Julian Rosefeldt (Munich, 1965) es uno de los videoartistas más punteros de estos años: el MOMA de Nueva York, El MUSAC leonés o el KW de Berlín, entre otros grandes del circuito artístico, han contado con su obra. Ahora, la galería Helga de Alvear madrileña acoge una breve pero intensa instalación de cuatro grandes pantallas acompañada de una serie de fotografías: Requiem.
En Requiem, filmada en la selva amazónica en 2007, Julian Rosefeldt narra de nuevo, como hizo en Trilogía del fracaso o Asylum, una historia que pone en la palestra nuestro afán de destruir-construir y la permanente inutilidad del trabajo humano. Si en aquéllas instalaciones, también de varias pantallas, éramos los protagonistas visibles de la acción, en esta ocasión lo somos, pero sólo por las consecuencias de nuestros actos. Las proyecciones enfrentadas nos sumergen en la naturaleza salvaje abigarrada y barroca, silenciosa, intimidante. Contemplamos, sin palabras, cómo caen los árboles mutilados en aquélla pantalla y ahora en ésta, y miramos una u otra imagen llamados por el crujido de un tronco y su estruendo al caer. El misterio se desvela en la segunda sala, tras las cortinas, donde una serie de fotografías retratan a los leñadores con sus motosierras: representan el sonido y las caras ausentes en las proyecciones. Rosefeldt nos vuelve a enfrentar a nosotros mismos: hacia dónde vamos, cómo nos relacionamos con nuestro entorno. Ésta es una de las razones para no perderse la exposición.
Al mismo tiempo, en la galería Helga de Alvear podemos ver una muestra de la artista Ester Partegàs. La barcelonesa plantea, bajo el título Colapso cotidiano, una crítica a la sociedad de consumo.
