Un texto depurado, unos buenos actores, una escenografía concisa, música, juego de luces, entradas y salidas sin entrar ni salir, sino dentro; identidad, cuerdas del tiempo, del espacio, y un nivel de contención y estallido equilibrados en la reflexión de un pasado vivido a solas y compartido en un común presente, también a solas; son algunos de los recursos teatrales que vuelven a enamorarnos de una pieza en el Teatro Guindalera de Madrid. Presentando una complejidad extrema en la trama y en sus fundamentos, pero resuelto con una nítida sencillez estructural y escénica, asistimos a una representación límpida e impecable, trabajada en la dicción, en el gesto y en la continencia tensa que se desprende de un texto tan lírico como inquietante y de perspectiva psicológica tan paradójica como aciaga. Brian Friel suele dejarse llevar (aunque no por inercia, sino con un interés científico y casi obsesivo) por el entramado psicológico de sus personajes en monólogos que escarban y destapan lo conocido, lo desconocido y sus contradicciones; algo que en esta obra cobra una dimensión sostenida y conmovedora por el propio lugar y la esencia de sus personajes. Y Juan Pastor, que lo sabe, se aprovecha de ello para hacer precisamente teatro. Para enseñarnos a dudar, para enseñar a conocernos y a conocer. Sin mayor pretensión que la de hacer teatro.
Molly Sweeney es ciega desde los diez meses. Melancólica, recuerda su felicidad instalada en la claridad de un mundo a oscuras que conoce con todos sus sentidos menos el de la vista. Le acompañan su marido Frank y su médico el Dr. Rice. Aunque comparten escenario con ella, sólo ocasionalmente tangenciales en dimensiones espaciales y temporales, coincidentes y vibrantes; nos ofrecen las visiones complementarias a estas memorias a partir de sus recuerdos, sus obsesiones, sus recelos y sus anhelos; de alguna manera vertidos sobre la pureza del personaje principal, intercediendo en sus impulsos. Por eso Molly se somete a una operación, para abrir los ojos al mundo y acariciar la luz. Pero será la posibilidad de verlo la que apague su propio destello y, perdiendo su vigilancia a nuevos engramas y ecos confusos de perfume de nemófila, le condene a la oscuridad de su ajeno mundo. En un cuento de identidad y ceguera, de tiempos y espacios. De psicología analítica y de puro teatro.
Te invitamos a ver la obra el próximo 15.10. Haz clic aquí y participa para ganar tu invitación doble.
Nombre del montaje: Molly Sweeney
Disciplina: Teatro
Director: Juan Pastor
Autor: Brian Friel
Reparto: María Pastor, José Maya, Raúl Fernández
Dónde: Teatro Guindalera
Dirección: Martínez Izquierdo, 20
Tlf: 91 361 55 21
Hasta: Hasta el 29.11
Horario: De jueves a domingos a las 20h.
Precio: 16€. 14€ con descuentos (jubilados, estudiantes, vecinos). 12€ jueves (día del espectador)
