23 febrero, 2017. Por

Festivales vs. Salas (Parte II)

Una historia de amor y odio: la convivencia entre salas y festivales. Parte 2
Festivales vs. Salas (Parte II)

En la primera parte de este reportaje, La época dorada de los festivales, ya explicamos que el indie es el estilo más numeroso por goleada en los festivales actuales. Pero como en la historia del huevo y la gallina, nunca se sabrá –a no ser que alguien nos ilumine- si es así porque es lo que demanda el público o es así porque el público consume lo que se le ofrece.

Segunda parte: El reinado del indie

“Yo creo que hay diversidad de estilos musicales, pero sí que ha tenido un poco más de notoriedad lo indie a causa del estilo de vida que actualmente lleva la sociedad. Hay mucha música indie pero también hay mucha música festiva. El resumen podría ser el siguiente: las fiestas mayores están llenas de música festiva; los festivales están llenos de música indie. Aunque también es verdad que el indie le ha hecho mucha sombra al rock, al hip-hop y a otros estilos de música que antes eran mayoritarios a nivel estatal y que ahora no lo son tanto, decía Adrià Salas, el cantante de La Pegatina, un grupo de rumba urbana, cuando los entrevisté. Los festivales cada vez son más eclécticos. Ya era hora. Ahora se abren más que antes. Tú puedes ir a un festival a ver los cuatro grupos que te gustan pero de golpe descubres un grupo nuevo que nunca habías escuchado y que te atrae. Hasta hace poco esto no pasaba”, añadía.

“La música que suena en los festivales es siempre la misma y está muy poco involucrada con el momento actual”, dice Delafé

No opinaba lo mismo Oscar D’Aniello de Delafé en esta entrevista: “en los festivales no se juntan diferentes universos. No está Kase.O, Pablo Alborán y Dorian. No. O es todo hip-hop o es todo indie-rock o es todo M-Clan, Leiva y grupos así. En Inglaterra, por ejemplo, los festivales son mucho más eclécticos. Allí quien escucha indie también escucha hip-hop. Aquí parece que seamos militantes de un sonido concreto. Y también señalaba otro presunto problema que aún no se ha comentado durante este reportaje: que los artistas creen su música pensando en los festivales. “No tendríamos que hacer solo canciones de festival. Me parece que la música que suena en los festivales es siempre la misma y está muy poco involucrada con el momento actual. En los setenta había mucho más movimiento cultural que avanzaba de la mano con la música. Ahora es todo mucho más ocioso”. Después de decir esto, admite que es consciente de que muchos le tacharán de nostálgico o de poco moderno, pero es que ya roza los cuarenta años.

También Jordi Bianciotto preguntó por este tema a los Izal en una entrevista. Jamás pienso en el escenario cuando compongo. Es algo muy íntimo. A veces salen ritmos bailables y a veces nada de eso, e igualmente el público lo canta y lo baila todo. Nuestro público lo hace todo muy grande. Son ellos. Y ahí da igual el tempo, la estructura… ‘Pequeña gran revolución’ no la baila nadie, pero la cantan de tal forma que da igual. Están bailando con el corazón”, respondió Mikel Izal, vocalista del grupo.

“Jamás pienso en el escenario cuando compongo. Es algo muy íntimo. Nuestro público lo hace todo muy grande. Son ellos”, dice Mikel Izal

El director del Mad Cool, Javier Arnaiz,  explica que trabajan en la idea de un modelo de festival “donde encajen prácticamente todas las tendencias musicales, que sea muy ecléctico”. Por otra parte, el programador del FIB de Benicássim, Joan Vich Montaner, le contó a Nando Cruz en este reportaje que grupos que puedan ser cabeza de cartel de un festival para cuarenta mil personas hay veinte o treinta y cada año doce o quince no giran. Por lo tanto, quedan quince por los que todos los festivales nos pelearemos. En el mismo reportaje, Miguel Martínez, agente de contratación de la promotora catalana Houston Party, explicaba que “todos los festivales son iguales porque el agente le dice al grupo que tocará por Europa del 10 de julio al 10 de agosto y en esa franja buscará todos los festivales donde tocar. Y ese agente, que lleva seis grupos más, los colocará en los mismos festivales tras recomendar a sus mánagers que vengan a Europa en la misma época”. También aparecían declaraciones de Jordi Herreruela, director del Cruïlla. Que el 80% de los festivales en España sean de estilo indie no es culpa de las agencias. La mayoría de festivales luchan por ese mismo público porque es el más fiel y voraz como consumidor. Está demostrado que es más fácil hacer funcionar este tipo de festivales. Pero probablemente ese público está llegando ya al límite de cantidad de música que puede consumir”.

