Sophie Taeuber-Arp

Museo Picasso. Málaga

A semejanza de muchas mujeres de talento a lo largo de la historia, la figura de Sophie Taeuber-Arp se ha visto ensombrecida por la de su marido, Jean Arp. No es mucho lo que se sabe sobre esta extraordinaria artista de desgraciado final (murió por inhalación de gases de una estufa con mala combustión), que participó activamente en la escena cultural de los años 20 y 30 y que, como heredera de la generación de las sufragistas y las primeras feministas, luchó por trascender los límites que la sociedad de su tiempo imponía a las mujeres. La obra de Taeuber-Arp aúna disciplinas tan dispares como la danza, la pintura, el diseño de interiores, la performance, incluso la docencia (que en algunos casos puede considerarse un arte). No había para ella artes menores. Y en todas planteó y concilió los extremos contradictorios entre los que se desarrolló el arte de la primera mitad del siglo XX: Dadaísmo y Constructivismo, abstracción y figuración. 

La exposición que le dedica el Museo Picasso Málaga es la primera en España que muestra su obra tan exhaustivamente, con más de 130 piezas, entre pinturas, dibujos, collages, textiles, marionetas, planos, fotografías, esculturas y muebles. Facilita la comprensión de su trayectoria su estructura en tres secciones, siguiendo la metáfora de la danza: Ritmos quebrados, que indaga en un primer periodo en el que conviven Dadá y Constructivismo; Habitar espacios, con sus aportaciones al diseño de interiores y a la arquitectura; y Geometrías vivas, centrada en las construcciones geometrizantes. En todas sus creaciones late su pasión por integrar opuestos, su curiosidad, su creencia en el poder del color, la línea y la forma, aplicados de forma austera pero libre, y se observa una evolución que puede leerse en paralelo a su adhesión a distintos grupos artísticos: miembro de Cercle et carré (Círculo y cuadrado) y del consiguiente Abstraction–Création, tanto ella como Jean Arp lo abandonaron en 1934 como protesta por su intransigencia hacia el arte figurativo –momento en el que su trabajo deviene más orgánico en su concepción, aunque mantiene su gusto por la geometría–, creando en 1940 una colonia de artistas junto a Sonia Delaunay en el sur de Francia. No es extraño que sus contemporáneos de la vanguardia hablaran de ella con la admiración del artista alemán Hugo Ball: Todo alrededor de Taeuber es luminosidad de sol y el milagro que reemplaza a la tradición.

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