Ya lo advierte Marko Tapio, un importante novelista finlandés, cuando acuña la Histerica Ártica y la define (en varios volúmenes) como un fenómeno particular de las poblaciones de esas latitudes, allí donde parece que se acaba Europa. Donde incluso parece que se acaba el mundo. Una impresión con la que se refiere a la neurótica idiosincrasia del finlandés, habitante condenado a sufrir las inclemencias climáticas y las adversidades de los exiguos periodos de luz. Y una manera de indicar, también, el sentido irracional, los brotes de locura súbita, las tensiones ente el sisu (aguante, en finlandés) y la ansiedad y todo un catálogo de comportamientos extremos que se dan en Finlandia y que, fácilmente, emparentan este concepto (y sus distintos grados de afección) con el discurso clásico del bien y del mal. En este concepto, especialmente aunque no sólo, se basan Marketta Sepälä y Alanna Heiss, comisarias de Arctic Hysteria, para fundamentar una exposición sobre arte finlandés contemporáneo que, después de pasar por el PS1 MoMA, aterriza en las salas del salmantino Da2.
También son la naturaleza y una entonación postromántica de su acepción artística, el papel de la mujer, la equívoca proyección de futuro o el calentamiento global, otros de los grandes temas que articula esta muestra intergeneracional en la que se dan cita la instalación, la videocreación, el dibujo, la pintura o el arte digital para expresar esta patología eminentemente finlandesa a través del arte contemporáneo. Una visión que supera el aparente idilio del bienestar del norte de Europa y nos aproxima a los anversos y a pasajes oníricos, al maltrecho enlace entre naturaleza y tecnología, a las dolencias socioculturales, a estados anímicos devastados por la soledad, la melancolía, el miedo o la locura y que dan como resultado una serie de mensajes lúcidos. Así nos enfrentamos perplejos a inquietantes trabajos de Pekka Jylhä y sus liebres ubicadas, para nuestro asombro y sorpresa, por distintos rincones del Domus Artium 02. Liebres que, siguiendo diversos ritos de apariencia oferente o mística, reflexionan sobre la existencia de la vida según el filtro de distintas vibraciones. O la seducción retrofuturista y psicodélica de los trabajos en vídeo de Mika Taanila y su discurso sobre la arquitectura utópica de los sesenta. O las magníficas imágenes de Vila Granö y la exposición de anhelos de sus excéntricos personajes que, entre la huída desesperada y lo paranormal, necesitan de otro mundo utópico con afán escapista (Strange Message from Another Star y Meet You in Finlan, Angel). Sobre lo ideal también Tea Mäkipää reflexiona en sus trabajos fotográficos y audiovisuales. Así lo vemos en su inmenso fotomontaje que descubrimos más allá del atrio carcelario del Da2, llamado World of Plenty (poco más se puede añadir al título) en el que asistimos a esa idealidad soñada (con referencias no sólo simbólicas y escultóricas, sino hasta freudianas). Y como también dirime con audacia en su vídeo Petteri, My Life as a Reindeer, situando el punto de vista entre las astas de un reno.
Sin lugar a dudas una de las obras que más nos llama la atención, por su plasticidad, sentido metafórico y ejecución, es la instalación de Markus Copper, Kursk. Una habitáculo exento en una sala que nos absorbe para mostrarnos a un grupo de marineros rusos con sus escafandras y equipos especiales que, colgados de ese falso techo, comienzan a vibrar espasmódicos llegado un momento provocando un ruido intolerable entre catenarias y herramientas diversas. Un claro ahogo alarmante que acompasa su estruendo con la emisión de luces cegadoras en un interior de horrible claustrofobia. Un ejercicio sintético de la condena irremediable del ser humano que se autoinmola y que toma como referencia el histórico accidente del submarino nuclear ruso en el Ártico en el año 2000. Instalación que comparte sala con el gigantismo de las imágenes a lápiz de Stiina Saaristo, en las que conviven el barroquismo, la perversión y la actitud naïf en descomunales retratos (algunos de ellos de matices autorretratistas). Imágenes que habitan en sala con el diario del tiempo de Jari Silomäki y sus estampas de postal con dípticos realmente emocionantes. También Salla Tykka y algunas de sus películas en la que explora la condición femenina, entre la lucha y la fascinación, algo que vemos de forma transparente en Power y en Lasso. Y que, junto a trabajos de Anni Rapinoja y su armario de naturaleza (particular punto de vista sobre lo sociocultural de ser humano en el entorno natural) repleto de abrigos, chaquetas, zapatos y gorros no sólo inspirados, sino nacidos en la propia naturaleza (confeccionados mediante hojas, ramas, espigas, etc); esperan en otra sala de las galerías del centro. O las interesantes y encadenadas imágenes de Reijo Kela y su performativo, delirante (e hilarante) diario audiovisual; las lúcidas imágenes sobre la mediación de la naturaleza y la manipulación del hombre de Ilkka Halso; los dibujos integrantes de Stumphead Project, de Bo Haglund (artista avezado en el teatro experimental, pero también un interesantísimo dibujante de cómics) y sus ilusiones escapistas; O el documental de Mika Ronkainen y Huutajat (sus hombres que gritan), de impresionante contundencia y factura, que abre y cierra parte del recorrido por este escaparate creativo del norte.
Un total de dieciocho artistas que, de lo psicosocial a lo político, de la naturaleza a la condición humana, de los deseos a la realidad, y dominados por la tenencia única y singular de su idiosincrasia boreal, construyen un itinerario exhaustivo y variado por estos síntomas característicos de la contemporaneidad artística finlandesa. Por el estigma septentrional.
Nombre exposición: Arctic Hysteria
Autor: Varios artistas
Disciplina: Instalación, pintura, fotografía, vídeo, escultura, dibujo...
Dónde: Da2
Dirección: Avenida de la Aldehuela, s/n
Hasta: 27.06
Horario: De martes a viernes de 12 a 14h. y de 17 a 21h. Sábados, domingos y festivos de 11 a 21h. Lunes cerrado
Precio: Entrada gratuita
