Tras la ironía punzante con la que juega el título de esta muestra encontramos una dosis de placer estético suficiente como para dejarnos acribillar durante algo más de dos horas convertidos en la diana última del objetivo de este artista holandés. Dos horas embriagados por el efecto apabullante de estos dardos de placer dañino tan sintéticos y concentrados como convulsos y recargados. Una experiencia que nos desestabiliza en una narración turbia e inagotable y nos recompone en una armonía formal pura e incontestable. Así vamos sangrando dulcemente mientras desfilamos por las salas de la antigua cárcel de Salamanca, nuevo espacio habitado por los dolores inefables, el silencio hiriente y volumétrico, el frenesí extático, la fantasía truculenta, las distintas parafilias, la violenta tensión sexual, las fatigas dulces y siniestras y la vivacidad hierática de los personajes que lleva soñando desde hace veinticinco años Erwin Olaf, el polifacético creador de Hilversum que se escurre zigzagueante, astuto e irónico, en el anverso del arte contemporáneo y en el reverso de los medios de comunicación de masas con un asombroso lenguaje. El que articula desde la de la delgada punta de estos dardos.
El salmantino Da2 reúne en esta retrospectiva más de ciento cincuenta piezas en la que es, sin duda, la mayor exposición celebrada en España sobre el modernizado imaginario barroco y manierista, gótico y perverso, de Erwin Olaf. Veinticinco años de trabajo representados tanto por la gran mayoría de sus inquietantes series fotográficas como por la casi totalidad de su obra en vídeo y que conocemos desde sus últimas series a sus primitivos síntomas creativos, en diálogo constante con los medios de comunicación y la publicidad. Un turbulento recorrido por las singularidades dicotómicas en las que se asienta, no sin resistencia para el ojo (y más allá), su potencia y suspicacia, su densidad y capacidad de síntesis. Su violencia simbólica y sosiego formal, su recurrente y pulsional eros-tánatos, su código aparentemente consensuado y de una súbita fuerza disidente y su obsesivo juego de límites, sin límites. Las (dis)paridades que se familiarizan, en algún lugar y en otro, con trabajos de Mapplethorpe, Lachapelle, Witkin o nuestro García-Alix y en otros, tan cerca y tan lejos, con parte de la pintura flamenca, con la pintura y la escultura del Renacimiento, el Barroco, el Costumbrismo del XIX o el Realismo Norteamericano del siglo XX. Signos y lenguajes que asume absolutamente hipertextual y que desborda con mordaces y ácidas reflexiones contemporáneas. Así conocemos sus series más maduras como Hope y Rain, con detalladísimos escenarios e intensísimas historias dramatizadas narradas con un único disparo, preciso y complejo desde su iluminación, su ubicuidad escenográfica y estilística, el cuidado de las prendas y las relaciones vívidas de sus personajes congelados. Formatos impresionantes que se compaginan y complementan con los vídeos Annoyed, Rain y Dusk, de enigmática secuencia narrativa y cierta embriaguez estilística. Y que continúan con los magníficos retratos de la serie Fall, de estos jóvenes modelos que languidecen en milésimas de segundo de una exigente sesión fotográfica como afectados gestos escultóricos semi-adolecientes e ingrávidos. El sobrecogedor autorretrato triple en el que, a sus cincuenta años, se sitúa en el centro como I Am, a la izda. como I Wish (rejuvenecido) y la dcha. (envenjecido) I Will Be, donde deja otra vez manifiesta su maestría en el retoque digital. Las desasosegantes fotografías y el vídeo de la espléndida serie Grief (lo cierto es que nos han encantado estas series últimas) como de un Olaf a la Hopper, poderosamente encandilado por una estética norteamericana, pudiente y afligida, de mitad del siglo pasado, en mates pesadumbrosos y en silencios insoportables de llantos sordos, rotos. Las famosas series de Blacks y Royal Blood, de aviesos retratos en blancos y negros mortificantes y mortificados. O esa, también muy fifties, primavera parisina de 2019 que nos muestra el vídeo Le Dernier Cri y un pasaje más de esa mutiladora imperante que es la moda, tan presente en su obra.
Justo antes de adentrarnos en el patio se nos advierte claramente de que lo que allí vamos a ver no es recomendable para menores de 18 y que puede herir sensibilidades. Obviamente queremos más, sin límite, y repasamos la delirante serie Paradise (Portraits y The Club) donde reconocemos primero la figura de Olaf en las retinas dilatadas y contraídas de sus payasos más terroríficos. Y que vemos en bacanales en grupo en los retratos donde una vez más volvemos a arquear las cejas ante la manipulación digital y el superlativo arte del montaje. La serie más explícitamente fetish (que le ayudó a llorar la muerte de su padre) Separation, donde el ahogo del vinilo lleva la voz cantante en una estética, de nuevo, tan perturbadora como preciosista. Su, algo menor, serie Rouge y los magníficos retratos de Fashion Victims, donde encontramos a modelos desnudos ahogados (y vívidos, sobre todo sexualmente) en bolsas de firmas de moda. Y algunos de sus trabajos publicitarios, las Mature pin-ups en “plena forma” y paños menores o sus primeras series, exentas de retoque, como Squares o la brutal Chessmen, que fueron unos de esos primeros impulsos creativos de este genio manipulador de la imagen. El perfecto transgresor intersubjetivo.
Nombre exposición: Darts of Pleasure
Autor: Erwin Olaf
Disciplina: Fotografía y vídeo
Comisario: Javier Panera
Dónde: Da2
Dirección: Avenida de la Aldehuela, s/n
Hasta: 21.02.10
Horario: De martes a viernes de 12 a 14.30h. y de 16.30 a 21h. Sábados, domingos y festivos de 11 a 21h. Lunes cerrado
Precio: Entrada gratuita
