21 febrero, 2017. Por

Exquirla

¿Más cerca de ‘Omega’, de Medina Azahara, de Extrechinato y tú o de ellos mismos?
Exquirla

¿Hasta qué punto estamos hablando en Para quienes aún viven (Superball, 2017), el debut de Exquirla, de una unión singular, que está dando a luz una nueva especie de sonido, una colisión realmente virgen, un nuevo organismo sonoro que está abriendo un melón que nadie había probado antes?

Hemos escuchado el debut del supergrupo formado por el Niño de Elche y Toundra, y nos hemos preguntado hasta qué punto este cancionero supone el primer día del resto de la vida de un sonido realmente desconocido o si se trata más bien de un álbum que consigue reciclar tics que nos recuerdan a otros proyectos anteriores.

¿MÁS CERCA DEL OMEGA?

La pirotecnia poética que comunican los textos de La marcha de los 150.000.000 de Enrique Falcón; el sonido torrencial de un tribalismo post-rockero que descarga y sangra; los espacios gravitantes que huelen a azufre; y el inevitable ensamblaje de una voz flamenca con ánimo de romper cánones y un combo de rock intenso y denso con ganas de quebrantar los límites de lo ordinario.

Ahí es donde el debut de Exquirla estira la mano y roza el hombro del icónico álbum de Enrique Morente y Lagartija Nick que aún sigue insinuándose, a más de veinte años de su sonada publicación, en los proyectos contemporáneos con mayor ánimo de experimento y movimiento. El quejío deforme del Niño de Elche se posa sobre esa nube negra amoratada a guitarrazos del combo de rock instrumental más importante de nuestro país.

El resultado es más rockero que flamenco: las cadencias flamencas apenas sobreviven en algunos gestos y tics que Francisco Contreras consigue mantener, sobre todo en canciones como Hijos de la rabia, El grito del padre o Contigo, los momentos más Omega friendly del redondo.

¿MÁS CERCA DE MEDINA AZAHARA?

A pesar de lo deslegitimado que está el legado de bandas como Medina Azahara en comparación al de otros experimentos de rock sinfónico andaluz como Alameda, Triana o incluso elbicho; hay algo en Exquirla que nos lleva en un constante ida y vuelta a una suerte de mezquita de armazón distópico, algo que la banda cordobesa liderada por Manuel Martínez (“los Twisted Sister españoles”) lleva imponiendo en el territorio más progresivo del rock y el metal patrio.

Y es que esos salmos al viento que el Niño de Elche dispara en canciones como El grito del padre, Un hombre o Destruidnos Juntos suena a esa colisión entre sinfonía rockera, misa de doce y predicación andalusí.

Bien podríamos estar hablando de un nuevo experimento del circuito metalero que tan al margen permanece de los circuitos alternativos: esos aires épicos, esa extrema solemnidad, ese culto y esa pleitesía a los textos de la conciencia que bandas como Avalanch, WarCry, Tierra Santa o Ankhara heredaron de Medina Azahara, encuentra en Exquirla un vehículo para que el territorio indie y el del post-rock se den la mano con el del metal sinfónico, el flamenco y el de los recitales poéticos.

¿MÁS CERCA DE EXTRECHINATO Y TÚ?

La poesía de la conciencia de Enrique Falcón esté quizá más cerca del aforismo proverbial o de la reflexión filosófica que del canto callejero y los guiños a los Lorca y Hernández con mayor olor a tierra mojada que impone Manolillo Chinato en sus textos, pero hay algo de comunión entre este experimento post-poético de Exquirla y el que años atrás imprimieron Extremoduro, Platero y Tú y el poeta manchego de sentimiento extremeño.

Y si bien quizá la facción más spoken word del disco no corra a cargo del Niño de Elche, sino del propio Falcón en la Canción de E que abre el disco, hay guiños a ese sonido de poesía rockera de Extrechinato y Tú (o de Mar Otra Vez, Demonios tus ojos, 713avo Amor o Mil dolores pequeños: artillería poética desde el rock experimental más marginal) en decires cantados como el de la torrencial Destruidnos Juntos o la tenue Interrogatorio, una canción bisagra para comunicar el quejío, la virulencia rockera y la praxis poética.

¿MÁS CERCA DE LA SUMA?

Quizá el mayor pecado de Exquirla sea que, aunque perfectamente ensamblados, cada uno aprovecha las ocho canciones de Para quienes aún viven para exhibir su librillo de estilo. Quizá, en un ánimo por ver quién la tiene más grande (la influencia), el empate y el resultado en tablas consiga quórum pero no consiga darnos una experiencia radicalmente diferente a la que conocíamos en sus expresiones por separado.

Por un lado, unos Toundra en su papel habitual: canciones largas que bien podrían estar partidas en varios movimientos sinfónicos, que van desde la templanza tensa a la virulencia para acabar siempre en una calma que remite a paz y conciencia, pero que sigue recurriendo a los recursos de la épica de Sigur Ros, The Album Leaf o Explosions in the Sky pero con la negritud virulenta del rock moderno de MONO, con sus riffs ornamentales y sus espacios incidentales.

Por otro lado, el de un Niño de Elche en su papel de predicador post-flamenco, enseñando un quejío en trance constante, situándose más cerca de la performance ritual que del concierto flamenco (algo que, por otro lado, le flipa): el carácter expresivo de cada uno de sus movimientos vocales trascienden la del cantaor y entran a formar parte otros factores, casi de análisis biológico.

Apenas en canciones como Contigo o Interrogatorio es donde Exquirla encuentra personalidad, y no la exposición de una manera de hacer las cosas, pero con un invitado especial tanto de un lado como de otro para articular un mensaje conocido y ya celebrado.

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