26 julio, 2018. Por

FIB 2018 en imágenes

Te contamos con imágenes qué tal se dieron los conciertos que más gustaron a los ingleses
FIB 2018 en imágenes

Ya nadie duda que el FIB es un festival británico más, como Reading & Leeds o Latitude. Eso sí, con una enorme playa a tiro de piedra y un buen tiempo que garantiza que el recinto no se convierta en un barrizal desde la primera jornada. Un caramelito demasiado tentador para la juventud británica, a la que le basta que le programes unos pocos nombres de su gusto para que se cojan el avión y el pasaporte y se vayan a asaltar el Mercadona de Benicàssim como si de un Tesco cualquiera se tratara.

La situación puede no gustar a todo el mundo, pero lo cierto es que el FIB lleva años lleno de chavales ingleses cuya piel se enrojece más y más con el paso de cada jornada y que se comportan en el festival castellonense como si en uno de los suyos se tratara. Esto tiene inconvenientes, como la alarmante cantidad de chavales al borde del coma etílico desde las ocho de la tarde; pero también ventajas. Y es que los guiris, tanto sobre el escenario como corriendo de una carpa a otra, son especialistas en añadir un toque de color y desinhibida pasión a las audiencias que se congregan delante de las bandas.

Jueves

En la primera jornada del FIB, varios conciertos más allá de los grandes cabezas de cartel hicieron las delicias de la chavalada británica. Princess Nokia, sin ir más lejos, se dio un baño de masas con las primeras filas en los primeros compases de su recital de rap con pinceladas de provocación. Y la nueva promesa del darkwave procedente de Escocia, Pale Waves, puso la carpa FIB Club hasta los topes con su sonido energético de sabor oscurete. Aún así, quienes brillaron de manera espectacular fueron Everything Everything. Los de Manchester su pop barroco lleno de destellos de rock experimental con una potencia apabullante. La respuesta del público fue acorde y el resultado fue un concierto memorable.

Viernes

El viernes, con permiso de los cabezas de cartel, quienes incendiaron a la chavalada fueron los galeses Catfish and the Bottlemen, que se marcaron un show de puro rock indie que no tuvo ni descanso ni altibajos. Lo suyo fue un recital de carisma y precisión en un escenario principal en el que un rato antes Anna Calvi nos había dejado con ganas de escuchar su nuevo disco y de ver un concierto suyo en algún garito más pequeño y en el que no le estuviera pegando el sol de la tarde mediterránea en toda la cara. A los veteranos The Charlatans les tocó celebrar su 30 cumpleaños ante una audiencia reducida, mientras Brandon Flowers se desgañitaba en el escenario principal. Y la subversiva propuesta de hip hop punk de Sleaford Mods nos dejó a muchos boquiabiertos.

Sábado

El sábado, si bien fueron The Kooks quienes se llevaron al público más juvenil, fueron otras bandas las que firmaron los bolos más atractivos en los escenarios secundarios. El más destacable fue el de The Horrors, que confirmaron su excelso estado de forma tras la flamante publicación de V (2017) con una actuación de pura emoción y oscuridad en la que sonaron a pura delicia. A última hora los también londinenses Monarchy pusieron a un buen puñado de desertores de Pet Shop Boys a bailar como si no hubiera un mañana, mientras Belle & Sebastian armaban sus barrocas y ensoñadoras melodías ante un público algo más talludito. La sorpresa del día la dieron los neoyorkinos BODEGA, una ecléctica formación que no es ni rock ni punk ni hip hop, pero que recuerda un poco a todas esas cosas. Su virulenta actuación en la carpa fue un soplo de aire fresco.

Domingo

En la jornada de cierre (el domingo) el primer plato fuerte lo servía Madness. Hasta el escenario principal se acercaron muchos postadolescentes británicos, una no sabe si por veneración a la veterana formación de ska londinense por excelencia; o si para mandarles vídeos del concierto a sus padres. Galones, oficio y clásicos en un concierto sin sorpresas, pero la mar de entretenido. Algo más tarde, la joven sueca Anna Of The North puso a unos cuantos a bailar con su electropop íntimo y brillante. Su show fue divertido y fácil de consumir para quien quisiera bailar sin complicaciones. En algunos detalles recordaba a los shows que ofrecieron Chloe Howl o en el mismo escenario en ediciones pasadas, aunque le faltó algo de la pegada de aquéllas.

Pero dos fueron formaciones muy distintas fueron que se llevaron a la chavalada indie esa noche. La primera, Wolf Alice, que volvió a Benicàssim tras su estreno en el festival castellonense allá por 2014, cuando todavía no tenían su primer LP en el mercado pero, a pesar de su silenciosa timidez, ya consiguieron llevarse a un buen puñado de nuevos fans en el bolsillo. Los de Londres entraron en una comunión perfecta con su audiencia, ofreciendo un show arrollador, ruidoso y divertido. La segunda fueron Shame, relegados a la ultimísima hora del último día, y condenados a actuar ante un pequeño puñado de irreductibles. Pero ello no les arrugó: lo suyo fue un despliegue de post-punk agresivo y provocador que puso a los presentes del revés.

FIB 2018 en imágenes