9 junio, 2017. Por

F.O.M.O.

Cuando el teatro documental consigue transigir la realidad
F.O.M.O.

FOMO. Fear of missing out. Es decir, el miedo a quedarse fuera. El miedo a perderse algo. Un miedo que existe mucho más ahora, que todo el mundo sabe lo bien que te lo estás pasando de forma continua y extenuante gracias a las redes sociales. FOMO también es el nombre escogido por el Colectivo FANGO para su primera criatura, una apuesta de El umbral de primavera que ha germinado en los Laboratorios Artísticos de Creación organizados por la Red de Teatros de Lavapiés junto al CDN y estrenada dentro de SurgeMadrid: una auténtica experiencia escénica que no podíamos dejar de reseñar.

La propuesta está dirigida por Camilo Vásquez y coordinada dramatúrgicamente por Sergio Martínez Vila con base en las reflexiones aportadas por todos los miembros del colectivo (los intérpretes Fabia Castro, Rafuska Marks, Ángela Boix, Trigo Gómez y Manuel Minaya). Estructurada en cuadros independientes, y aunque irregular como se puede deducir desde su propia base, F.O.M.O. golpea al incauto espectador con algunos de los instantes más incómodos y brutales que hemos tenido la fortuna de experimentar (y es que cuesta que te impresionen a estas alturas en las que uno ha visto casi de todo sobre las tablas). La fascinación por un horror y un desequilibrio que es el de la sociedad actual, una neurosis colectiva que tiene su paradigma en la hiperconectividad consigue impactar a un espectador que se creía anestesiado.

Desde el comienzo, con esa conversación de WhatsApp en tiempo real entre los intérpretes que preside la escena mientras el público accede a la sala, hasta el orgiástico baño en avena en una piscina toy que cierra la función, el espectador transita por una serie de escenas dementes que tienen su cénit en tres de las interpretadas por unas intérpretes que lo dan todo: ese baile histérico/epiléptico de Rafuska Marks que casi duele sólo con presenciarlo, el impactante (en todos los sentidos, desde la cera hasta la sangre, pasando por sus gritos sobre los refugiados) monólogo de Ángela Boix.

Y ese casting a través de Skype que Fabia Castro realiza en el baño, que ya sólo interpretativamente hablando es absolutamente brutal, pero que transmite un concepto muy salvaje con respecto a la sociedad en que vivimos. Sin desmerecer a Trigo Gómez y Manuel Minaya, que se entregan sin medida también al proyecto. Y es que cuando la creación es colectiva, como ésta, la energía que fluye es muy particular. Sobre todo en una sala de dimensiones reducidas en la que tienes a los intérpretes sentados al lado (literalmente).

FOMO es una creación que se nota viva y que evolucionará hacia ignotas formas; es exactamente lo que se espera de un espectáculo de creación escénica contemporánea: algo que golpee, que pegue puñetazos al estómago y patadas en toda la cara (y desde una sencillez y limpieza de puesta en escena apabullante). Absorbente. Ahora mismo lo único que se le puede achacar es cierta irregularidad y dispersión temática (cuando toca el tema de los refugiados tal vez empieza a desviarse), algo que también es complicado de evitar, teniendo en cuenta su proceso creativo.

Acabamos de ver también lo nuevo de Rodrigo García y tenemos que decir que nos ha impactado bastante más esto creado por el Colectivo FANGO, sin lugar a duda. Hay que seguirles la pista para hundirse en su asfixiante y fascinador cieno todo lo que se pueda.

F.O.M.O.