Jitka Hanzlová

Fundación Mapfre. Madrid

Que el lugar modela a su habitante y el habitante lo intenta con su lugar es la lógica de la manipulación sinérgica sobre la que civilizaciones, la testarudez de las naturalezas (la nuestra y la Otra) y milenios dan fe, sin abrir demasiado los ojos a la antropología y a lo que en la relación simbólica del individuo con su sitio, con su origen, es capaz de manifestar sensiblemente a través del arte. De hecho, y es que también tenemos algo de tercos, hace poco y a raíz de otra muestra de la que os hablábamos, tratábamos también de exponerlo. De este apego físico, que también lo es en el tiempo (y es que una dimensión sin la otra apenas es), de ese hablar de uno mismo y su identidad describiendo –en bidirección- el espacio que lo contiene (lo libera y también lo constriñe), nos propone una reflexión la Fundación Mapfre a través de la mayor exposición monográfica realizada sobre la artista checa Jitka Hanzlová. Una interpelación continuada a lo largo de su carrera como artista en la que la interrogación al lugar sobre el sujeto y al sujeto sobre el lugar se asemejan y hacen una y que podemos observar en esta exhaustiva muestra de ciento cuarenta y dos fotografías y nueve series sobre las que Hanzlová ha volcado su interés personal y estético desde comienzo de los años noventa, una década después de su exilio alemán, a mostrar una inquietud especial por la fotografía y las posibilidades que con esta disciplina tenía para captar lo visible y lo invisible con una doble condición que supera la artística-personal, y roza, entre la melancolía y cierta explicitación o evidencia en forma de tenue denuncia, la de sujeto socio-político. En éstas, la fotógrafa circunscribe un ensayo fotográfico que, a medio camino entre lo documental y una poética personal que va del protagonismo fundamental del retrato a los caprichos temáticos de diversas series como veremos, en un paseo íntimo, desde dentro, nos descubre esas verdades de vinculación o desvinculación de los sujetos con el entorno que los detenta y moldea. Y una idea vestida y travestida de lo que es el hogar. Sweet home o no.

Curioso es, o no tanto, que no hay ninguna de estas casi ciento cincuenta obras en formato apaisado. Derechura que también asevera esa verticalidad que sitúa y sostiene al individuo sobre el espacio en el mundo. Y es que, a pesar de seres reptantes (que los hay como humanos), esa resistencia nuestra a nuestro destino nos mantiene erguidos desde una vertical que no lo es sólo literaria, sino literal, y física hasta que nos deshagamos de la gravedad (o ella de nosotros). Asomados a los ojos de sus personajes y extrayendo las posibilidades a la manera de la retratística del Renacimiento, hablando desde los retratos físicos haciéndolos psicológicos, narrando relatos a través de sus miradas, Hanzolvá tiene una habilidad especial para hacer hablar a los sujetos fotografiados a través de ese espejo, reflejo espía y delator del alma y de sus confesiones. Así es, especialmente, en las series más interesantes que acarician lo humano, su huella, su ausencia, en los lugares que ella anhela, visita o somatiza como hogar: y que tienen su origen (animático y expositivo) en su aldea natal Rokytník (primera serie de la muestra y también cronológica), su ciudad de acogida como exiliada política en la Alemania, entonces, Federal (Essen), o en una de las últimas que ha realizado desde unos años a esta parte: There’s Something I don’t Know, con sus amplias diferencias. En el camino, y es de agradecer su distribución y orden, otras series como Bewohner nos acercan a la ciudad (especialmente Essen, pero también Berlín y otras) como grieta para la soledad y aislamiento; Brixton, en la que comparece la comunidad afrocaribeña de esta capital londinense con la transmisión emocionante de sus huidas y sus pesares; Cotton Rose para ofrecernos su particular punto de vista de un viaje a Japón; o Here, donde Essen vuelve a emanar, en retratos cómplices del sujeto y su contexto, síntomas de una insalvable decadencia. Después otras, como la serie de Forest, nos enfrentan a un corpus de fotografías, quizás más romántico en la semántica aesthethika del término, donde el espacio cobra un papel preponderante en diversas fantasmagorías, caprichos y misterios del bosque que transitaba en su infancia en Rokytník, con algunos especialmente excepcionales; o la serie Flowers, de naturalezas (bien) muertas de flores que representan, en ejercicios de agudeza plástica, la perennidad del ocaso y la evanescencia frágil de la transitoriedad de la vida. Al igual que Horses, en esas secciones hechas tropo del todo por la parte en una de sus últimas series que es por primera vez mostrada en sala para su apreciación, en la que las certidumbres e incertidumbres, los lazos físicos y los transcendentes, además de la férrea y constante verticalidad de las instantáneas de Hanzlová, accidentalizan tiempo y espacio para una nueva revisión de este comportamiento plástico-estético.

Bookmark and Share

¿la has visto?
escribe aquí tu opinión


código de seguridad
(introduce el código que aparece a la izquierda):
nombre (obligatorio):
e-mail (obligatorio, no aparecerá publicado):
comentario: