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En estos tiempos de crisis no son sólo las tiendas o los bancos los que deben echarle fantasía y buena voluntad a su negocio para poder seguir adelante. A alguien le parecerá una barbaridad, pero también a los museos y a los centros de arte les toca hacer un pequeño esfuerzo de imaginación, porque incluso las obras maestras pueden perder su atractivo y llenarse de polvo. En estos casos (y no son pocos), lo único que hay que hacer es sacar estas obras de arte a la luz y volverlas a mirar desde una perspectiva totalmente nueva. Centrarse quizás en un detalle que siempre estuvo allí y en el que, por algún motivo, no nos habíamos fijado antes. Los proyectos expositivos que comparten el Museo Thyssen-Bornemisza y la Fundación Caja Madrid suelen ser de los más interesantes e innovadores en Madrid, pero eso de dedicarle una exposición entera a la representación de la sombra en el arte occidental es mucho más que respetar una buena costumbre. Es nuevo, cautivador y capaz de devolverles un brillo inesperado a todas estas preciosas obras – 144, para ser exactos – que ofrecen un recorrido alternativo de los últimos siete siglos de historia del arte.
La historia de la sombra en el arte occidental es la historia de una progresiva y constante emancipación. Cuenta Plinio el Viejo que un día una joven enamorada trazó el contorno de la sombra de su amante sobre una pared y que fue así como los hombres descubrieron la pintura. No está mal para un elemento que por mucho tiempo no tuvo ninguna otra función y ningún otro mérito que el de reforzar el naturalismo y el realismo de la obra y que sólo con el Romanticismo empezó a cargarse de cualidades narrativas, como parecen testimoniar las obras expuestas de Goya, Heinrich Wilhelm Tischbein, Joseph Wright of Derby, Jean-François Millet, William Holman Hunt, Jean- Paul Laurens y Gioacchino Toma. A finales del siglo XIX, la sombra se convierte en el eje de la representación plástica, está presente en el cuadro en la misma medida que los sujetos “físicos” y en algunos casos llena el espacio entero, como la Mujer sentada en una habitación sombría, de Édouard Vuillard, obra en la que casi no se distingue lo que proyecta la sombra de la sombra misma. La sombra crece y se transforma. Deja de ser gris o negra y se viste de todos los colores que Monet o Pissarro supieron ver en la naturaleza aunque no existieran, y deja también de ser el elemento pictórico por excelencia que dota de profundidad a las personas y a las cosas, convirtiéndose más bien en un elemento aplastante, visual y emotivamente (como en el caso de La mañana angustiosa, de Giorgio De Chirico). Pero también la sombra “emigra” de la pintura y busca su lugar en el cine. En la última sala de la exposición se proyectan fragmentos de películas de Fritz Lang, Sergei Eisenstein, Alfred Hitchcock, Woody Allen, Peter Greenaway, Quentin Tarantino y, obviamente, Murnau, presente con la célebre secuencia de Nosferatu en la que el vampiro se deja anunciar por su espantosa sombra en la pared. Como cada historia de emancipación que se respete, también la de la sombra acaba en un triunfo. En la fotografía (no por nada definida como el arte de la luz y de la sombra), la sombra vuelve a ser un elemento que expresa la profundidad, pero no renuncia a contar algo más, a decorar, a embellecer –como en los preciosos disparos de Brancusi, Man Ray, André Kertész– y, sobre todo, no renuncia a ser la protagonista absoluta de la obra de arte, incluso cuando no está. En este sentido, la Silla de Bram Stocker, el genial tríptico de la artista británica Sam Taylor-Wood, en el que la silla del título, como el mítico personaje de Stocker, no proyecta ninguna sombra, podría ser el punto ideal en el que termina esta interesantísima exposición... y esa historia que empezó hace siglos con una joven enamorada que traza el contorno de la sombra de su amante en una pared. Un final feliz. O una paradoja, quién sabe. Pero a veces es con esta indecisión que acaban las historias, sobre todo las más especiales.

Nombre exposición: La sombra
Autor: Varios artistas
Disciplina: Pintura, fotografía, cine
Museo Thyssen-Bornemisza. Paseo del Prado, 8. De martes a domingo de 10 a 19h. Entrada: 5 €
Fundación Caja Madrid. Plaza de San Martín, 1. De martes a domingo de 10 a 20h. Entrada libre.
Hasta: 17.05
Venta de entradas: www.entradas.com


