21 diciembre, 2017. Por

Esto no es La Casa de Bernarda Alba

La obra más femenina de Lorca en una polémica versión protagonizada por hombres
Esto no es La Casa de Bernarda Alba

Acto 1.

Interior blanquísimo de la casa de Bernarda. Muros gruesos. Puertas en arco con cortinas de yute rematadas con madroños y volantes. Sillas de anea. Cuadros con paisajes inverosímiles de ninfas o reyes de leyenda. Es verano. Un gran silencio umbroso se extiende por la escena. Al levantarse el telón está la escena sola. Se oyen doblar de campanas.

Esto no es la casa de Bernarda Alba. Puesto que en su interior no hay mujeres. O sí, pero son hombres quienes se ponen en su lugar.

El espectáculo de la directora Carlota Ferrer y el dramaturgo José Manuel Mora que se acaba de estrenar en los Teatros del Canal conjuga lenguajes (la poética lorquiana, la danza contemporánea, la música en directo, el alegato reinvindicativo) para acercarnos a Lorca desde una óptica onírica y de ecos surrealistas con Magritte en la cabeza.

Carlota Ferrer vuelve a demostrar que posee un olfato infalible para dibujar cuadros en movimiento (y ante lo que bien podría ser literalmente un lienzo gigante en este caso) de gran belleza plástica. Desde el minimalismo, ayudada por esa diáfana escenografía (con las amenazantes esculturas perrunas siempre en escena), el límpido diseño de iluminación, el elegantísimo diseño de vestuario y unos intérpretes que parece que se deslizan sobre las tablas. Todos hombres (con la excepción de Julia de Castro, AKA De la Puríssima, que aquí también aporta sus dotes musicales además de interpretar a Amelia), desde un espléndido e inquietante Eusebio Poncela como poderosa Bernarda o un Óscar de la Fuente que borda su Poncia aportando los puntos cómicos hasta el bailarín Igor Yebra (que regala momentos bellísimos en cuanto a danza se refiere) pasando por Jaime Lorente, David Luque, Guillermo Weickert, Arturo Parrilla y Diego Garrido.

“Si sobre la belleza y potencia estética de este montaje no hay resquicio de duda alguna, en cuanto al discurso ya no sucede lo mismo: el montaje está creando posiciones encontradas. Lo que está claro es que “Esto” no debería ser la casa de Bernarda Alba. Ya Lorca intentó luchar contra ello”

Pero si sobre la belleza y potencia estética de este montaje no hay resquicio de duda alguna (se hable con quien se hable) en cuanto al discurso ya no sucede lo mismo. Y es que según sus creadores: “Nos hallamos ante la búsqueda de un discurso feminista radical que intenta viajar a la raíz: al poner en boca de hombres las palabras de Federico se evidencia la fragilidad de la mujer ante la visión dominante del orden heteropatriarcal”. Pero hay muchos que no opinan lo mismo (hombres y mujeres). Desde el escoger un elenco masculino para éste, uno de los más grandes (y escasos) textos para actrices que hay, hasta ciertos detalles de puesta en escena o ese alegato final en el que la directora habla a través del personaje de Adela interpretado por Jaime Lorente (que puede ser para algunos la guinda que le dé sentido a la función, pero también la que se le atragante a otros), el montaje está creando posiciones encontradas.

Lo que está claro es que Esto (“Esto”) no debería ser la casa de Bernarda Alba. Ya Lorca intentó luchar contra ello. Pero hay que seguir gritándolo bien alto para enfrentarse, como el epílogo polémico, a ese “¡Silencio! ¡Silencio, he dicho! ¡Silencio!” final y opresor de Bernarda.

Esto no es La Casa de Bernarda Alba