Atlas

MNCARS. Madrid

En 1914, el historiador del arte alemán Aby Warburg empieza a trabajar en la que se convertirá en su obra maestra: un bilderatlas (un atlas de imágenes) en el que, durante 15 años, recoge, recopila, ordena e interpreta centenares y centenares de imágenes a través de las cuales rediseña y reestructura la historia y la memoria del arte. A este atlas que el mismo Warburg quiso bautizar como Mnemosyne, un homenaje a la diosa de la memoria y una alusión al concepto de historia = memoria, está inspirada la exposición Atlas. ¿Cómo llevar el mundo a cuestas?, que se podrá visitar el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofia hasta el 28 de marzo.

Cuatroscientas obras de artistas como Goya, Man Ray, Kasimir Malévitch, László Moholy-Nagy, Max Ernst, Bertolt Brecht, Antoni Tàpies, Joseph Beuys, Francesc Abad, Zoe Leonard y Sol Lewitt, sólo por citar algunos, que recorren la historia de las imágenes desde el 1914 hasta hoy, pero no a través de las obras de cada uno de estos artistas sino más bien a través del trabajo de “acumulación iconográfica” que precedió e inspiró estas obras y, en algunos casos, se identificó con ellas. El esfuerzo de esta muestra, compleja y ambiciosa, es de recolectar y juntar en un único sitio los Tumblr -es decir, todos esos sitios web donde la gente se dedica a acumular e indexar imágenes de aquello que creen afín a su propia historia– de protagonistas de la historia del arte y de la cultura del siglo XX y XXI.

Lo primero que llama la atención en este muestra son las fotografías de los paneles utilizados por Aby Warburg. A primera vista incomprensibles, sólo se trata de una acumulación de imágenes afines agrupadas bajo un criterio desconocido para el espectador. El sentido de la historia es fuerte y también el de la memoria. La mayoría son imágenes antiguas que dan una noción de historia. Las fotos de los obreros de August Sanders, llevando carbón y ladrillos a cuestas, ejemplifican a la perfección la tarea titánica de “cargar” a hombros la historia de su tiempo. Mientras John Baldessari intenta enseñar el alfabeto a una planta, Susan Hiller acumula y organiza series de postales que muestran olas del mar, Brassaï fotografía las “esculturas involuntarias”, Jan Painlevé se concentra sobre la mímesis de crustáceos en el agua o Karl Blossfeldt ordena todo tipo de tallos, ramas y texturas naturales. Es evidente cómo el experimento de Warburg ha influenciado en el trabajo de estos artistas, cómo una imagen es a la vez historia y memoria de otras imágenes. El texto, la imagen, la obra de arte –que se trate de literatura, escultura, pintura, poesía o teatro– no es un organismo aislado y unidimensional: es un organismo viviente que se relaciona con el mundo exterior, con el pasado como memoria, con el presente y con el futuro acogiendo en su interior una infinidad de capas-imágenes que los convierten en un objeto con tantas dimensiones como imágenes hay. Es decir, infinitas.

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