No hace falta acercarse mucho al título que dirige la mirada de esta exposición, basada en la testificación personalísima de su autor y en un valor no sólo fotoperiodístico, sino también social, histórico y político que es reflejo, y aquí conviene saber algo más del fotógrafo, de uno de los conflictos críticos más antiguos, persistentes y hasta tozudos, de nuestro tiempo en el mundo (y son unos cuantos), el del enfrentamiento palestino-israelí. Tal cual es, eso mismo, una presentación sin dramatismo (pues bastante tiene ya), ni artificio, ni efectismo, del desplazamiento y el asedio constante que el pueblo palestino sufre en el contexto del estado israelí. Es pura voluntad documental y un retrato intersubjetivo (aunque, insistimos, muy personal) y privilegiado de Miki Kratsman y de la realidad de este conflicto fanático y perseverante. Y un virtuoso ejercicio que equilibra deontología profesional, investigación y cierta poética, decadente y dura (pues hablamos también de terror, dolor y muerte) de la desolación y la erosión palpitante del espacio devastado. Y de esos velados y re-velados característicos de sus obras de enmarcadas en negro y espectral aura.
Kratsman nació en Buenos Aires a finales de los años cincuenta, pero no fue hasta los doce años, al trasladarse a Israel, cuando abrió los ojos a la situación real de cierta connivencia (lo de la convivencia es, de lejos y aquí, imposible) y a la sofisticadísima tensión del miedo en un estado crítico natural (ése al que la crisis sedentaria desplaza). Por eso el autor, por parentesco y también por distancia, ofrece un punto de vista excepcional en sus instantáneas donde lo importante no es tanto el preciso momento de un disparo fotográfico -porque la cantidad de los otros es incesante y desafía la lógica de la captura, como tal, entendida desde la estética del lenguaje fotográfico-, sino la pictorización (pues tienen algo de pictóricas, de capturar esencias eternas, trascendentes, sus imágenes) de un territorio que es cementerio abierto de destrozos, vida cotidiana, normalidad y sus yugos. Un escenario literal del crimen –su fotografía se aleja de lo literario en tanto que no pervierte las condiciones de sus protagonistas, sino que se fija, en varios sentidos, en el silencio doliente que lo encarcela como sordo cotexto- donde es el escozor del silencio y las grietas de irreparables daños que van más allá de lo físico los que adquieren todo el potencial de su poética.
En torno a la fotografía de Miki Kratsman supone, por tanto, una introspección extrovertida de la problemática y sus vicisitudes. El MUSAC de León ofrece en sus muros y paramentos alrededor de setenta fotografías que forman parte del archivo personal del artista y que, además, complementa con tres proyecciones de gran formato de alrededor de cuatro mil fotografías más que son claves sobre el horror cotidiano, las manías persecutorias de los espacios sitiados y una perenne y angustiosa hasta el sofoco sensación de persecución, hostigamiento y vigilancia. Y fruto de un trabajo escrupuloso de más de veinte años. Desvistiendo toda espectacularización (gran culpa, como de tantas otras cosas, la tienen los grandes medios y sus lecturas partidistas, culturales y siempre sesgadas en la construcción de relatos asumibles), Kratsman señala evidencias que hablan por sí solas. Y desnuda el brete, entre otras, en sus series Territory y Targeted Killing, especialmente en Tel Aviv, donde muestra la cotidianeidad de la herida supurante. Tal cual.
Nombre exposición: Tal cual. En torno a la fotografía de Miki Kratsman
Autor: Miki Kratsman
Disciplina: Fotografía
Dónde: MUSAC
Dirección: Avda. de los Reyes Leoneses, 24. León
Hasta: Hasta el 03.06
Horario: De martes a viernes de 10 a 15h. y de 17 a 20h. Sábados y domingos de 11 a 15h. y de 17 a 21h. Lunes cerrado
Precio: Entrada gratuita
