28 diciembre, 2018. Por

Fito Páez

Hablamos con uno de los iconos del rock argentino antes de volver de gira a España
Fito Páez

Incluso sin algunos de los dedos de una mano, el nombre de Fito Páez es uno de los indudables iconos históricos del rock argentino. Con casi cuarenta años de trayectoria, habiendo parido algunos de los cancioneros fundamentales de la música popular de su país y tras haber pasado por diferentes etapas, el rosarino está viviendo una segunda etapa de juventud y éxito profesional.

Continuando una expansión internacionalista que lo ha llevado estos últimos meses a empacharse de giras por América Latina, recoger un Grammy, capitanear algunos de los festivales más importantes y masivos del continente e incluso aterrizar en el icónico Carnegie Hall neoyorquino con formato sinfónico; Páez regresa de gira a España tras casi diez años sin pisar los escenarios, y lo hará con una gira en la que estará única y exclusivamente acompañado de su piano.

A unas semanas de que haga el check-in en Ezeiza para aterrizar en Barajas y se dé un garbeo por Madrid (el martes 29 de enero en el Teatro Circo Price, en el marco del Inverfest), Barcelona (el jueves 31 en L’Auditori, en el marco del Guitar BCN) y Las Palmas de Gran Canaria (el sábado 9 de febrero en el Auditorio Alfredo Kraus) en la gira organizada por la promotora Charco, hemos llamado al argentino para hablar de lo que será su reencuentro con el público español, pero también para hablar de canciones, políticas y de esta nueva etapa vital y profesional en la que está enmarcado.

“Hay muchos libertadores de países que viven hablando de política en público y cuando lo sientas frente a una guitarra o un piano no saben cómo defenderse. Lo discursivo o político se termina cuando sentás a un músico popular frente al piano”

Me da la sensación de que, si bien siempre fuiste un artista muy internacional, en los últimos meses ha habido muchos hitos especialmente internacionalistas en tu carrera: acabas de recoger un nuevo Grammy Latino; actuaste con orquesta en el Carnegie Hall de Nueva York; estás empezando a integrarte como estrella en algunos festivales; y ahora regresas a España después de casi diez años. ¿Qué te está motivando a vivir esta nueva juventud expansiva?

Yo, en realidad, me estoy manejando como siempre; pero también creo que a los artistas populares que llevamos mucho tiempo en activo o que pasamos los cincuenta y pico a veces nos pasa que vivimos nuevos impulsos motivados por lo revival, que son como nuevos renaceres: un nuevo reconocimiento de “la tribu”… y, por suerte, creo que estoy pasando por ese momento.

Llevabas casi diez años sin pasar por España. ¿Por qué tanto tiempo después de que haya sido un país tan importante para ti?

Es verdad, España fue un país importantísimo para mí, en el que incluso viví durante un largo tiempo y compuse un disco con Joaquín [Sabina] y nos metimos en una gira enorme en 1997-1998 que finalmente no pudimos completar… Lo que pasó, sobre todo, es que la economía española se desplomó, y era imposible llevarnos a tocar allá con la banda, ni siquiera con el piano solo.

Supongo que los promotores tenían otras necesidades que no pasaban por escuchar a artistas latinoamericanos, o al menos de mi perfil. Yo extrañé mucho todos estos años no poder ir allí, sobre todo porque tengo gente muy querida, amo las ciudades, su comida, su cultura, sus calles, sus bares… la gente, sobre todo. Ahora, por suerte, vamos a poder recuperar nuestro idilio, e iré en formato pequeño, yo solo con el piano, a tocar en grandes lugares, teatros hermosos.

Vienes con un formato que creo que te gusta mucho, además: en los vídeos que se pueden ver tuyos tocando solo con el piano se te nota incluso más libre, conectando canciones, casi sin setlist, tocando por impulso…

Sí, totalmente: muchas veces me subo al escenario sin lista, a improvisar, y me pongo a preguntarle a la gente las canciones que quieren que toque.

“He apoyado políticas kirchneristas, pero no me convierte en militante, sino en alguien que apoya políticas de una administración determinada. Esa confusión brutal, mezcla de ignorancia y arrebato, su único cometido parece ser captar un voto o defenestrar a una figura porque tiene ciertas posiciones ante ciertos hechos contundentes de una administración político”

¿Dirías que te representa más como músico este formato?

