Ya era hora de que algún museo o alguna institución con ínfulas de contemporáneo rindiese un homenaje a este tótem de la vanguardia de una de las disciplinas que más deprisa evolucionó, brotó y mutó a lo largo del siglo XX. Pero, sobre todo, una de las disciplinas y uno de los lenguajes que más influencia ejerció y más dinamizó otras disciplinas artísticas en ebullición, como la danza, la performance, el fluxus, el happening, la instalación o la vídeo-creación. Por eso creemos que rendir tributo a John Cage es una responsabilidad cultural estética y eso, en Castellón, han sabido verlo con esta muestra. Porque nadie como él ha revolucionado el ámbito de la música y de los movimientos artísticos contemporáneos. El Espai d’Art Contemporani de Castelló dedica esta exposición monográfica al artista norteamericano precisamente para poner de manifiesto esa aportación esencial de Cage: la música, la percepción y apreciación de su pensamiento a través de su música. Un espacio museístico convertido en una caja de música.
Discípulo de H. Conwell, A. Weiss y A. Schönberg en el estudio de la música y seguidor de Varèse o Ives, el artista, fundamentalmente compositor e instrumentalista, destaca por sus aportes en la experimentación. Influido por el orientalismo y por la filosofía zen, que también introduce en sus composiciones o ensayos sobre el orden y el caos. Silencios eternos, conexiones y desconexiones, ritmos inverosímiles que ahora reverberan gracias a este concierto-exposición donde se interpretarán más de 100 obras de Cage (entre otros artistas dos allegados colaboradores suyos como son Irvine Arditti o Margaret Leng Tang), que resonarán aquí y allá deambulantes por los recovecos de este espacio. Paisajes imaginarios resultantes de la teatralización de los diferentes espacios y, además, 17 espacios expositivos donde se escenifica Living Room Music o su obra 33 1/2 . Y, por supuesto, la realización de Musicircus, con un concierto simultáneo donde intervienen más de 400 músicos (en origen, 1967, se trató de una cita múltiple y multidisciplinar en el que distintos artistas interpretaban como deseaban las músicas propuestas). O las Europeras, óperas del autor por primera vez interpretadas en Europa y claro reflejo de su pensamiento estético que completan, con una serie de conciertos y actividades paralelas (que es un deber consultar en su web), uno de los proyectos expositivos más apasionados y melómanos. La música tiene su propia presencia en el tiempo y en el espacio tiene su propia grafía y nadie como él nos lo ha podido explicar. Notación y representación, puro arte sonoro.
