A mediados del siglo pasado el arte y la concepción del mundo en sí mismo comenzaban a cambiar. Gradualmente surgían nuevos grupúsculos, tendencias y, sobre todo, se soñaba con la utopía de un mundo diferente. El hippismo daría rosas, flores y ácido diez años después de que el letrismo y el situacionismo pusieran en tela de juicio la normalidad de un fondo homogéneo. Transgredir las formas pisoteando la norma. Una suerte de anarquía punky hecha por intelectuales que permanecieron en la franja del nuevo realismo y el futuro constante. Antes de la politización antisistema del situacionismo, el rollito avant garde y las ganas de que el arte contemporáneo se aprecie desde nuevas perspectivas corría por parte de un nuevo movimiento, el letrismo, en el que militaban tanto personalidades más cercanas a la literatura (Ismaël Aït Djafer o Michèle Bernstein), como intelectuales puros y duros (Guy Debord, quien encabezaría años después el movimiento situacionista ya sin Wolman -vaya uno a saber por qué-) o experimentadores del arte desde una perspectiva pictórica. Ahí es donde dos figuras capitales destacaban: los franceses François Dufrêne y Gil J Wolman. En esta ocasión, el MACBA hace sitio a Wolman y nos presenta una perspectiva de su obra que van desde sus collages, pequeñas incursiones en el videoarte, los convulsos inicios del letrismo y la constante investigación y experimentación en forma de collages que saben a podrido, se acercan a la necrosis múltiple y gangrenan una forma de arte que sólo el fallecido artista parisino supo concebir.
Soy inmortal y estoy vivo llega quince años después de la muerte de Gil J Wolman y se convierte en un museo capital del movimiento letrista, allá por la década de los ’50. Inconformistas por convicción (seguros de que las cimas artísticas, ya antes de mitad del siglo XX, se habían alcanzado), cansados de la resaca del surrealismo, el futurismo y el dadaísmo y apolíticos de fuertes convicciones políticas (las vueltas de la vida y las contradicciones de los intelectuales, ya sabéis) los letristas apostaron por la investigación de nuevas formas con el fin de descubrir nuevos fondos, provocando fisura y ardor en la mayor medida de lo posible. En esta retrospectiva que acoge el MACBA se pueden apreciar más de 250 obras que repasan toda la vida del artista francés. Sin duda la parte más interesante es aquella que se instala en los comienzos del letrismo, donde optaban por la mutilación de las obras, acercándose a la violencia sui generis y revolucionando el concepto de cuadro, a medio camino entre collage y vómito hiperexpresivo. Obras cargadas de libertad, cercando por medio el plagio y desviando (lieralmente, ya que détournement era la técnica primigenia del letrismo) el arte hacia nuevos caminos. Encabeza y precede a aquel desvío una película, L’Anticoncept, censurada en 1951 y que consiste, básicamente, en breves reflexiones, poesías, textos sin demasiado sentido, variando el ritmo y reproduciéndose en ámbitos totalmente diferentes al de una pantalla de cine. También hay sitio para la que, seguramente, sea la técnica por antonomasia de Wolman: el art scotch, que residía en el reciclaje de los materiales y la utilización de la cinta scotch (o celo) sobre madera, arrastrando texto, imagen y manipulación de los contenidos tanto publicitarios como informativos. Por último, la etapa final de Wolman sucede dentro del movimiento separatista, automarginada ya la nostalgia letrista (tanto de la Primera Internacional Letrista como de su intento por formar una Segunda Internacional Letrista, lejos de Debord, como si de aquella guerra comunista entre marxistas y bakuninistas se tratasen las diferencias entre Wolman y Debord), cerca del texto y de la partición de objetos, creando fracciones a modo de obras de arte de gran carga visual y poética.
En definitiva, una enciclopedia sobre el arte anarquista en su variante más amplia, perfecta y desacomodada, sirviendo de forma sugerente y perfectamente ordenada una etapa convulsa. Así como en Nuevos realismos (aún en el Museo Reina Sofía madrileño) disfrutamos de la intersección y el paso de un período artístico hacia otro, pero sin instalarse en etiquetas concretas, Wolman, el letrismo y el siguiente situacionismo nos zambullen en una revolución social que va más allá de la política y que se deja manosear más por la política incorrecta y la variación de la formalidad hacia una visión más sugerente de los conceptos.
Nombre exposición: Soy inmortal y estoy vivo
Autor: Gil J Wolman
Disciplina: Artes plásticas y letrismo
Dónde: MACBA
Dirección: Plaça dels Àngels, 1. Barcelona
Hasta: 09.01.11
Horario: Verano: L y X de 11 a 20h., J y V de 11 a 24h., S de 10 a 20h. y D y festivos de 10 a 15h., Martes cerrado / Invierno: L a V de 11 a 19.30h., S de 10 a 20h., D y festivos de 10 a 15, Martes cerrado
Precio: 6 € (temporal), 4,5 € (temporal reducida), 7,5 € (todo el museo), 6 € (todo el museo reducida), 12 € (válido para las temporales y la colección durante un año)
Venta de entradas: www.telentrada.com
