rock, pero de eso a tocar en directo… Era algo que no tenía previsto para nada. Son las sorpresas de la vida: no saber muy bien que va a suceder. Y eso me gusta. No prever nada y dejarse llevar hasta un cierto punto, porque también viene bien tener los pies en la tierra.

“A veces el público no es que sea difícil, es el sitio el que hace difícil que se crean las condiciones adecuadas”

 

Tus letras hablan del universo cotidiano, del imaginario que está muy conectado con tus ilustraciones… El mundo de las ilustraciones creemos que pertenece a veces más a un universo infantil. ¿Qué piensas?

Creo que es importante conectar con nuestra parte infantil, porque eso nos tiene despiertos, somos curiosos con esa alma de niño, más que con nuestra alma adulta que es más racional. Evidentemente con los pies en la realidad porque todo lo que sucede alrededor de nosotros no es divertido, pero es una manera de protegerse y de ver que también hay ese lado, que están en el interior, en el imaginario y en todo eso.

Siempre tenemos esa sensación de que nos resulta ajena la música en otros idiomas que no sean en inglés. ¿Te sientes bien acogida en España?

Sí, es estupendo el feedback con España. Y no creo que el idioma sea una barrera. Escuchamos músicas del mundo, y música anglosajona, de la que no comprendo bien la mitad de lo que escucho. Pero hay otras cosas que pasan por la música y es eso que es importante. Escuchaba flamenco cuando era joven, y escucho todo tipo de músicas. Incluso aunque no comprenda de lo que trata, no estamos obligados a tener una historia o un hilo conductor para amar la música, la aprendemos en la globalidad, y no sólo en un sentido literario.

Y con el público español siempre me he sentido bien recibida y acogida. El disco Vingt à trente mille jours (Parlophone, 2000) se grabó en Andalucía, en Ronda (Málaga). ¿Es que hay influencias españolas, música de grandes espacios o músicas de películas a lo Ennio Morricone? Pues puede ser que haya todo eso. No sé qué es lo que ha conectado con la gente de aquí.

En ese disco había muchos participantes conocidos (Yann Tiersen, Dominique A, Jerôme Minière, Philippe Katerine, Joey Burns…), incluso grabamos los arreglos de cuerda con una orquesta sinfónica en Hungría. Y en esa época no me daba cuenta de lo que estaba sucediendo. Fue un período duro porque me estaba separando de Dominique. Y ahora me doy cuenta de la suerte que tuve al poder rodearme de todos esos músicos. Y la posibilidad de tener tiempo para crear y para interpretar esas canciones. Era otra época de medios, en la que los sellos discográficos tenían presupuesto.

Entre La Chirurgie des Sentiments y Zoo, ¿cuáles son las diferencias sustanciales?

Después de Dominique A, que participó en los dos primeros discos, estuve con Boris Gronemberger en dos discos: Une saison voleé (2005) y À l’auveglette (Humpty Dumpty Records / Green Ufos, 2008). Y ahora con Stéphane Deaubersy, y otros músicos que vinieron de gira pero que lo han dejado porque tenían otros trabajos.

El primer disco que hicimos juntos Stéphane y yo, La chirurgie des sentiments, era muy de bricolaje, me gustó mucho porque era un rollo muy lo-fi, muy instintivo, trabajábamos con samplers. Lo grabamos en un estudio pequeño muy casero, no era un estudio en sí, fue muy lúdico, nos divertimos mucho haciéndolo, y recuperé las ganas de escribir y componer canciones. Fue el tercer disco que escribía porque antes era intérprete y cantante, más que nada.

“Participo en manifestaciones, hablo a mis hijos del capitalismo, de cómo funciona el mundo, en mi pequeño nivel. Y hace falta continuar haciéndolo, hablando a la gente, abriendo la mente: tengo un padre que vota al Frente Nacional, y no estoy para nada orgullosa de ello”

 

Y con Zoo trabajamos mucho las bases de las canciones, antes de ir a grabar en el estudio de Adrian Utley. Queríamos estar dispuestos para grabar lo más rápido posible porque solo estaríamos tres semanas en Bristol. Así que hemos trabajado todo, los detalles, las palabras.

