Monet y la abstracción

Museo Thyssen. Madrid

Son ya tradicionales los ejercicios didácticos que se convierten en placeres perceptivos, donde el resultado de la suma de sus componentes es mucho más que la simple adicción. Como por ejemplo, la fantástica retrospectiva que, a partir de una intuición del crítico Blumenbach, ligaba los paisajes nórdicos del pintor alemán Friedrich, con la abstración radical del americano Rothko, montando a partir de ahí una fantástica exposición en la Fundación Juan March. En Monet y la abstracción volvemos a encontrar este tipo de muestra de transición, en la que se nos muestra cómo las propias obras finales de Monet, como las series de Giverny o los cuadros de Turner más neblinosos, son de influencia decisiva para el arte abstracto, presente en la exposición. La variedad y calidad de obras expuestas tanto en el Musseo Thyssen-Bornemisza como en la Fundación Caja Madrid nos sirve para comprender esta importante transición. 

Monet predomina sobre toda la exposición, aunque en las últimas salas del Thyssen dialoga con Pollock y Krasner, las formas caligráficas de Tobey, la expresividad empastada de Kooning y las atmósferas envolventes de Cy Twombly. Y si hablamos de arte abstracto, Rothko ha de estar presente. Sus cuadros transmiten vibraciones magnéticas. El descubrimiento de que los colores tienen cualidades expresivas por sí mismos es algo que el letón le debe al propio Monet. Rothko quería que sus cuadros te envolvieran, por lo que recomendaba un visionarlos a 45 centímetros, con consecuencias a veces nocivas para el organismo. Si no nos creéis, probad a poneros delante de Amarillo y magenta mirando fíjamente un par de minutos cada uno de los colores. Experimentaréis fenómenos perceptuales propios de la Gestalt. Monet es sólo una mirada, ¡Pero qué mirada!" , decía Cezanne. Lo cual, además de expresar en una frase la captación incidencial del momento y la luz, propias de su pintura impresionista, es bastante curioso por otro motivo. Monet se estaba quedando ciego. Esto influyó decisivamente en su obra. Sobre todo cuando se negó a operarse y se encerró en su jardín de Giverny, para pintar las célebres series dedicadas a los nenúfares, que pretendía regalar a la República Francesa. Monet ya no percibía los colores con la misma intensidad (los rojos me aparecen borrosos) y le costaba reconocer sus tubos de colores, fiándose sólo de las etiquetas y del orden invariable que había adoptado para extender las materias sobre las paletas. Tampoco percibía los azules. Pero su obstinación y su miedo a no poder volver a ver nos regalaron obras que no sólo poseen una calidad universal, sino que, como bien muestra esta exposición, influirían de forma decisiva en el devenir de la historia del arte.

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David Ginola 15/03/2010, 17:34
Excelente artículo.

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Nombre exposición: Monet y la abstracción

Autor: Varios autores

Disciplina: Pintura

Sedes:
Museo Thyssen. Paseo del Prado, 8. De martes a domingo de 10a 19h. 8€
Fundación Caja Madrid. Plaza de San Martín, 1. De martes a domingo de 10 a 20h. Entrada gratuita

Hasta: 30.05

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