Las muecas torcidas y zafias del primer Charlot. Las miradas melancólicas y dulces de su versión definitiva. Los pantalones demasiado anchos y los zapatos demasiado grandes alejándose en una carretera. Un arrugado perfil del Chaplin cineasta rodando o quizás abrazando la cámara. Chaplin y Einstein en una elegante sonrisa cómplice. Charlot, que por no atreverse a hablar cuando el cine ya hablaba, canta una canción de la que se olvida la letra. Chaplin que pronuncia el discurso que ningún dictador ha pronunciado, ni pronunciará. Chaplin padre y abuelo que reinterpreta para su familia las gags que habían hecho reír, y rendirse, al público internacional. Fotos de estudio, secuencias inolvidables de la historia del cine, carteles, periódicos, revistas, grabados, dibujos. Imágenes fijas, imágenes en movimiento. Una indigestión de imágenes.
Tras su exitoso paso por París, Rotterdam, Hamburgo, Lausana, Bruselas, Montpellier y Bolonia, esta espectacular exposición - que cuenta con más o menos 250 documentos por la mayor parte provenientes de los archivos familiares - llega finalmente por iniciativa de la Fundación "La Caixa" al CaixaForum de Madrid, donde se podrá visitar desde el 2 de julio hasta el 19 de Octubre. Y donde promete repetir el éxito. No solamente por el hecho de ser la primera gran exposición dedicada en España a Charles Chaplin y a su universal alter ego, Charlot. O por la calidad de las actividades que se desarrollan paralelamente (un ciclo de conferencias y otro de cine, donde se alternarán películas de Chaplin con películas de Buster Keaton en un interesante retrato-comparación de estos dos eternos rivales). Si no, sobre todo, por su capacidad de reproducir el encanto y la gracia de tantos personajes - frágiles e invencibles a la vez - que el genio de Chaplin supo crear e interpretar. Con el sorprendente resultado que, mirando a Charlot luchar contra un trozo de madera enganchado en una rejilla durante casi 10 minutos. O bailar en un ring durante un improbable encuentro de boxeo. O simplemente mirándole sacar todo lo cómico que se pueda sacar de la situación más sencilla. La gente, los niños, siguen riendo.