Grabamos en dos estudios. En su estudio, con un montón de sintes de todo tipo, y luego otra parte en otro estudio. Le conocí porque Portishead organizaba un All Tomorrow Parties en Bristol y me llamó para tocar. Fue un placer, pero no fue muy bien, porque Bella Union, nuestro sello inglés, se equivocó en los horarios y teníamos que tocar antes que Portishead en el mismo escenario. Y como llegamos tarde tuvimos que tocar en otro escenario, en una sala que no era muy buena. Así que no salió tan bien como nos hubiera gustado…

Lo vimos después y nos dijo que le gustaban mucho mis primeros discos y pensé que quizás le interesaría ser el productor. Le envié un email y contestó enseguida para decirnos que sí. Nos hizo mucha ilusión. Son sorpresas que vienen bien. Aunque hace falta provocarlas un poco.

Acaba de estrenarse un documental sobre ti, dirigido por Coralie Martin Françoiz Breut, des rivages sibyllins que se presentó hace unos días en el Instituto Francés de Barcelona. ¿Te contactó ella? ¿Qué te parece el documental?

Sí, es una joven directora de cine de Lyon que no ha hecho muchos documentales pero que trabaja en el género documental. Empezó mucho antes de la grabación del disco en Bristol, estuvo en Bruselas en los preparativos, en Bristol, luego vino a la presentación en París… No ha estado todo el tiempo ahí, pero ha seguido el proceso.

No me gusta mucho que me filmen porque no me encuentro a gusto para hablar. Depende de dónde esté la cámara, si la decoración o el ambiente es agradable, me olvido de que la cámara está ahí. Me cuesta ser yo misma, porque es una representación. En cambio cuando tengo una conversación en una entrevista me siento más cómoda. Así que no puedo tener una opinión sobre el documental. Lo estrenaron en Bruselas y mis amigos me dijeron que estaba muy bien, pero son amigos así que es difícil ser objetivo.

Estuviste de gira en China el pasado mes de marzo, tocando en Pekín y Shangai. Y también giraste hace años por Estados Unidos. ¿Cómo es tu experiencia fuera de Europa?

El público es completamente diferente. A veces el público es muy caluroso, otras veces más frío. En China no fue ninguna pasada en Pekín, más bien frío. Y después en Shangai tocamos en la Embajada de Francia, era más un cóctel, así que las condiciones no son las mejores para tocar. No son las condiciones normales de un concierto, la gente no está realmente presente, beben champán y parece que hay una música de ascensor de fondo, un hilo musical.

Me gusta tocar en cualquier sitio. A veces el público no es que sea difícil, es el sitio el que hace difícil que se crean las condiciones adecuadas. Pero al final tratas de salir siempre y amortiguar esos puntos débiles.

“La política para muchos jóvenes es ver a un hombre con traje y corbata amigo de los banqueros, ¿cómo se van a interesar por este tipo?”

 

Cantas principalmente en francés, pero también en inglés. El hecho de cantar también en inglés. ¿Es debido a qué has escuchado mucha música anglosajona?

Sí, pero las canciones en inglés también me vienen porque a veces me canso de escribir en francés, por encajar las palabras y por la musicalidad del idioma, porque el francés es bastante difícil como lengua para llevar al lenguaje musical, es más abrupto.

Me puse a escribir en inglés, por facilidad y por gusto. No me cuesta tanto escribir en inglés y por eso ya he compuesto unas cuantas en ese idioma. Me siento bien con el inglés cantándol; me propuse escribir un disco en inglés porque muchos grupos franceses y belgas intentan escribir en inglés porque es una manera de abrirse y de salir de tu país. Pero no es mi lengua materna, y no la domino tanto como el francés. En Bristol, donde pasamos cinco semanas, en ocasiones me di cuenta que mi inglés era limitado al ver que no podía llegar a la raíz del tema de una conversación. El idioma es tan sutil, es estupendo cuando manejas un idioma, cómo te diviertes jugando con las palabras…

¿Qué conexión encuentras entre tu parte visual, como ilustradora, y tu parte musical, como letrista y compositora?

