Ron Galella
Círculo de Bellas Artes y Loewe. Madrid
Soy tu mayor fan. Te seguiré hasta que me ames, papa-paparazzi.
Paparazzi, de Lady Gaga.
Hay que ver lo que nos mola un cotilleo. Desde siempre. Desde que los juglares canturreaban las desdichas de la alta sociedad y la nobleza a la clase obrera y campesina hasta el día de hoy, que nos mantenemos pegados en sesión continua a
Telecinco viendo
Sálvame como posesos endemoniados. Pues
Ron Galella tiene bastante culpa de esto. Es uno de los paparazzis más molestos de la (alta) sociedad norteamericana, asiduo a las fiestas del lujo histérico y auténtico kamikaze que lograba entrometerse entre la troupe de personajes famosos de la jet set. Desde músicos a actores de Hollywood, desde la realeza europea a las “esposas de”, todos eran víctimas del accionar de su cámara fotográfica. El legado y la respuesta de los años de mayor acción y persecución por parte del fotógrafo, comprendidos sobre todo entre finales de los sesenta y primera mitad de los setenta, lo encontramos en
Paparazzo Extraordinaire!, la exposición más cotilla y lúdica de la nueva edición de
PHotoEspaña.
Galella se ha ganado a pulso el calificativo de tocapelotas… ¡y a mucha honra! Sus más de treinta años dedicándose a la persecución exhaustiva de famosos ha dado sus frutos. No sólo se ha convertido en “el” paparazzi por excelencia (el nombre de la exposición,
Paparazzo Extraorinaire!, es el seudónimo con el que la revista
Newsweek lo bautizó hace décadas) sino que ha logrado crear una conexión entre el personaje famoso, el fotógrafo mediador y el público que ve la fotografía de total humanidad. Sus retratos son, a la vez, tan naturales como molestos, tan simples y modestos como únicos. La exposición, repartida entre las lujosas instalaciones de la sede/tienda de
Loewe en Gran Vía y la
Sala Picasso del
Círculo de Bellas Artes, recoge varias decenas de fotografías centradas, sobre todo, entre los años 1968 y 1976, persiguiendo con ahínco a personalidades como
Mick Jagger y sus ligues/esposas (
Jerry Hall y
Bianca Jagger acompañaban al rolling stone en esos años), a
Jackie Onassis andando en bicicleta por Central Park (lo que le valió una demanda a
Galella), a
Marlon Brando por las calles de Nueva York (lo que le valió un puñetazo en la cara al paparazzi) o a
Sophia Loren,
Liz Taylor,
Greta Garbo o
Gina Lollobrigida acudiendo a las fiestas más exclusivas de la jet set internacional. Hay sitio, incluso, para la realeza europea de aquellos años (los duques de Windsor o
Sarah Ferguson y el
Príncipe Andrew), los mitos (entonces) vivientes del espectáculo hollywoodiense (
Alfred Hitchcock,
Grace Kelly,
Brigitte Bardot,
Charlton Heston,
Andy Warhol) y fotografías particulares como un juvenil
Michael Jackson luciendo pelo afro,
Jack Nicholson desatado,
Sean Penn repartiendo cera a un fotógrafo cuando apenas era un querubín que comenzaba a dar sus primeros pasos en cine o diferentes puntos de vista de una
Cher que otra persona diferente hace casi cuarenta años,
Robert De Niro emulando a
Leo Messi (¿o es al revés?) y la mencionada
Liz Taylor luciendo bigote (pero con mucho estilo y glamour) con o sin
Richard Burton a su lado. Un legado insondable que tampoco se olvida de los guiños a personajes españoles (
Julio Iglesias,
Salvador Dalí o
Penélope Cruz, entre otros) y que se completa con el documental
Smash his Camera, dirigido el pasado año por
Leon Gast y centrado en la figura de
Galella. Puro cotilleo. Como nos gusta.