Ni sí ni no: tengo mil formas para poder trabajar, y esta es una de ellas. En realidad, un músico debería poder trabajar con cualquier formato. Yo tengo el [formato] eléctrico, el sinfónico, el piano solo… pero, tal vez, si me das una tuba y una guitarra y una mandolina posiblemente también me las rebusque para poder hacer algo que está bueno.

Ya que vas a estar solo contra el peligro, ¿tienes planeado que haya invitados, que en cada ciudad sea especial?

No lo llamaría “peligro”, porque para mí acaba siendo muy divertido y lo paso muy bien. Nunca planeo los invitados en este tipo de conciertos. Ahora… si me cae algún/a colega allí y nos apetece hacer alguna cosa, perfecto. Pero no voy de aquí para allá con una idea de quién puede llegar a subirse conmigo al escenario ni nada de eso, prefiero que fluya y no ensayar tanto todo. Este formato pide que evitemos eso. Es una situación tan relajada y tan íntima que cualquier colega que quiera venir a cantar (a menos que sean 20 o 30) (risas) será bienvenido.

Estuve viendo tu discurso en los Grammy, y dejabas algunos recados con lectura política: hablabas de “generar belleza” y de “acompañar a los pueblos en momentos dolorosos como éste”. En los últimos años se te asoció mucho con una línea política argentina (el kirchnerismo) y se te ha preguntado mucho por ello. ¿Crees que antes no se te asociaba tanto a ningún discurso político y ahora se te ve como un paladín de una de las posturas políticas de allí?

Puede ser, pero con mucho cuidado, en realidad. Lo mío es la música, las palabras y el cine: ahí es donde me muevo, ese es mi terreno. Evidentemente, como ciudadano tengo todo el derecho a opinar si se me pregunta sobre temas no de altísima complejidad: para mí, las entretelas del poder son cuestiones casi shakesperianas, como cosas de pantanos. En cada país es diferente. El pantano de la política no lo controlo en profundidad: hay que investigar mucho para poder leer lo que uno pueda interpretar como una realidad. Pero, en esa investigación o estudio de campo que cada ciudadano de a pie puede hacer, sí que me gusta dar mi punto de vista. Y, sobre todo, me gusta opinar desde el campo que controlo, que es el de la música popular.

“Me gusta saber dónde estoy metido: que mi vanidad no le gane a mi realidad. A uno le puede ir muy bien en determinados momentos, pero eso no me coloca en un Olimpo por antonomasia: ese Olimpo se forma solo, lo forma el tiempo. Hay artistas que van a ser eternos, pero no lo decidiremos nosotros”

¿Sientes que los músicos y las figuras populares tienen que asumir cierto rol de responsabilidad civil, y opinar de cuestiones relacionadas con la política, la economía y la sociedad?

No, yo creo que los músicos tienen que estudiar música, leer mucho, estudiar literatura para poder tener el mayor dominio del lenguaje posible y una noción de la historia de la música popular para conocer cuál es la materia real en la que se están moviendo: esa es la responsabilidad real que tienen como artistas. Lo otro, pueden tenerlo o no como ciudadanos. Pero, para mí, lo importante es valorar su tarea como artistas: cómo construye una canción, un texto, una instrumentación. Lo discursivo o político se termina cuando sentás a un músico popular frente al piano (risas). Hay muchos libertadores de países que viven hablando de política en público y cuando lo sientas frente a una guitarra o un piano no saben cómo defenderse.

Hay una frase de una de tus canciones más conocidas, Al lado del camino, donde dices que no perteneces “a ningún ismo”. Sin embargo, sí que se te asocia al Kirchnerismo. ¿Te molesta?

No, no me molesta. Yo fui muy claro: yo no milito, yo soy artista; escribo libros, hago películas, compongo canciones, realizo giras, hago música de películas… Pero sí que he apoyado y puesto el cuerpo y la cara por políticas del kirchnerismo. Claramente. Me ha interesado hacerlo y veía que era el momento de hacerlo. Pero eso no me convierte en un miembro del “partido kirchnerista”. No sé por qué a veces hay gente que le cuesta tanto entender ese punto.