Me divierte hacer una interpretación visual de las canciones. Y me permite entrar en un mundo que cuando interpreto estas canciones en directo, estoy en esas ilustraciones, y eso me lleva. Al principio, cuando compongo y empiezo a trabajar las canciones, tengo como una pequeña película que se desarrolla en mi cabeza, y son imágenes más que palabras. Porque con las palabras no sé muy bien adónde me dirijo. Pero tengo una especie de cuadro o de película, y es lo que me permite ir hasta el final de la canción.

Aunque tus canciones no estén politizadas sí que hay algo detrás que dices o insinúas. ¿Es un estado del espíritu o tu manera de ver las cosas?

Sí, totalmente. Es cierto que mis canciones no son muy politizadas. Hay una canción, Loon-plage, que es un poco más, pero no es fácil de comprenderlo y de verlo, en la que me inspiré de fotos de un artista que trabajaba sobre un lugar que iba a desaparecer: la canción habla de un espacio de dunas salvajes, con especies protegidas, fauna y flora, y el ayuntamiento ha aceptado que se instalen allí grandes cubos de metal. Era un espacio que pertenecía a la ciudad, a la gente, un lugar que pertenecía a todo el mundo, era un lugar público, la gente venía a la playa a bañarse. Han deshecho las dunas y han montado esa estructura abominable. Está en Dunkerque, en el norte de Francia, en la frontera con Bélgica.

“Podemos vivir en comunidad, en paz, mezcladas todas las culturas y religiones, no siendo totalmente utópicos pero sin necesidad de vivir en un estado de guerra”

 

Es una historia que me tocó personalmente. No es explícita porque está vista desde la mirada de un pájaro. Podría ser la historia de un ave, una gaviota que es obligada de marcharse porque las grúas llegan para destruir todo. Cuando cantaba esta canción en Bristol, me hizo pensar en todos los inmigrantes que se detenían en Calais para entrar en el Reino Unido, no muy lejos de Dunkerque, estaba la ‘jungla’ donde estaban todos los refugiados instalados (perdóname por usar ese nombre porque es abominable). Todo ese rincón súper duro. Y al mismo tiempo la canción habla de la fauna y la flora, y yo cuando cantaba esa canción pensaba en nuestra situación, en que somos europeos, que tenemos suerte y atravesamos tranquilamente el Canal en barco. Y esa pobre gente que debería ser salvada y que debería ser apoyada. Esa gente que consiguió salvarse, y salir de aquella guerra, y no son ayudados de ninguna manera. Todo eso me recordaba ese lugar de Dunkerque, cargado de toda esa energía…

No hablo de eso directamente pero intento decir con pequeños detalles que eso me toca. Y que hace falta hablar de ello. Que son injusticias.

¿Ha cambiado el ambiente en Bruselas después de los atentados de París y el atentado del aeropuerto de Bruselas?

Sí, pero barremos e intentamos olvidar. Porque fue un período duro. Después de los atentados de París durante un tiempo hubo un estado de excepción, no podíamos salir a la calle, los niños no podían ir a la escuela, había militares por todas partes, incluso ahora nos hemos acostumbrado a ver a los militares todo el rato porque están en la calle y los vemos todo el rato… Vivimos los unos con los otros, conseguimos vivir en comunidad, se cruzan tantas culturas, y funciona: hay mujeres con velo y otras que no, la gente se cruza en la calle y no se disputan entre sí. No creo que se haya transformado. Están intentando hacer el centro de Bruselas peatonal para los turistas, para que consuman, no pensando en los habitantes.

Pero aparte de eso, la ciudad es bella. Pienso que podemos vivir en comunidad, en paz, mezcladas todas las culturas y religiones, no siendo totalmente utópicos pero sin necesidad de vivir en un estado de guerra…

¿Te sientes más francesa que belga, o las dos cosas? Porque Bélgica es extraño como país, crea sentimientos encontrados.

Llevo diecisiete años viviendo allí. Me gusta mucho ese pequeño país. Me gusta sobre todo salir del centro de la ciudad, y del mundo francófono. Donde se habla flamenco. Y recorrer en bicicleta distintas zonas. Me encanta coger la bicicleta. He recorrido Bélgica y Holanda a lo largo y a lo ancho. Sin mis hijos. Me da la impresión que es enorme. Que es muy grande y que hay muchas cosas que ver.

