Claudio Tolcachir

Prendado por el teatro


Claudio Tolcachir no para. Acaba de estrenar como director la maravillosa obra de Arthur Miller Todos eran mis hijos y si no está dando pautas a los actores, imparte clases en el Teatro Español. Hemos podido charlar un ratito con él, poco antes de que se volviera a su tierra natal Argentina. Cariñoso, dulce, inteligente y apasionado por su trabajo, Claudio Tolcachir es puro teatro (en el mejor sentido de la palabra).

Notodo: Actor, director, dramaturgo y docente, ¿te sientes igual de cómodo en cada una de estas facetas? 
Claudio Tolcachir: Sí a mí me divierten mucho todas las facetas y lo que más me divierte de todo es poderlas cambiar. Cuando estoy dirigiendo un tiempo extraño actuar y cuando estoy actuando me gusta poder volver a dirigir. En resumidas cuentas a mí me gusta el teatro, me gusta el teatro en todas sus formas, me gusta estar en el teatro. Si me toca la boletería, me toca la cabina de luces, actuar, dirigir o el ser espectador. Me gusta el espacio del teatro, me sigue resultando un espacio maravilloso, de juego, de reflexión, de emoción, de comunión con los otros. Un espacio social, solidario, es un proyecto realizable, es un proyecto en el cual todos apostamos lo mejor que tenemos. Y a veces nos va bien, a veces no va mal, pero me parece uno de los espacios más humanos que yo he conocido. Como tengo estos distintos oficios dentro del teatro, poder visitarlos cada tanto me encanta. 

El teatro es uno de los espacios más humanos que he conocido

NTD: Siendo intérprete te será más fácil entender la mecánica de los actores para dirigirlos, ¿cuál es el proceso de trabajo que utilizas con ellos? C.T.: Lo que hago siempre es estudiar muchísimo la obra solo, estudiar la estructura de la obra, entender qué es lo que quiso hacer el autor en la estructura general, los clímax, los ritmos, las tensiones, cómo se va desarrollando la historia. Después estudio a cada personaje en particular para ver cuál es el recorrido más rico, para que el personaje que termina no sea el mismo que empezó y que tenga evolución en la función. Tener muy respirada y muy transitada la obra en soledad. Luego encontrarse con los actores y tratar de olvidarse de todo lo que uno estudió sólo para encontrarse con lo que te proponen los actores. Porque ahí hay un personaje por un lado y una persona que es el actor que es única e individual, y ese matrimonio que se tiene que generar es único también. Uno no puede hacer el mismo personaje con dos actores diferentes. A ese actor le corresponde un personaje y va a tener mucho de su historia, de su cuerpo, de su voz, de sus gestos, y de su carisma. Trato de poder observar mucho, de poder comprender cuál va a ser el mejor camino para ese actor y para ese personaje. Y entonces tratar de llegar a un acuerdo, de ayudar al actor a que haga el recorrido más grande, el recorrido más rico, más jugoso para aprovechar el personaje. No adelantarlo, no juzgarlo, tratar de que tenga recovecos y de que sea humano. Para eso vos tenés que conocer a la persona, sus colores más secretos, intuirlos y ayudarlos a que se los preste al personaje. No creo que la actuación sirva desde la imposición sino que si vos creés que algo es bueno tratar de ayudar al actor a que lo descubra él y que se pueda apropiar de esta idea y sea una creación personal. Muchas veces los actores proponen cosas que uno ni imagino y que son infinitamente mejores que las que uno imaginó en soledad porque el encuentro con las personas siempre enriquece. Es un trabajo muy compartido, de mucha paciencia, de mucha escucha y se trata de generar una buena complicidad. Que el actor siente que uno es su cómplice para este juego, no su jefe ni su enemigo.

¿Un valor perdido de la sociedad actual? La solidaridad entendida como un acto cotidiano


NTD: ¿Cuál es la labor que llevaste a cabo para adaptar el texto de Arthur Miller Todos eran mis hijos?
C.T.: Yo trabajé con el texto en inglés y con todas las producciones a las que pude acceder. Hicimos un trabajo bastante exhaustivo, palabra por palabra en cuanto al lenguaje. Porque la forma de hablar y la construcción de las frases de los personajes dice mucho de quiénes son y es un trabajo muy importante y que a veces no se suele hacer. Y luego tratar de traer la obra lo más posible a nuestro ritmo, nuestro tiempo y eso implicaba sintetizar. La obra original dura casi el doble. Fui buscando quitar todo lo que pudiera ser información necesaria en su tiempo y que ahora no lo es todo porque nuestras cabezas funcionan a otra velocidad, la forma en que recibimos el estímulo es otro, vivimos a otra velocidad con el cine, con el teatro, con todo. Tratar de dejar en la obra lo más carnívoro, lo más intenso, lo más sintético y que la acción no dé lugar a que el espectador nunca pueda terminar de relajarse sino que esté prendido de la acción todo el rato. 

