Alberto García-Alix
Museo Reina Sofía. Madrid
De donde no se vuelve. Un viaje instrospectivo del presente pasado y del pasado presente a través del objetivo de la cámara fotográfica de Alberto García-Alix.
Una lección de ensayo y un profundo y personal, íntimo y hondo trabajo sobre fotografía, acaba de inaugurarse en el Museo Reina Sofía de Madrid. Sobre su esencia y su concepto, sobre su plasticidad y su estética, sobre su concepción y su composición. Sobre su técnica e incluso sobre su ética. Una exposición pertinente y necesaria tanto para el artista, mayúsculo y sincero García-Alix, hasta para el museo, que huye de una exposición retrospectiva y abre sus puertas a un discurso museológico introspectivo de la mano del fotógrafo leonés y el comisario de la muestra, Nicolás Combarro. Una exposición que certifica y celebra (por si aún le cabía duda a alguien) la figura de García-Alix como una de los grandes nombres de la fotografía (y, esto es, también, el arte) de nuestro de tiempo. Que celebra al autor, no sólo digno de una muestra que coloniza numerosas salas en un museo de esta talla, sino de un proyecto verdaderamente contemporáneo en un centro de arte de propuestas museológicas menos aventuradas y, por qué no, arriesgadas. Una exposición viva, animada, reflejo de la intimidad intelectual y emocional del autor y de la construcción de su memoria a través del presente y del pasado, de encuentros y desencuentros consigo mismo y con un mundo que sólo él es capaz de enseñarnos a mirar con tanta (im)precisión. Alberto García-Alix llena con sus instantáneas un buen número de metros lineales de la planta tercera del museo nacional y re-presenta uno de los proyectos expositivos más interesantes que, de fotografía, podemos ver a día de hoy en España. Un trabajo de dos años para elaborar un logrado discurso poético (de lírica, igual, maldita) que asoma por cada sombra de luz y por cada enfoque desenfocado. Pura esencia garcíalixiana en vena. Puro amor a la técnica compositiva y a su rúbrica para una exposición de autor donde él mismo es el objeto reflexivo y reflexionado. Su trabajo, su propia diégesis, su universo, su memoria y la riqueza temporal de una lectura que las atraviesa y las hace concomitar, vibrar y revivir. Que las hace girar en torno a un eje narrativo que da título a esta magnífica exposición testimonial que todavía nos agita: De donde no se vuelve.

Una exposición viva, animada, reflejo de la intimidad intelectual y emocional del autor

Con este inquietante, pero también turbio y delirante título, nos dejamos llevar adentrándonos y siendo partícipes del viaje introspectivo de García-Alix a través de lo que fue su mirada en el pasado, lo que es su mirada en el presente y una tercera y aguzada que amalgama una única historia, la que Alberto nos cuenta con este trabajo. Una historia especular compuesta por alrededor de 200 fotografías capturadas entre 1976 y 2008, y un vídeo (epicentro estético y clave nuclear de la exposición), que funden presente y pasado en un ejercicio tan terapéutico como convulso. Por eso en la exposición atendemos a ciclos fotográficos de entonces y de ahora que comparten nexos temáticos, flujos y sensaciones, que los unen brotando nuevos sentidos.

Una historia especular compuesta por un vídeo y alrededor de 200 fotografías capturadas entre 1976 y 2008

Por eso Alberto García-Alix es protagonista y narrador en la muestra y nos explica, en primera persona (a partir de innumerables autorretratos) y en tiempo presente, su ebullición creativa, su trabajo, su fotografía y su vida. Todo lo que ha rodeado y rodea su existencia, que se extiende a su universo artístico, está aquí presente. Incluso lo ausente y los ausentes. Ahí radica su magia, en esa tensión perceptible entre él y su relación con el mundo. Una relación definitoria de alteridad sobre su identidad y la identidad de su obra. Los amigos, sus amigos, los paisajes, sus paisajes, los retratos, sus retratos, los viajes, sus viajes. Sus autorretratos. Un encuentro con el fotógrafo que se nos muestra desnudando sus obsesiones, sus sueños, sus recuerdos, su trabajo, su persona y un sinfín de piezas que nos captan y embelesan. Mucho García-Alix.

Alberto García-Alix es protagonista y narrador en la muestra

Una exposición que destila esencia, ensayo, intimidad e incluso espiritualidad. Que nos abre las puertas de ese lugar del que no se vuelve y que nuestro ojo, aunque no sólo, quiere (y desea) mirar. Observamos, entonces, arrobados, como quien se halla invadiendo un espacio que clama celosa intimidad, un trabajo puro y entusiasta, más que personal: personalísimo; reconociendo numerosas fotografías vistas aquí y allí, pero ordenadas de acuerdo a un nuevo discurso. Esos rostros y esos otros de entonces (Fabio McNamara, la que fuera su compañera Ana Curra, Alaska o Antonio Bartrina), ahora mitificados, que también nos son familiares; y otras caras y caras de ahora (como las de la China Patino o Nacho Vidal) que, a su vez, dialogan con aquéllas otras. Esos modelos y personajes, singulares y excepcionales que ayudan a hacer de su fotografía (casi tanto como él) lo que es. Repasamos así episodios desde el interior del artista y de la relación íntima de éste con los paisajes, con las personas retratadas, con los amigos, consigo mismo, con iconos, con mitos sociales y estéticos; series íntimas con jeringuillas y brazos agujereados, de barriadas y verdaderas tribus urbanas. De rockeros, de miradas perversas e indulgentes, de sexo presentado. Series de infinitos grises y contrastes. De plata. Series íntimas con la creación y con la propia intimidad. Con la vida y con la muerte. Series que, en últimas, definen la búsqueda y el encuentro, que son el alma de todas estas fotografías y constituyen la obsesión vívida de autor.

Series que definen la búsqueda y el encuentro, que son el alma de todas estas fotografías y la obsesión vívida de autor

Obsesión que va más allá y se manifiesta y secuencializa en el impresionante audiovisual de 40 minutos que sintetiza y depura el concepto expositivo y toda una manera de crear. Una pieza clave donde combina, a distintas pulsaciones, narración y formalización, partes secuenciales de tomas de vídeo (recogidas en su último viaje a China), con imágenes fotográficas. Un viaje abisal y retorcido como lo es el ser humano y que, en voz en off como quien sueña, da cabida a la palabra. Su texto y su palabra que narran el guión pulsional de su relación con el mundo y con la fotografía en un ensayo que reorienta y significa. Y que todavía, todavía, resuena. Aquí, allí y en algún lugar en medio de donde no se vuelve.
Tan íntimo como interesante, tan (pos)moderno como revelador, el discurso de la exposición se completa con un fantástico catálogo con textos del propio
García-Alix,
Nicolás Combarro (el comisario) y del fotógrafo
Anders Petersen. Además, cabe esperarlo, de innumerables joyas, compiladas y actualizadas, de la fotografía presente y pasada de este genio de la mirada en vida. Desde
Notodo.com sorteamos tres catálogos firmados por el autor. Haz clic
aquí para hacerte con uno de ellos.
El artista estará compartiendo unos momentos con nosotros y firmando libros en
La Fábrica (calle Verónica, 13) el próximo jueves, 6 de noviembre.
Lidia Damunt interpretará unas canciones mientras tanto. ¡No os lo deberíais perder! ¡Os esperamos!