Está claro que he apoyado políticas suyas, pero no me convierte en militante, sino en alguien que apoya políticas de una administración determinada. Esa confusión brutal, mezcla de ignorancia y arrebato, su único cometido parece ser captar un voto o defenestrar a una figura porque tiene ciertas posiciones ante ciertos hechos contundentes de una administración político. Pero como puede pasarme al revés, y como ha pasado en España con partidos como el PSOE, que estaban ligados al progresismo político y también se vieron envueltos en casos de corrupción y chanchullos enormes.

Pero también hay que pensar que la corrupción forma parte de la condición humana, y siempre va a haber un grupo en esas administraciones que van a ser corruptos: la corrupción está dentro del corazón humano. En ese caso hay que juzgarlos, mandarlos a la justicia y nosotros hacer lo que tenemos que hacer: poner en duda todo aquello que nos molesta, sea desde el cine, la música, y desafiar.

¿Qué es lo que te está dando La ciudad liberada? Da la sensación de que hace tiempo que no sacabas un disco con el que te reencontrabas con tanto éxito y repercusión.

Es un disco muy pleno. De hecho, fue una aventura grabarlo y hacerlo: tuvo puntos de aventura épica por momentos. Por suerte, es un disco que se recibió muy bien en muchos países y me permitió solo en este 2018 el girar por toda América Latina, ganar un Grammy, tocar en el Carnegie Hall neoyorquino con orquesta sinfónica… han sido muchos reconocimientos juntos a lo largo del año, y son gracias a este álbum, que convirtió a este en un año casi consagratorio, me atrevería a decir.

Te vi en el cartel de algunos festivales de masas en Latinoamérica, como el Lollapalooza, por ejemplo; compartiendo primera línea con nombres universales de la música alternativa de masas. ¿Cómo te ves en ese ecosistema plagado de millennials?

La música es música, no hay con qué darle, y traspasa generaciones y maneras de consumir. Hay grupos como los Happy Mondays que de vez en cuando tocan también en esos contextos y parecen más jóvenes que todos los youtubers juntos, y son gente que tienen mi edad y están más vivos que nunca. Yo siento que estoy haciendo un camino con mucha pasión y que estoy preparado para pelear en cualquier cancha, incluida la de los festivales.

“Hay que desacralizar la idea de la música clásica y revalorizar la música contemporánea; y ubicar a Gustavo Cerati o Andrés Calamaro en el lugar que le corresponden, y entenderlos como algunos de los mejores artistas de las últimas décadas”

Eres una de las figuras centrales del rock argentino, junto con Charly García, Luis Alberto Spinetta y Andrés Calamaro, posiblemente. Siempre te dio un poco de respeto tener esa entidad. Sin embargo, en los últimos años hiciste conciertos especiales sobre discos como Giros o El amor después del amor. ¿Tomaste conciencia de tu obra y tu entidad estos últimos años?

Yo me siento un espectador privilegiado: he estado en las salas de ensayo de Litto [Nebbia], de Luis [Alberto Spinetta]; grabé un álbum con Luis; salí de gira con Charly [García] y vi cómo montó Clics Modernos en los Estudios Álex… y eso fue como mi “aprendizaje básico”, donde pude dar una especie de “salto musical” y comprender el armado de una de las músicas populares más modernas del mundo, como considero que lo es la argentina. Pero siempre me consideré un espectador en primera fila.

No niego que mi obra tenga un valor: lo tiene. Y el hecho de revisar los discos no tiene tanto que ver con eso, sino como las músicas de Mozart se vuelven a tocar 700 años más tarde, ¿por qué no se van a poder tocar las mías si las hice hace treinta o cuarenta? O incluso revisar las obras de [Charly] García, hecha hace algunos años más. En ese sentido, creo que hay que desacralizar la idea de la música clásica y revalorizar la música contemporánea; y ubicar a Gustavo Cerati o Andrés Calamaro en el lugar que le corresponden, y entenderlos como algunos de los mejores artistas de las últimas décadas.

Yo tengo noción de la historia, y entiendo que Mozart era Mozart y Beethoven era Beethoven, y me gusta saber dónde estoy metido: que mi vanidad no le gane a mi realidad. A uno le puede ir muy bien en determinados momentos, pero eso no me coloca en un Olimpo por antonomasia: ese Olimpo se forma solo, lo forma el tiempo. Pero sí que creo que hay artistas que van a ser eternos. Pero eso no lo decidiremos nosotros.

Fito Páez