6 febrero, 2017. Por

Terror y ceniza de la Iglesia Católica…

La memoria histórica abierta en canal
Terror y ceniza de la Iglesia Católica…

Ceniza que ahoga, levantada por una danza de mujeres en un pozo de dolor. Que se mete en los ojos, impidiendo ver, y en la garganta, asfixiando las palabras. “¡Cállate! ¡No digas nada! ¡No digas nada! ¡Cállate! ¡Silencio!”. Doce historias de mujeres. Doce historias de terror. Un terror hondo y abrasador. Terror y ceniza de la Iglesia Católica en la Guerra Civil Española: un título explícito el de Ramón Paso para una función brutal (en todos los sentidos) que se puede ver en El Montacargas de Madrid.

Durante la Guerra Civil Española, Franco tuvo tres aliados imprescindibles: Hitler, Mussolini y la Iglesia Católica. A lo largo de doce escenas, protagonizadas por mujeres, el dolor, el miedo, la delación, las violaciones, la traición y el sufrimiento se apoderan del escenario, creando un espectáculo casi testimonial que demuestra lo que la Iglesia consideró que era comportarse de un modo cristiano. Una hora y veinte minutos de Eucaristía de silencio, de Comunión de polla y hostias, y de Bautismo de tortura y humillación. Desde 1936 hasta 1939, Dios abandonó España y sólo quedó la Iglesia que lo redujo todo a Terror y Ceniza.

Casco la sinopsis entera porque me parece ejemplar en cuanto a que transmite exactamente qué es la función. Y es que la compañía PasoAzorín Teatro pone en pie esta ceremonia basada en una orgía de dolor infligido (religiosamente) a unas mujeres que se erigen en mártires, a su pesar, de una guerra sin sentido. Memoria histórica abierta en canal. La función (de postura clara y poco reconciliadora, todo hay que decirlo) presenta unas historias de mujeres desgarradas (literal y metafóricamente) receptoras de toda clase de aberraciones, muchas cometidas por o al amparo de miembros de la Iglesia Católica. Ramón Paso orquesta un ritual de exorcismo (o una misa negra) en la que aproximarse a este terror de los inocentes.

 

La función se estructura en doce cuadros independientes con el horror como nexo de unión: violaciones, humillaciones, locura, muerte… Los magníficos textos de Paso conjugan la poesía con la truculencia, la delicadeza con la repugnancia, en un macabro baile difícil de soportar. Pero está tan bien hecho, tan brutal el qué y el cómo lo cuenta (no faltan instantes de muy dolorosa belleza) que no se puede apartar la vista. Todo con una puesta en escena exacta y sobria que vuelve a recordar que menos es más, con tres bancos que mueven entre cuadro y cuadro, unas bellas composiciones musicales que sirven para transiciones y una efectiva y atmosférica iluminación. Y unas actrices que no son de este mundo, claro. Ya me habían impresionado el teatro de Ramón Paso y sus actrices en Retablo Pánico. Pero aquí me he vuelto a quedar con la boca abierta.

Inés Kerzan, Ana Azorín, Ángela Peirat, Laura de la Vega, Patricia Bertrand. Cinco actrices (en apariencia muy jóvenes además). Cinco auténticas bestias que se dejan la piel y las entrañas sobre el escenario. Con una energía, directa (e incluso delirante), que impacta en el espectador como un obús. No es posible destacar unas sobre otras porque todas trabajan como un solo organismo lleno de dolor y locura.

Terror y ceniza… es una brutalidad de función no apta para paladares sensibles y que puede echar para atrás alguno por el tema de la Guerra Civil. Es lo malo. Excesivamente dolorosa. Puede ser también. Pero cosas peores sucedieron en esa negra época de nuestra historia reciente, eso seguro. Hay que agradecer a Paso que, por lo menos, deje una flor en la que posar la última mirada de la función. Un último momento de belleza conmovedora. Imposible llamarlo final feliz de manera objetiva, pero dentro de la función es lo más cercano a la felicidad.

De vez en cuando un espectáculo te revuelve y deja jodido (e impresionado). Pues bien: éste es uno de ellos. Un hostión (aquí puede ser en la acepción de la palabra que se prefiera, ambas aplican) en toda la cara. Eso quiere decir que sus creadores han puesto toda la carne en el asador. Hasta hacerla auténtica ceniza, en este caso. Ceniza estremecedora. Ceniza de barbarie. Dolorosa ceniza, llena de crudeza y poesía.

Terror y ceniza de la Iglesia Católica…