La alarmante situación de la música en vivo

¿Y qué pasa con las salas ante el boom de festivales? Lo que puede parecer en un primer momento, que cada vez el público acude más a los festivales y menos a las salas, los datos no lo acaban de reflejar. De hecho, el panorama aún es peor: pierden espectadores los dos. En Catalunya, por ejemplo, según la Encuesta de Consumo Cultural de la Generalitat que recoge el Anuario de la Música 2016, el 47,8% de los habitantes presenció algún concierto en 2015, por el 33,8% que lo presenció en 2014. En cambio, la asistencia a festivales se redujo del 16,7% al 12,8%. El presidente del Grupo Enderrock, Lluís Gendrau, consideró que estos datos reflejaban “una saturación de un modelo que ha tocado techo. En el sector de la música en vivo –aquí se incluyen salas, festivales y todo tipo de conciertos-, la facturación aumentó un 10%, los conciertos un 8,2%, los espectadores un 7% y los empleados fijos un 10,7%, después de una bajada sostenida de facturación desde 2011 a 2014. Y en el total de España, según el VII Anuario de la Música en Vivo, la facturación subió un 9,7% en 2014 y un 12,1% en 2015, situándose en los 194,6 millones de euros, a pesar de que el número de espectadores y conciertos se redujo. Y eso que con la crisis del CD los agoreros anunciaron que el futuro estaba en la música en vivo.

“El 80% de los festivales en España son de estilo indie porque es el público más fiel y voraz como consumidor”, dicen desde el Cruïlla

Por eso las salas de conciertos siguen teniendo motivos para quejarse, más allá de los evidentes como la subida del IVA al 21%. “Los festivales nos han hecho perder capacidad para programar artistas de gran convocatoria a causa de que sus cachés han subido mucho. Pero lo que nos ha hecho perder más público es el carácter de gratuidad de ofertas subvencionadas por administraciones locales o ayuntamientos. El populismo de hace veinte años vuelve a asomar, ofreciendo conciertos gratuitos, y cuando se ofrece algo gratuito, a medio plazo va perdiendo valor para el público, el cual difícilmente estará dispuesto a pagar por artistas que a veces los puede ver de forma gratuita. Cabe aplicar gran responsabilidad en el sector y ser conscientes de los efectos negativos de los conciertos populares con artistas que deberían ser de pago”, explica Xavi Fortuny, gerente de la sala La Mirona. ¿Aunque han tomado alguna medida específica para contrarrestar esta situación y la del boom de los festivales?

“Nosotros seguimos trabajando para poder ofrecer el máximo de calidad posible en las salas, invirtiendo en renovación de equipos de sonido y luces e intentando ofrecer más comodidad para que el público pueda disfrutar en las mejores condiciones del trabajo de los artistas, e invirtiendo también en poder tener la mejor programación posible durante todo el año”, responde Lluís Torrents, el gerente de la sala Razzmatazz, que sigue con su argumentación para explicar por qué las salas son tan importantes para el tejido musical y por qué deben perdurar sanas: “son espacios de cultura de proximidad que ofrecen una oferta musical en las mejores condiciones técnicas y acústicas para que el público pueda disfrutar de la música tal y como el artista la ha concebido. No hay otras distracciones ni atracciones ni puestos de comida ni otras actuaciones de otros artistas simultáneas de manera que el artista y su música son el principal protagonista”.

Puede parecer que cada el público asiste más a festivales que a salas, pero el panorama es peor: pierden espectadores los dos

El Loco Club, a través de Lorenzo Melero, su gerente, también defiende los mismos valores: “todos los grupos reciben el mismo trato y el mismo cuidado en la sonorización. Sabes que no corres el riesgo de que tu grupo favorito sea relegado a un escenario pequeño a las cuatro de la tarde, que el sonido de un concierto se mezcle con el de otro programado a la misma hora en un escenario cercano y que puedes disfrutar del concierto en primera fila sin sensación de agobio. Además, no hay que olvidar que es muy importante el apoyo a las bandas locales emergentes. Sin las salas no tendrían donde tocar y no habría cantera.

Por eso los grupos son los primeros que defienden las salas. Todos ellos dieron allí sus primeros conciertos. Sidonie, por ejemplo, tiene una relación especial con la emblemática sala Sidecar de la Plaça Reial de Barcelona. Las salas nunca morirán. Ver una banda en un bar es algo incomparable. Es como cuando apareció el cine y dijeron que se había acabado el teatro, o cuando salió la televisión y dijeron que se había acabado el cine. Siempre habrá alguien en un bar tocando para cuarenta, cincuenta o trescientas personas”, consideraba Marc Ros, su cantante, cuando los entrevisté. Pero no todo lo que ofrecen las salas es positivo: las salas comerciales también han de sobrevivir y han entrado en una dinámica de saqueo al espectador con precios abusivos de copas y un trato al público que dificulta que establezca vínculos emocionales con el local si en cuanto acaba el concierto le echan porque hay que vaciar la sala y volver a abrirla para la siguiente actividad. Con el tiempo, las salas se han convertido en espacios restrictivos y funcionariales”, remarca Nando Cruz.

