Pantalla global

CCCB. Barcelona

Os reiréis de Gran Hermano y su ejército de freaks agolpándose en castings y en la puerta de la helada Guadalix de la Sierra como borregos luchando por un ínfimo espacio en televisión para llenarse los bolsillos durante dos o tres meses (o los que se tercien) y, acto seguido, convertirse en armamento proto-nuclear de la factoría televisiva, pero el resto no nos quedamos atrás. Más allá de mensajes tales como “más de mil cámaras velan por tu seguridad” o del concepto de perpetua vigilancia al que en las urbes y ciudades occidentales nos tienen felizmente sometidos como parte de la tan ansiada (y, parece, conseguida) sociedad de bienestar (vaya con el bienestar…), la pantalla entró a formar parte de toda la estructura hipermodern(ist)a que habitamos y parece un elemento del que no nos podremos distanciar nunca: la pantalla de cine y televisión pasó a formar parte de la concepción de seguridad, de ocio, del trabajo y hasta de nuestra vida diaria. Ordenadores, televisión, cine, machacas en centros comerciales, móviles (desde el smartphone más moderno hasta el Nokia 8310 más ladrillero), cámaras fotográficas, tablets, relojes, neveras, microondas… El show de Truman somos todos.

Que nuestras yemas de los dedos se hayan convertido en la constante caricia de teclados, pantallas táctiles y besos al plasma o pantalla LCD habla mucho de esta época. La doctrina del shock del capitalismo salvaje ha logrado anquilosar y perpetuar un sistema digno pero completamente mecánico y robótico de la sociedad de masas, y en eso mucho tiene que ver la supuesta evolución. Evolución bastante cuestionable teniendo en cuenta que el mundo del espectáculo ha logrado penetrar a través de la pantalla en nuestro inconsciente colectivo y nuestro cociente emocional y es parte de un todo: de la seducción, del prototipismo, de la creación de clichés y arquetipos, del exceso de información, de nuestra creatividad, vigilancia. Y ese mundo interactivo y deshumanizado que habitamos (y lo que queda) y que se lleva anunciando desde hace muchas décadas encuentra en Pantalla global, la exposición que el CCCB barcelonés coorganiza junto al donostiarra Museo San Telmo un hábitat explicable que, desde la utilización misma de los elementos y gadgets necesarios pretende retratar dicha inercia sin caer en frivolidades ni maniqueísmos.

Pantalla global reparte el bacalao en hasta diez ámbitos/sub-disciplinas que conectan esa cinevisión que forma parte de nuestro día: El imperio de las estrellas (proto-cine religioso y espiritual que es, a su vez, resumen historio y protoplasmático de la sociedad de masas de ayer y hoy), Pantalla Historia (los fotogramas del mundo que vemos en, claro, fotogramas existentes paridos por la televisión), Pantalla Política (elementos discursivos, el poder de la imagen y la influencia de la pantalla en el devenir social, político y económico), Pantalla Deporte (uno de los elementos más masivos de la globalización de una nueva cultura del espectáculo), Pantalla Publicidad (propaganda, publicidad, patrocinio, mecenazgo, mensajes en clave e influencia y afluencia de dichos mensajes), Pantalla Exceso (el exceso como parte de un todo y la alienación y sometimiento al que estamos acostumbrados incluso con esto que escribo en una pantalla y que tú ves en otra, que es la misma, claro), Pantalla Vigilancia (GPS, Google Maps, redes sociales, móviles, webcams, cámaras de seguridad de calles, bancos, garitos y centros comerciales: te tienen fichado), Pantalla Juego (¿qué niño quiere el Pictionary habiendo auténticas herramientas para matar con un click de ratón?) y El contracampo (espacio de interacción: una pantalla –paradójico- común donde volcar elementos audiovisuales y formalizar una zona crítica comunitaria, comunicativa y colaboracionista que, incluso, tiene espacio web concreto).

Además, habrá una serie de actividades paralelas que van desde conferencias relacionadas con el mundo de la crítica social del panorama visual todopoderoso como ciclos audiovisuales que forman parte de un intervencionismo analítico que pasa de soslayo por lo crítico y expositivo. Una perfecta forma de mirar desde fuera (pero desde dentro, como esto) nuestra realidad inmediata y el devenir de las sociedades a meras reducciones de paisajes en pantallas. Ver el mundo desde 18’’. ¿Triste?

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