4 julio, 2018. Por

Florence + The Machine

Vuelve Nuestra Señora de Todo Lo Que Es Bello e Intenso
Florence + The Machine

Confieso que, aunque tachaba los días en el calendario según se aproximaba la publicación de High As Hope, hubo un tiempo en el que yo no creí en Florence + The Machine. Fueron los años anteriores y posteriores a su Ceremonials (2011), aquel temido, precipitado, forzado e innecesario segundo disco que hacía de continuación del, cuanto menos intrigante, Lungs (2009). Mi crisis de fe tuvo una fecha de caducidad clara. Aunque yo no supe reconocerla hasta aquel mismo día: el 29 de mayo de 2015, en el que se publicó How Big, How Blue, How Beautiful (2015). Ese día, la que yo creía que era la Señora de las Intensas, se convirtió en la Señora de Todas Mis Intensidades.

Ello llevaría a pensar que estaba dispuesta a disfrutar de High As Hope incondicionalmente. Más aún a la luz de la potencia de los tres singles que lo han acompañado a modo de adelanto, Sky Full Of Song, Hunger y Big God, así como los videoclips asociados. Y ni confirmo ni desmiento que algún vecino haya golpeado la pared de mi casa tras la octava escucha consecutiva, con los inevitables berreos incluidos, de alguna de estas canciones. Pero, en honor a mi pasado escepticismo, creo que he sabido aproximarme al cuarto disco de Florence Welch sin fanatismos ni (demasiadas histerias). High As Hope no suena exactamente como esperábamos. No suena ni como su predecesor ni como los singles que lo han presentado. Y, sin embargo, probablemente es mejor álbum que si lo hubiera hecho.

“High As Hope no suena ni como su predecesor ni como los singles que lo han presentado. Y, sin embargo, probablemente es mejor álbum que si lo hubiera hecho”

Con How Big, How Blue, How Beautiful Florence + The Machine alcanzaron el reconocimiento definitivo que Ceremonials le había negado. Su primer número uno de ventas en los Estados Unidos y una gira que empezó como cabezas de cartel en Glastonbury que consagró su idilio con sectores muy específicos del público. Con Welch como nueva diva, ya casi semideidad, para los millennials que encuentran a gente como Lana del Rey o Lorde demasiado superficiales para sus intensidades postadolescentes. Habría sido muy fácil, demasiado incluso, fotocopiar aquel disco y dejar correr el engranaje del éxito con su intensísimo fandom como inagotable lubricante. Y no vamos a negar que Hunger y Big God pecan un poco de perpetuar el sonido de exitazos como Shake It Out o What Kind Of Man. Pero el resultado final es muy diferente. Y, tras es desconcierto inicial, se agradece.

Para este cuarto disco Florence Welch ha decidido colaborar con el productor Emile Hayne, responsable de algunas canciones de éxito de Lana del Rey, Dua Lipa o Bruno Mars. Frecuentemente el barroco liricismo de las letras de Welch ha sido una seña de identidad. Pero, si hacemos caso a entrevistas recientes, High As Hope avanza unos cuantos pasos en lo que a exposición de las experiencias personales se refiere. Se ha hablado mucho de que Hunger realmente versa sobre los trastornos alimenticios que la diva sufrió en su juventud, y de que el giro de la vida de Welch hacia unos hábitos más comedidos y sanos (especialmente en lo que al alcohol se refiere) empapa el tono de High As Hope.

“Habría sido muy fácil, demasiado incluso, fotocopiar aquel disco y dejar correr el engranaje del éxito con su intensísimo fandom como inagotable lubricante”

Es verdad que quien se ponga este nuevo disco esperando recibir el adictivo latigazo que le pegaba su predecesor nada más comenzar, se va a llevar un chasco. El trabajo de producción sobre la voz de Florence Welch es elaborado, pero el apartado instrumental es mucho menos efectista y más honesto que el de sus anteriores álbumes. El teclado como principal sustento para muchas canciones y unas percusiones que, disco a disco, van ganando peso (recuerdan a veces al Lungs de debut), indican que algo cambia, aunque sea tímidamente, en las composiciones de Welch. Del pop indie directo y eficaz pasamos a tímidos coqueteos con el jazz y los instrumentos de viento-madera, como ya pudimos adivinar en el tercer single, Great God. Las cuerdas clásicas casi siempre han estado ahí.

Llama la atención leer a la crítica decir que Florence + The Machine no asumen riesgos en este High As Hope cuando, aunque es verdad que no se atreven a marcar un punto de inflexión claro en su carrera, hay canciones, como Grace o Patricia armónica y rítmicamente inesperadas. Hay detalles extraídos del folk estadounidense y de la canción tradicional británica que encajan con el tempo indie que ya marcaban las canciones de Lungs. Y la voz de Welch, desnuda en no pocos momentos, como en 100 Years, The End Of Love o No Choir, es mucho más protagonista que las letras o la elaborada producción.

“High As Hope es una especie de homenaje al chorro de voz de Florence Welch. Y no está claro qué hay de malo en ello”

Al final High As Hope es una especie de homenaje al chorro de voz de Florence Welch. Y no está claro qué hay de malo en ello. Está claro que How Big, How Blue, How Beautiful marcó la cima en una etapa estilística de la artista de Londres y que ahora le tocará ir avanzando hacia otras cosas. Es una buena noticia que con su cuarto disco no se haya dormido en los laureles, con lo cómodos que debían ser. Y todo parece indicar que el sonido de Florence + The Machine avanza hacia una exposición personal y sincera, aunque ya menos exagerada, de las emociones.

Es poco probable que High As Hope se acabe recordando como uno de los mejores trabajos de su discografía o que ocupe posiciones destacadas en las listas de los mejores discos de 2018. Es más: dudo que vaya a atraer a nuevos fans con él. Pero hay mucha belleza y mucha sinceridad en la sencillez de este álbum. Y puede que, con una voz como la de Welch, no haga falta mucho más.

GIRA
12.07: Bilbao BBK Live

Florence + The Machine