“Los conciertos gratuitos de ayuntamientos nos ha hecho perder público. El populismo de antes vuelve a asomar”, dicen desde La Mirona

¿Hay demasiados festivales?

En el mundo de los festivales no son raras las cancelaciones inexplicables, los cambios de última hora y mucha desinformación de cara al público. En los últimos años han desaparecido festivales como el Monegros Desert Festival, el Motorsound, el ElectroBeach o el Sferic Festival. Por otra parte, el Marenostrum se canceló un día antes de su inauguración porque la Generalitat Valenciana le retiró la licencia. También sucedió algo parecido con el festival Territorios en Andalucía y el Arenal Sound pendió de un hilo el año pasado también a causa de problemas legales durante la semana anterior a su celebración. Por este motivo muchos pueden pensar que actualmente hay demasiados festivales en la geografía española porque no hay tanto público dispuesto a acudir a ellos –en los últimos años también han tenido que cerrar decenas de salas, como la Rockstar Live de Barakaldo o la Mephisto de Barcelona, y las inspecciones y las sanciones municipales continúan siendo constantes, escenario que en otros lugares como Londres ha tenido como consecuencia que cerraran el 60% de las salas del centro de la ciudad-. Hasta alguna vez se ha comparado la burbuja de festivales con la burbuja inmobiliaria. Y las burbujas siempre acaban estallando.

“Han habido festivales que, a pesar de que tenían cabezas de cartel potentes, han tenido que ser suspendidos pocos días antes porque no se habían vendido las suficientes entradas como para que fuesen rentables. No pueden haber tantos festivales”, decían los Delafé. Lo que sorprende es que algunos festivales están de acuerdo con esta postura. “Sí, hay muchísimos festivales y la pena es que muchos repiten el mismo cartel y es un círculo vicioso donde siempre tocan las mismas bandas”, dicen desde el Vida Festival a través de su portavoz Eneida Fever. Hay demasiados eventos que se ‘denominan’ festivales. Creemos que deberíamos hacer una evaluación sincera para tratar, entre todos, de definir qué es un festival. Porque estamos comenzando a llamar festivales a las fiestas de los pueblos de toda la geografía española. Y esto no es bueno para el sector. Nos puede pasar factura”, apunta el director del Mad Cool, Javier Arnaiz.

“Hay demasiados eventos que se ‘denominan’ festivales”, dicen desde el Vida Festival

También Nando Cruz se expresa en el mismo sentido: “hay demasiados festivales que programan el mismo tipo de música e incluso a los mismos artistas. Hay una saturación de festivales de corte indie. Sin embargo, hay muchos otros géneros sin apenas presencia en la agenda festivalera y miles y miles de artistas que nunca han actuado en España”, puntualiza. Discrepa con ello José Manuel Piñero, el director del Low Festival: “cada vez hay más festivales consolidados, y eso significa que hay demanda. Además, estamos observando cómo se consolidan propuestas de festivales diferentes y muy interesantes, como Fuzzville!!!, cuyo público es diferente al de los de verano”, explica. “El concepto de festival, en definitiva, se está expandiendo y eso hace que aparezcan más propuestas bajo esa etiqueta. Pero esto es bueno: genera escena y genera cultura del directo”, añade.

El indie, el cual tuvo otra época de esplendor sin tantos festivales durante los años 90 después de la eclosión de Los Planetas, la creación de sellos independientes y del FIB, actualmente hasta suena de forma asidua en radios comerciales como Los40 y Vetusta Morla acaba de firmar un contrato con Sony para producir su próximo disco. Quizá por eso Abraham Boba, el líder de León Benavente, uno de los grupos que más han revolucionado el sonido de esta escena en los últimos años, y teclista de la banda de Nacho Vegas, opina que la etiqueta ‘indie’ ya no tiene mucho sentido. “De hecho, considero que cuando surgió esta etiqueta tampoco se refería directamente a algo independiente. Más bien se refería a una escena alternativa respecto a lo otro que existía: el mainstream. Éramos grupos intentando emular a los grupos que nos gustaban, en su mayoría anglosajones. De ahí surgió todo eso. Veinte años después yo creo que ya no tiene absolutamente nada que ver con esa situación a nivel de público, de medios y de profesionalización. Creo que la barrera entre indie y mainstream está diluyéndose y ojalá se diluya totalmente como sucede en otros países. Para seguir profundizando sobre el asunto es interesante ver el reportaje audiovisual El indie ha muerto de Teresa Camino, colgado en Youtube, y del que os hablamos hace unos días.

“La barrera entre indie y mainstream está diluyéndose y ojalá se diluya totalmente como sucede en otros países”, dice Abraham Boba

Esta no es una historia de buenos y malos. Esta es una historia de personas, grupos, público, empresas e instituciones que buscan su hueco y su aportación en un mundo, el musical, que actualmente da para lo que da por mucho que se esté forzando su elasticidad por encima de sus posibilidades.

Festivales vs. Salas (Parte II)