28 enero, 2013. Por

Blackbird

Teatre Lliure-Gràcia. Barcelona
Lluís Pasqual dirige Blackbird, de David Harrower, en el Teatre Lliure-Gràcia
Blackbird

Tras la más conocida Dubte (en la que las dudas de pederastia se ciernen sobre un cura demasiado amable con los jóvenes estudiantes) y la original El principi d’Arquímedes (que pone sobre la mesa los límites de la sobreprotección y la moralidad), Lluís Pasqual ha estrenado en el Lliure de Gracia Blackbird, del escocés David Harrower. Una obra contundente, no apta para todos los estómagos. Una pieza íntima, durísima, capaz de marcar un silencio incómodo en la platea y que te encoge el corazón.

Basado en el caso real de un ex-marine norteamericano, el montaje nos plantea el reencuentro, quince años después, de Una, una niña de doce años y Ray, su supuesto abusador, un hombre de cuarenta años, amigo de la familia. Un encuentro lleno de dolor, angustia y muchas preguntas sin respuesta, que tiene lugar en un especie de almacén, un espacio frio, con una escalera mecánica, unas taquillas y mucha basura llenando el espacio (gran metáfora de la mierda interior que los personajes acumulan en su interior).

Aunque este arranque, por sí sólo y por la temática que trata, ya puede echar para atrás a muchos espectadores sensibles, es importante avisarles, a ellos y a cualquiera que esté pensando en ver Blackbird, que este encuentro será capaz de llevarle hasta un territorio desconocido, fuera de los tópicos, capaz de cuestionar, sin juzgar, muchos dogmas, creencias y supuestas moralidades que tenemos arraigados y que nadie se atreve a plantear.  Así pues, y sin engañar a nadie, es cierto que es una obra incómoda, nada fácil. Pero es precisamente esa capacidad de no quedarse en la superficie, de desgranar poco a poco la peculiaridad de los protagonistas, reconstruyendo una historia inacabada, e ir más allá en los planteamientos clásicos de la pederastia lo que la hace tan atractiva.

Poco más se puede contar, pues precisamente es la sorpresa de los caminos desconocidos por los que nos arrastra Harrower uno de sus atractivos. Con las luces abiertas en platea, los espectadores asistimos a un debate colectivo sobre la legalidad y la moralidad de lo que está permitido y lo que no, sobre la marca que deja el estigma del abuso en el exterior y el dolor íntimo. De la acusación y los reproches se pasa al reencuentro con el pasado para volver de nuevo a las dudas y descolocarnos una vez más.

Si a este argumento, íntimo, basado en el puro diálogo lleno de verdad, le sumamos dos actores en estado de gracia, poco más puede aportar el director. Estamos seguros que Lluís Pasqual, en los ensayos, ha disfrutado como nunca con la entrega, la fuerza y los matices de las brillantes interpretaciones de Jordi Bosch y Bea Segura. Tras sustituir fantásticamente a Anna Lizarán (cómo echaremos de menos esta maravillosa actriz) en La Bête, muestra aquí un registro muy diferente, y nos lo creemos e incluso sufrimos por él. Segura, menos habitual en el teatro, demuestra una madurez como actriz impresionante, y es capaz de mantener el duelo y mostrar toda la rabia, frustración y contradicciones de su personaje. Imprescindible.

Blackbird

+ INFO

Nombre del montaje: Blackbird

Disciplina: Teatre contemporáneo

Director: Lluís Pasqual

Autor: David Harrower

Reparto: Jordi Bosch, Bea Segura

Traducción del inglés: Júlia Ibarz
Ayudante de dirección: Juan Carlos Martel Bayod
Alumno en prácticas de dirección del Institut del Teatre: Héctor Mora
Con la colaboración de: Luara Mateu y Carla Vives
Producción: Teatre Lliure
Agradecimientos: Paco Azorín

Direcci�n: Carrer Montseny, 47. Barcelona

Hasta: 10.02

Horario: De martes a viernes a las 20:30h; sábados a las 21h; domingos a las 18h

Precio: 30,25 €; 21,30 € (miércoles, día de espectador); 25,75 € con descuento

Venta de entradas: www.teatrelliure.cat