NTD: En esta obra Miller aborda el tema de la responsabilidad, de la ética, de los valores que se van perdiendo, ¿para ti cuáles son los grandes valores olvidados de la sociedad actual?
C.T.:
Yo creo que es esencialmente el pensar en el otro. La solidaridad entendida como un acto cotidiano. Tener en cuenta que cuando uno camina hay otra gente alrededor y que todas las personas merecen respeto, merecen su lugar y que las acciones de uno para bien o para mal modifican el universo, modifican el entorno. Creo que esta responsabilidad que tendrá forma de ley, forma de religión pero en mí tiene forma simplemente de lo que uno quiere hacer y de estar del lado de la verdad donde uno quiere estar. Estar bien con uno y hacer lo uno cree que está bien para él y para los demás. Yo creo en eso y pienso mucho en eso. Encontrar la obra Todos eran mis hijos que está centrada en este tema me pareció muy interesante.

NTD: ¿Trabajar con caras conocidas y consagradas del panorama español te ha supuesto alguna presión añadida a la hora de montar la obra? 
C.T.: No, para nada. Primero porque no son conocidos para mí. En eso tenía una inocencia total y me encontré con un grupo de actores maravillosos y los descubrí en los ensayos. Todos, desde el primer día de ensayo, tuvieron un nivel de entrega, de confianza, de deseo de trabajar, de compañerismo, de investigación, la verdad es que me han hecho el trabajo facilísimo y muy placentero.

Si pensara en escribir algo que le gustara al mundo no sabría cómo hacerlo, me equivocaría seguramente


NTD: ¿Cómo surgió el salto de Argentina al Teatro Español con La Omisión de la Familia Coleman? 
C.T.: Nosotros hacíamos la función en Buenos Aires en el fondo de mi casa, en un teatro para 50 personas. Luego lo vio gente de ahí, Ana Jelin (productora teatral), vinimos al Festival de Otoño luego fuimos a Girona, a Cádiz, a Barcelona y poco a poco fue corriéndose la voz por suerte. Fuimos viniendo todos los años, luego con Tercer Cuerpo también. Y yo recibí esta invitación a dirigir un elenco español y fue como la frutilla del postre, el lujo de trabajar en un teatro como el Español y con actores de esta envergadura. Una experiencia única que uno puede tener.

NTD: El éxito de la obra fue rotundo, ¿crees que el público se identificó con la disfuncionalidad de los personajes?
C.T.:
 Sí, nos paso que muchísima gente de distintos países vieron algo de su propia familia en esa familia, como un mecanismo de convivencia, de violencia, de silencio. Conté también con muy buenos actores para La Omisión de la familia Coleman, que podían transmitir verdad en esos personajes. Fue una obra que hicimos para nosotros, sin ninguna expectativa. Pensamos hacerla dos meses ahí en casa y luego vino todo lo demás.

NTD: Parece que al igual que los grandes dramaturgos americanos del siglo XX (Miller, Williams, O´Neil) te fascina el tema de la familia, ¿qué rol adquiere hoy por hoy? 
C.T.: Más que la familia, a mí me interesan las personas y el universo de las personas: sus deseos, sus dificultades, sus miedos, todas esas cosas que hacen que seamos tan complejos. Una familia es una forma de mostrar el mundo, a través de la familia podemos mostrar todo tipo de sociedades y de estructuras sociales. La familia es el núcleo donde uno genera todas sus angustias, sus traumas, sus amores, sus generosidades y todo. Lo bueno y lo malo. Más que la familia en sí, que no es un tema que me resulte central, es el tema de las personas en cualquier ámbito: en el trabajo, en el amor, en la pareja, en la soledad, en el mundo. La familia es el núcleo donde uno se forma, forma su personalidad para bien o para mal a través de esa familia.

A mí me interesa el universo de las personas


NTD: ¿Es el teatro una forma de aportar tu visión sobre el mundo? ¿Te sientes comprometido con la sociedad?
C.T.:
 Yo escribo sobre lo que me conmueve. De pronto aparece una historia, aparecen nuevos personajes o una situación que me conmueve, que me divierte. Después aparece una obra, pero no tengo mucha más conciencia ni trato de hablar de determinadas cosas ni hacer una denuncia ni nada de eso. Simplemente es mucho más humilde, mucho más pequeño. Yo cuento una historia que a mí me llena y después uno tira esta piedrecita al agua y ve si le interesa a alguna gente o a mucha gente. Si yo pensara en escribir algo que le interesara al mundo no sabría cómo hacerlo, me equivocaría seguramente.