Me hubiese gustado hacer una gira en bicicleta con lo estrictamente necesario. Es cuestión de mostrar la conciencia ecológica. Pero ya hay grupos que han hecho eso.

“No estamos obligados a tener una historia o un hilo conductor para amar la música, la aprendemos en la globalidad”

 

Mi hijo pequeño, de 14 años, detesta el idioma flamenco aunque lo ha aprendido en la escuela. Y dice que prefiere vivir en un futuro en Francia para no tener que hablar flamenco. El mayor tiene 18 y habla muy bien español, de hecho va a hacer un intercambio en Zaragoza. Uno es futbolista y otro más de básquet.

Sigo teniendo buena relación con Francia. Giro por allí a menudo, tengo mi familia allí. Y hace poco, Vincent Théval, redactor jefe de la revista Magic (antes en el programa de radio Label Pop de France Musique), me encargó una ilustración libre. Y he hecho una ilustración sobre la canción Zoo. Cuando empecé como ilustradora, hacía muchas ilustraciones de prensa para revistas femeninas. Después hice sobre todo ilustraciones para libros infantiles y juveniles.

¿Qué piensas de lo que sucede en el panorama político de Francia? Imagino que te interesa, porque es importante de cara a Europa y al curso de los acontecimientos…

Espero que los sondeos se equivoquen y no salga Le Pen. Lo deseo. Y tengo la esperanza. Porque al mismo tiempo hay muchos jóvenes que votan por ella.

Yo hago lo que puedo: participo en manifestaciones, hablo a mis hijos del capitalismo, de cómo funciona el mundo, en mi pequeño nivel. Y hace falta continuar haciéndolo, hablando a la gente, abriendo la mente. Después, tengo un padre que vota al Frente Nacional, y no estoy para nada orgullosa de ello, cada vez por más que hablo con él discutimos, porque no lo comprendo.

“Es importante conectar con nuestra parte infantil, porque eso nos tiene despiertos, somos curiosos con esa alma de niño, más que con nuestra alma adulta que es más racional”

 

Pero, ¿tus hijos han crecido con este sentido crítico y con una sensibilidad artística?

No lo sé, porque no tenemos esa impresión cuando son adolescentes porque viven con sus padres, con nosotros. Porque a veces no explican las cosas. Por ejemplo, el pequeño sé que es crítico, pero como tiene 14 aún no lo dice. El mayor ahora va a votar, de hecho va a votar por mí, porque estoy de gira por España. Pero sé que estamos en las mismas ideas. Y ellos se han desarrollado en Bruselas, porque la ciudad está tan mezclada a nivel cultural, todos somos parecidos, todos iguales, a pesar de las desigualdades sociales. Ellos comprenden todo eso a pesar de su edad, y hay que estar ahí, y ayudarse, porque la política para muchos jóvenes es ver a un hombre con traje y corbata amigo de los banqueros, ¿cómo se van a interesar por este tipo?

Yo me doy cuenta cuando ese tipo de hombres de la diplomacia o que están en la política, y que invitan a un artista, y ni siquiera escuchan a ese artista. ¿Cómo van a interesarse por la gente normal, por una ama de casa que no llega a fin de mes o por una enfermera que quiere tener un trabajo reducido para poder cuidar a su familia?

Si una persona joven se fuera a lanzar en el mundo artístico. ¿Qué le aconsejarías?

Que no hay que desesperarse porque al final encuentras a alguien. Es una historia de encuentros. Hace falta llamar a la puerta correcta. Yo no puedo decir nada porque lo que hice es dejarme llevar. Y tuve la suerte de encontrar a Dominique A: gracias a él llegué fácilmente, y no tuve que batallar para sacar un disco, las cosas se hicieron de manera sencilla. Tuve una suerte enorme. Y lo que puedo decir es que no hay que perder la esperanza. Que hay que creer en lo que haces. Y a partir del momento en que crees, de golpe alguien se interesará. Son historias de encuentros. Aunque haya una crisis de artista. Pero son todo etapas. Igual que cuando te encuentras a fans, y el público te refuerza después de un buen concierto y te dice que le transmites muchas cosas. Eso te nutre.

Françoiz Breut