Transit

Sala Cuarta Pared. Madrid

Un banco formado por valijas de madera recibe tras una cortina a los protagonistas de Transit, un auténtico experimento de laboratorio que purga en silencio y eclosiona en catarsis, estrenado ayer en la sala Cuarta Pared para el deleite de los que gozamos del teatro alternativo, de la tentativa y de la verdad teatral en tanto que ésta nos ubica y representa. De la comunicación en tanto que es el instrumento, no sólo el lenguaje, mediante el cual interactuamos. De lo no verbal y de lo no entendido, pero sí captado. De la acción, del movimiento, de la corporeidad e incluso del volumen y la plasticidad. Del código y del género que nos permite reír si hay que hacerlo o estremecerse obedientes al reflejo si el gesto lo requiere. Del símbolo que somos y de la metáfora que escenificamos; de la lágrima y la risa. De eso que nos permite generar un espacio del ser y delimitar un espacio del otro. Y a varias voces. Una torre de Babel donde, más allá de las palabras, la polifonía de acentos y la competencia políglota, el hecho teatral es en sí mismo la clave y la llave para un clímax mágico de entendimiento. Siete personas conforman el elenco y se van retraídamente ubicando sobre ese banco, pero sólo seis están de momento en escena. Más allá de la configuración de estos grandes cajones estandarizados que modularmente organizan y desorganizan el espacio de ninguno y de todos, hay una maleta que se mueve y nos descubre en su interior al séptimo de los inmigrantes que acaban de encontrarse, en tránsito, sobre un escenario. 

Nueve idiomas conviven, se solapan, se retuercen, se canturrean, se estiran, se desgañitan y se espetan en esta obra del argentino Marcelo Díaz y da igual los que uno domine desde la grada, porque la barrera idiomática deja de serlo ante el suceso escénico que representa una multiculturalidad que se desenvuelve capaz y que supera el ruido que el prejuicio y la procedencia generan. En este tránsito inmigrante continuo, que también es un trance que no tiene origen ni tiene destino, asistimos a la soledad y a la compañía, a las despedidas y a los encuentros, a la ocasión y al bloqueo. Al vacío y a la plenitud. A la añoranza y al miedo, a la frustración y a la confusión sin dejar de lado el humor y la ironía, el tópico, los lugares comunes y la retórica en un ensayo experimental que es el primer producto del Espacio Teatro Contemporáneo (ETC), un espacio de investigación escénica creado por Cuarta Pared. Y una propuesta única sobre la naturaleza del ser y de la indeferencia del estar (en Taiwán, Marruecos, Suiza, Nigeria, Rumanía, Brasil y Bielorrusia). Porque igualmente lo hacemos: nos entendemos.

Fotos: Berta Delgado

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