Ghirlandaio

Museo Thyssen. Madrid

Él es uno de los maestros del Quattrocento florentino y ella una joven mujer a la que la muerte arrebató prematuramente belleza y felicidad. A diferencia de otras modelos de grandes artistas renacentistas, de Giovanna degli Albizzi lo sabemos todo o casi. Sobre todo sabemos que en 1486 se casó con Lorenzo Tornabuoni –un joven perteneciente a una rica y poderosa familia de la Florencia de los Médicis– y que fue una boda de esas que hoy la prensa del corazón mataría por cubrir en exclusiva: tres días de celebraciones que hasta los poetas del tiempo quisieron inmortalizar, Lorenzo El Magnífico entre los invitados de honor, una fusión de patrimonios bastante considerable y, sobre todo, el inicio de un amor que todo el mundo creía que iba a durar para siempre.

Por eso, cuando Giovanna murió con ni siquiera veinte años embarazada de su segundo hijo, Lorenzo Tornabuoni comisionó su retrato a Domenico Ghirlandaio, como último gesto de rechazo a la muerte y como búsqueda, a través del arte, de la inmortalidad. El Retrato de Giovanna degli Albizzi Tornabuoni –una de las piezas estrella de la colección permanente del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid– es ahora el centro de una interesante exposición que se podrá visitar hasta el 10 de octubre siempre en el Museo Thyssen y que adopta como criterio organizativo y logístico este fúlgido ejemplo de arte renacentista. ¿De qué manera? Diseccionándolo como haría un cirujano:
Primero, desde el punto de vista temático: al tratarse de un retrato privado –un género bastante en auge en la Florencia de finales del siglo XV– este cuadro se convierte en la ocasión para que el publico español disfrute de algunos otros retratos célebres de esa época como el Retrato de una mujer de perfil de Piero del Pollaiuolo, que ha sido traído desde el Metropolitan Museum of Art de Nueva York; el magnífico Retrato de una mujer de Sandro Botticelli, que llega desde la Galleria Palatina de Palazzo Pitti de Florencia y otros retratos de Domenico Ghirlandaio y de su taller como el Retrato de una joven y el Retrato de una mujer, traídos respectivamente del Museu Calouste Gulbenkian de Lisboa y del Lindenau Museum de Altenburg.
Por otro lado, el Retrato de Giovanna degli Albizzi Tornabuoni es también la ocasión para reunir por primera vez en quinientos años, en la sección de la exposición dedicada al tema de la boda aristocrática, algunas valiosas piezas que la familia Tornabuoni compró en ocasión de la boda para decorar la habitación privada de Lorenzo Tornabuoni en el Palazzo Tornabuoni, centro simbólico del hogar que habría compartido con Giovanna una vez que estuvieran casados. Una de esas obras es el tondo de la Adoración de los Reyes, una obra maestra de Ghirlandaio y préstamo excepcional de la Galleria degli Uffizi de Florencia.
Finalmente, la tercera sección de la muestra, utilizando como pretexto el libro de horas que es uno de los elementos compositivos más llamativos del retrato, ofrece la ocasión de un breve recorrido a través de otras grandes obras maestras del Renacimiento florentino que desarrollan una temática religiosa. En particular, la Adoración de los Reyes de Ghirlandaio, proveniente siempre de los Uffizi y su Virgen con el Niño proveniente de la National Gallery of Art de Washington junto a la Virgen y el Niño de Filippo Lippi y a la Anunciación de Biagio D’Antonio.

Pero quizás la parte más innovadora e interesante de esta exposición se encuentre en la última sala, donde el Retrato de Giovanna degli Albizzi Tornabuoni se desmonta por completo desvelando los últimos secretos que quedaban por descubrir. La sección dedicada al estudio técnico de esta obra maestra de Ghirlandaio pone en evidencia, primero, las reglas compositivas –basadas esencialmente como solía pasar entonces en la sección áurea o divina proporción– y, luego, lleva a cabo un análisis de las técnicas pictóricas utilizadas, llegando a revelar también las “capas” de color y material de las que está compuesto el cuadro. Como una especie de Photoshop de antaño muy revelador. Sobre todo, a través de la reflectografía infrarroja y de los rayos X se pueden observar algunas diferencias entre el diseño original y el resultado final, mientras el análisis a través de los rayos ultravioletas permite observar el estado de conservación de la obra y la “edad” de algunos sucesivos retoques. Algo del que normalmente leemos en un libro o en un ensayo de arte o vemos en un reportaje y muy raramente, por no decir casi nunca, podemos disfrutar directamente y tan de cerca. Por eso, Ghirlandaio y el Renacimiento en Florencia es una exposición moderna, pese a los siglos que nos separan de su genial protagonista.

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