20 enero, 2012. Por

El montaplatos

Matadero. Madrid
La compañía Animalario baja al Matadero en El montaplatos de Harold Pinter
El montaplatos

El espectador entra en la sala. Humo. Penumbra. Plásticos negros cubren el suelo, las paredes y hasta las butacas. La penumbra se convierte en oscuridad. La función comienza. Un zumbido empieza a levantarse como fondo sonoro. Una luz fantasmal se cuela a través de las rejillas del techo, apenas suficiente para distinguir a dos figuras sobre sendas camas. Son un par de hombres que dormitan. Uno se remueve. Vuelve a estar tranquilo. El otro se incorpora. Se vuelve a tumbar. A continuación el primero se levanta y se frota la cara nerviosamente. Tose. Se acuesta… Y así continúan intermitentemente hasta pasados unos minutos. Es el comienzo de El montaplatos, de Harold Pinter, lo nuevo de la compañía Animalario, que se ha estrenado en el Matadero de Madrid. Un punto de partida lo suficientemente sugerente para crear una atmósfera inquietante. Esos dos hombres son Ben y Gus, y se encuentran encerrados en una sótano a la espera de algo que en un principio no se sabe muy bien qué es. Momentos más tarde descubriremos que son asesinos a sueldo esperando órdenes y un objetivo al que eliminar. Sin embargo en un punto dado descubren un montaplatos por el que empiezan a enviarles pedidos de comida. Parece que el lugar en el que permanecen fue con anterioridad un restaurante, ahora en inactividad. Los personajes empiezan en ese momento a obsesionarse por estos extraños y absurdos encargos que no saben de dónde proceden ni quién los envía pero a los que creen deben hacer caso. El montaplatos es una metáfora sobre la servidumbre y las relaciones de poder. Una pesadilla cómica, según el propio Andrés Lima, encargado de la dirección, contundente y angustiosa a la par que divertida. 

Y Alberto San Juan y Guillermo Toledo son Ben y Gus, los dos asesinos que mantienen una tensa pero inevitablemente cómica relación entre ellos. Uno adoptando el rol de siervo y el otro el del amo. Los dos conocidos actores mantienen el ritmo de la función en niveles óptimos y ésta se beneficia de la evidente complicidad entre ellos, que hace aflorar en numerosas ocasiones la sonrisa en el espectador. A medida que la obra avanza, la tensión se hace más patente y lo absurdo de la situación enrarece el ambiente de una forma en la que Pinter es maestro. Como en el Esperando a Godot de Samuel Beckett, dos personajes esperan y esperan, sin saber muy bien qué es lo que va a pasar a continuación. Pero el absurdo manifiesto de Beckett se transforma en un realismo enrarecido y oscuro en Pinter, que critica los roles sociales y las absurdas servidumbres que se crean en las relaciones de poder. Poco a poco los personajes, ya de por sí inestables, se van introduciendo en una espiral de locura a medida que los pedidos bajan por ese montacargas. Los elementos de la puesta en escena están utilizados de forma muy inteligente para crear la atmósfera precisa. Como elemento fundamental, la escenografía de Beatriz San Juan, que siendo extremadamente simple es altamente impactante. Sin olvidar un excelente diseño de iluminación muy atmosférico que ayuda a crear el ambiente necesario. Y un diseño de sonido que contribuye también de forma fundamental a crear un continuum sonoro de sutiles ambientes y estruendosos efectos que llegan a crear en determinados momentos una ansiedad en el espectador cercana a la de los protagonistas. Los actores se mueven además en un escenario atípico, flanqueado en dos laterales por las gradas de los espectadores, en un ir y venir que consigue que el ritmo no decaiga en ningún momento. 

Curiosamente, dos montajes de Andrés Lima cohabitan en las salas madrileñas en estos días. Un par de espectáculos que, según él mismo, podrían ser complementarios: el ying y el yang, Elling el blanco y El montaplatos el negro. En el primero, la comedia dramática de Ingvar Ambjorsen, es la complementariedad el elemento motor de la vida de los personajes y la exaltación de la amistad su motivo central, con la esperanza como conclusión. El que nos ocupa, El montaplatos, se erige en una crítica despiadada contra las relaciones de poder, también con dos personajes como protagonistas, y asimismo complementarios. Pero en un sentido más parecido a como podían ser complementarios Caín y Abel. Con la lucha absurda por la servidumbre como protagonista y un tono desesperado. Dos espectáculos. Una moneda con dos caras que a la vez se dividen en otras dos. Cuatro ejemplos de peculiares personajes en un par de críticas que nos hacen pensar. Y que hay que agradecer que convivan en cartelera.

El montaplatos

+ INFO

Nombre del montaje: El montaplatos

Disciplina: Teatro contemporáneo

Director: Andrés Lima

Autor: Harold Pinter

Adaptaci�n: Alberto San Juan

Reparto: Alberto San Juan, Guillermo Toledo

Escenografía y vestuario: Beatriz san Juan
Diseño de iluminación: Valentín Álvarez
Diseño de sonido y música: Nick Powell
Producción: Animalario

D�nde: Naves del Español. Matadero

Direcci�n: Paseo de la Chopera, 14. Madrid

Hasta: 11. 03

Horario: De martes a sábados a las 20.30 horas. Domingos a las 19 horas

Precio: 22 €. Martes y miércoles: 25% dto.

Venta de entradas: www.telentrada.com