NTD: ¿Volverás a Madrid con Timbre 4?
C.T.:
 Sí, estaremos desde el 5 de abril. Haremos un ciclo con Coleman, Tercer Cuerpo y luego una obra nueva que se llama El viento en un violín con el mismo equipo del equipo Coleman.

NTD: ¿Dirigirás de nuevo un elenco español en el Teatro Español? 
C.T.: Todavía no sé nada (risas). No tengo ni idea.

NTD: ¿Qué opinión le merece la cartelera teatral española? ¿Se diferencia mucho de la argentina? 
C.T.: La verdad es que siempre que vine estuve trabajando estuve con funciones y el único momento que tenía para ver algo era agosto que no tenía mucho teatro para ver. Pero sí sé que hay muchas cosas muy diferentes, con distintos niveles de riesgo, que están empezando a moverse mucho más por circuitos independientes. Están volviendo grupos independientes que están generando cosas y la verdad es que esto es muy sano. Pero la verdad es que yo no puedo opinar de algo que no conozco y soy muy nuevo, hace sólo tres años que estoy viniendo para España. Lo que conozco es Argentina, ahí hay cerca de 300 – 400 obras de teatro independientes representadas todos los fines de semana con salas para 50 personas, 20 ó 100 personas. Es un caldo de cultivo muy sano para la renovación del teatro.

Chéjov y Beckett son mi alimento  


NTD: En Buenos Aires tienes a tu compañía Timbre 4, una sala y una escuela, diriges también en España, escribes, impartes talleres... ¿Qué te tomas por las mañanas, un redbull con cereales?
C.T.:
 (Risas) Me canso mucho, pero la verdad es que me dedico a lo que me gusta. Me divierto mucho y me toca trabajar en general con gente que me enriquece. Esta semana estoy dando un taller en el Teatro Español, es cansador pero salgo con una energía renovada. Es mucha la energía de los otros, la que te alimenta para trabajar. El privilegio de dedicarte a lo que te gusta, viajar, conocer lugares, conocer gente me hace levantar por la mañana y salir corriendo para no llegar tarde donde tengo que ir.

NTD: ¿Alguna obra por la que sientes especial predilección que le queda por dirigir o interpretar?
C.T.:
 Me queda todo (risas). Te puedo decir que hay dos autores que para mí son esenciales que son Chéjov y Beckett. No sé si alguna vez los dirigiré pero sí son mi alimento.

NTD: Díme por favor cuál ha sido el último libro, la última película y la última obra que le han llegado al corazón.
C.T.:
 En la sala Pradillo, vi la obra de un argentino, Pablo Messiez, que se llama Muda y que es excelente. Una obra que me encanto. En cine, vi El silencio de Lorna que me gustó muchísimo y la lectura la tengo un poco atrasada. Con todo lo del teatro, leyendo y adaptando textos, ahora me voy a dedicar a leer por ocio y por placer. Lo último que leí fue Lo bello y lo triste, de Kawabata. Ahora me tengo que poner un poco al día.
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Todos eran mis hijos de Arthur Miller. Dirección: Claudio Tolcachir. Foto: Jean Pierre Ledos
Todos eran mis hijos de Arthur Miller. Dirección: Claudio Tolcachir. Foto: Jean Pierre Ledos
Todos eran mis hijos de Arthur Miller. Dirección: Claudio Tolcachir. Foto: Jean Pierre Ledos
quién es

Claudio Tolcachir tiene apenas treinta y cinco años y ya cuenta con una experiencia abrumadora en el sector teatral. Actor, director y dramaturgo, vino a España hace tres años con su exitosa creación La Omisión de la familia Coleman. Desde entonces se ha convertido en un referente internacional. Además, es fundador y profesor del grupo Timbre 4 en Buenos Aires. La guinda del pastel le ha llegado con una oferta del Teatro Español: adaptar y dirigir la obra de Arthur Miller Todos eran mis hijos.

por qué

Porque nos encandiló nada más pisar nuestro país. Primero con su particular familia Coleman, luego con Tercer Cuerpo y ahora dirigiendo Todos eran mis hijos. Pronto volverá para presentarnos más trabajos de cosecha propia y nosotros estamos encantados. También porque le fascina el teatro en todas sus vertientes. Claudio Tolcachir desprende entusiasmo por los cuatro costados y se lo contagia a todos. Además, apuesta por el circuito independiente desde sus inicios. ¿Qué más se puede pedir?

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