Martín Ramírez

MNCARS. Madrid

Si pensamos que probablemente en nuestra casa tenemos al alcance de la mano mucho más de lo que disponía Martín Ramírez en el pabellón del psiquiátrico para dar salida a sus sentimientos, a su arte, nos daremos cuenta con felicidad de que existen ímpetus creadores que rebosan de la persona hasta tal punto que ningún muro o enfermedad puede pararlos. Un sencillo cuaderno de líneas y ceras, como las de cualquier colegial; lápices de colores, algún envoltorio… y poco más.
 
Parte del resultado se expone en la tercera planta del Edificio Sabatini del Museo Reina Sofía, y es ciertamente impactante. La obra de Ramírez se expuso en un museo por primera vez en 2007 con una gran retrospectiva en el American Folk Art Museum de Nueva York. Ésta es la primera vez que se expone en un museo europeo. Sus dibujos evocan con gran sensibilidad y fuerza expresiva muy distintos rincones del imaginario artístico: ¿realismo mágico? ¿iconografía azteca? ¿Antonio Sant’Elia, el futurismo y la máquina? ¿arte religioso?... probablemente no, aunque no se puede saber con seguridad. Martín Ramírez fue un artista de los más destacados entre los que se han llamado artistas autodidactas, marginales o art brut. Pasó en torno a 30 años de su vida ingresado y apenas se comunicaba con nadie. Para tratar de entender su obra queda, sobretodo, su biografía: su emigración de México a EE.UU., el recuerdo de su tierra o la institucionalización. Las referencias podrían interpretarse en este sentido aunque de lo que no queda duda es la gran sugerencia y originalidad que la hace única. La verticalidad y la horizontalidad en los formatos, temas y figuras recurrentes: el tren y el túnel; la religión; coches y autobuses, ciervos y ardillas, se sitúan en trabajadas escenografías donde la perspectiva, la proporción y el orden conforman un tranquilo equilibrio. La potencia de la línea y la delicadeza del color, la situación una y otra vez del punto de vista del observador a la misma altura… Como decía Ingmar Bergman, es siempre la misma vieja película. Los mismos actores, las mismas escenas, y los mismos problemas, pero todos sabemos que los frutos de una obsesión genial se saborean uno a uno, y el placer es siempre nuevo e inspirador.

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