Miquel Barceló

CaixaForum. Madrid

CaixaForum nos ofrece una retrospectiva de los veinticinco años de carrera de Miquel Barceló. Una exposición dominada por una organicidad y plasticidad sobrenaturales que se despliega a través de viajes mentales plasmados sobre lienzos y distribuidos magistralmente por salas según su temática y sus pasiones. Como por ejemplo la de la cocina, a la que eleva a arte regalándonos sus bodegones versión 2.0 que son ya un clásico. También encontramos una sala dedicada al continente africano, con escalofriantes acuarelas y sus figuras que se transforman en angustiosas sombras, nómadas que merodean buscando la nada entre dunas infinitas. La mayoría de estas obras carecen de título, como casi cada calle, ciudad, o desierto de cada estado fallido del expoliado continente al que Barceló tanto ama. Y de la pasión de Barceló a sus hábitos de trabajo, lo que interpretamos de una gran hazaña por parte de CaixaForum al encontrarnos con la sala Luz de Luna. La más espectacular, decididamente oscura, pero sin llegar a ser lúgubre, donde se retrata el entorno en el Barceló acostumbra a trabaja: la noche; poniendo a prueba sus propios ritmos circadianos. La habitación está llena de piezas de altísimo valor estético, entre ellas tres esculturas de bronce, como Las cabezas de Lenin, Marx y Engels, Pinocho Muerto o Una calavera. Destacan también el lienzo denominado Proyecto de Crucifixión, y Camino Hacia la Luz, un cuadro que parece salido de un sueño, en tonos otoñales con referencias a lámparas mágicas y a genios desesperados por salir de ellas. Y, por último, el colosal Arajatabla: naturaleza muerta sobre blanco de intensa vitalidad. 

Desintoxicándonos de la oscuridad nos encontramos la sala Huir del Exceso, fruto del viaje a través del Sahara que Barceló realizó en el 88. Su visión de la claridad del paisaje árido le hace encontrar incomprensible el exceso occidental, pintando unos cuadros blancos de gran impacto perceptual y de una luminosidad casi dañina para la visión, cuyo origen es la formación de las dunas. Los trabajos de Barceló para ilustrar la Divina Comedia son otra de las grandes aportaciones de esta muestra, ya que nunca antes habían sido expuestos. El infierno dantesco fundido con el universo de Barceló para crear imágenes que permanecen en la retina mucho después de haber terminado la exposición. Vayan y vean.

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