10 abril, 2018. Por

Félix

El detective improvisado de un thriller tragicómico
Félix

Movistar ha decidido convertirse en el émulo local de HBO, FX, AMC o Netflix. Es un proyecto ambicioso, y aunque en principio parecería imposible, vistos antecedentes de las últimas décadas, los resultados están siendo muy prometedores:  series tan distintas entre sí como La Zona, Conquistadores Adventum, Vergüenza, Mira lo que has hecho o La Peste se alejan de los modelos habituales de la ficción televisiva española y, desde luego, están muy por encima de la media.

Una de las claves de este éxito incipiente está en probar con géneros consolidados a nivel internacional, pero poco hollados en la producción española. Félix es un thriller tragicómico basado en una idea que no por muy utilizada –desde El  hombre que sabía demasiado y Con la muerte en los talones de Hitchcock hasta El gran Lebowski de los hermanos Coen y Puro Vicio de Paul Thomas Anderson– resulta menos eficaz: la del detective improvisado –y tal vez, incluso disparatado- que se ve envuelto contra su voluntad en una trama criminal más o menos delirante.

Félix es un thriller tragicómico basado en una idea que no por muy utilizada resulta menos eficaz: la del detective improvisado –y tal vez, incluso disparatado- que se ve envuelto contra su voluntad en una trama criminal más o menos delirante”

Un gran escritor argentino, el recientemente fallecido Ricardo Piglia, escribió una vez que uno de los argumentos más clásicos de la novela negra era del de un hombre que pierde a  una mujer e inventa, tal vez para justificarlo, una conspiración. Este es el caso de nuestro protagonista, Félix (Leonardo Sbaraglia, en la mejor interpretación de su carrera), un profesor de instituto y novelista sin éxito, asentado en Andorra, un cuarentón bonachón, sentimental y soñador. Su camino se ha cruzado con una enigmática y atractiva mujer china cubierta de tatuajes, Julia (Mihoa Lee), con la que ha pasado tres días de éxtasis. Luego, ella ha desaparecido. Félix quiere buscarla; más aún, está convencido de que si se ha esfumado no es porque ella ha decidido olvidarse de él o cambiar de vida: tiene que existir una razón oculta, mucho más grave.

Por supuesto, de primeras, nadie le hace el más mínimo caso. Ni sus amigos, ni la madre de su hijo, ni la policía. Sólo contará con la ayuda de su vecino, Óscar (Pere Arquillué), un personaje de lo más peculiar e incorrecto. Junto al melancólico –y muy tenaz- Félix, forman una pareja de investigadores de lo más excéntrica. No tardarán en descubrir que la devastadora Julia estaba involucrada con ciertos elementos criminales, y que hacer demasiadas preguntas al respecto puede ser muy peligroso…

“Con unos capítulos algo más breves e intensos, Félix sería una serie a la que sería mucho más fácil engancharse. Y es una lástima que no sea así, porque a pesar de sus imperfecciones, tiene oro en su interior”

El creador de Félix es Cesc Gay, uno de los directores más interesantes de lo que llevamos de siglo, gracias a películas como En la ciudad, V.O.S., Ficción, Una pistola en cada mano o Truman, casi todas igualmente de un género híbrido, en las que era capaz de combinar drama, costumbrismo y un humor a veces amable, a veces terriblemente caustico. Si en sus películas lo más interesante había sido su descripción de individuos complejos, tridimensionales y atribulados, en un momento de crisis, esto mismo vuelve a ocurrir en su primera incursión en el thriller. Tanto Óscar como Félix y la presente-ausente Julia son tres personajes estupendos, creíbles e interesantes.  Sus rarezas y flaquezas están descritas con exactitud, ironía y, a menudo, de forma conmovedora.

Sin embargo, a pesar de esas virtudes innegables, Félix no termina de funcionar del todo. Por el lado negativo, los puntos flacos de la serie se refieren a la parte estrictamente de thriller, al misterio, que se desarrolla de un modo en exceso parsimonioso, arrítmico y, en ocasiones, demasiado forzado. La duración de los episodios también se revela como excesiva para su contenido. Probablemente, con unos capítulos algo más breves e intensos, Félix sería una serie a la que sería mucho más fácil engancharse. Y es una lástima que no sea así, porque a pesar de sus imperfecciones, tiene oro en su interior.

Félix