6 octubre, 2015. Por

Reikiavik

Teatro Valle-Inclán. Madrid
Reikiavik, de Juan Mayorga, una función sobre el ajedrez y la vida
Reikiavik

Jaque Mate. Que la vida se parece a una partida de ajedrez ya nos lo han dicho, desde Bergman y su Séptimo Sello hasta Kasparov y sus libros. Pero ahora uno de los mejores dramaturgos que tenemos en escena (en este caso también dirigiendo) nos lo vuelve a recordar, ganando de nuevo la partida y esta vez en versión de juego teatral. Y es que Juan Mayorga acaba de estrenar Reikiavik en el Teatro Valle-Inclán. Y allí debería acudir cualquier fanático del ajedrez, del teatro o de la vida misma.

Un tablero de ajedrez pintado en la mesa de un parque. Dos hombres, bautizados con los seudónimos de dos batallas napoléonicas (Waterloo y Bailén) que juegan y (re)interpretan, sin conocer sus nombres verdaderos. Y un chaval que asiste a la representación del denominado duelo del siglo, la partida que jugaron en el 72 el estadounidense Bobby Fischer y el ruso Boris Spasski en la capital islandesa para disputarse el campeonato del mundo de ajedrez. Un enfrentamiento que no sólo ponía frente a frente a los dos mejores jugadores de ajedrez jamás habidos, sino a dos formas de entender el mundo, a oriente y occidente, en plena Guerra Fría. Y Mayorga construye con este material (que en principio podría resultar algo árido) una fábula vital, un ejercicio puramente teatral en el que las referencias vuelan, al igual que sus protagonistas se lanzan los diálogos en un torbellino interpretativo tremendamente complejo.

César Sarachu y Daniel Albaladejo, que ya fueran compañeros en la televisiva Camera Café, son los protagonistas. Y son conocidos televisivamente hablando, pero también grandes actores teatrales: Sarachu ha trabajado con el mítico Peter Brook o con la compañía británica Complicité en montajes impresionantes como The master and Margarita (libro que, por cierto, también sale a relucir en este montaje) y Albaladejo está más que curtido teatralmente hablando en numerosos montajes clásicos. Y aquí demuestran su talento en un ejercicio que deja con la boca abierta, emocionando y desdoblándose una y otra vez en múltiples papeles, en un juego de matrioshkas rusas interpretativo que llega a un registro casi clownesco en ocasiones. Y es que además la energía desbordante del personaje de Waterloo/Fischer/Sarachu encuentra el equilibrio perfecto en la aparente dureza pétrea de Bailén/Spasski/Albaladejo, siempre además ante la atenta mirada de un chico llamado a ser el heredero, interpretado de forma muy tierna y delicada por Elena Rayos.

El caso es que Mayorga vuelve a demostrar una vez más (después de ese El chico de la última fila o La lengua en pedazos) su capacidad para crear universos complejos pero a la vez fascinantes y emotivos, jugando a toda velocidad en una partida teatral mágica y sugestiva. Aunque, por poner un pero, en algunos momentos se puede hacer algo largo (aunque tampoco le viene mal para reflejar la obsesión en la que están sumergidos sus personajes) y es cierto que tal vez no sea apto para todos los públicos (algún que otro espectador huyó de la sala en una muestra bastante poco sutil de falta de educación). Aún así, una maravilla. Un espectáculo/juego de múltiples capas para que cada espectador mueva ficha en su interpretación de forma diferente. Otro jaque mate de Mayorga.

Reikiavik

+ INFO

Nombre del montaje: Reikiavik

Disciplina: Teatro contemporáneo

Director: Juan Mayorga

Autor: Juan Mayorga

Reparto: César Sarachu, Elena Rayos y Daniel Albaladejo

Escenografía y vestuario: Alejandro Andújar
Iluminación : Juan Gómez-Cornejo
Imagen: Malou Bergman
Espacio sonoro : Mariano García
Ayudante de dirección: Clara Sanchis

D�nde: Teatro Valle-Inclán. Sala Francisco Nieva

Direcci�n: Plaza de Lavapiés, s/n. Madrid

Hasta: 01.11

Horario: De martes a sábados, a las 19.00 h Domingos, a las 18.00 h

Precio: 24 euros. Miércoles día del espectador

Venta de entradas: cdn.mcu.es