1 octubre, 2010. Por

Días estupendos

Teatro Valle-Inclán. Madrid
Días estupendos o los reflejos nostálgicos de la pérdida del verano, por Alfredo Sanzol
Días estupendos

Tengo ganas de fiesta de que acabe el invierno de volver a nadar en el mar, de soñar el verano en el que fuimos novios y poderle cambiar el final. Estos versos de Family, como muchas otras canciones sobre el verano, tienen a la pérdida y a la nostalgia como argumentos con los que a cualquiera le resulta sencillo sentirse identificado. Con una lírica diferente -que pasa del sabor no sólo salado, sino musical y evocativo, de Verano azul a Mi Jaca y a todo el repertorio más entrañable (sí, entrañable) de Mocedades– y con muchísima gracia, hacia este sentimiento de añoranza por el verano, así como por la divina inocencia, nos traslada el espíritu de Días estupendos. De hecho, y como tiene por costumbre su melómano autor, con canciones esta obra arranca y culmina al lado de ese árbol maduro, un grupo de piedras en el giro de un camino y todo lo que la panorámica que cubre el fondo de la cuarta pared de la Francisco Nieva nos deja ver. Jugando con esa desazón otoñal y esa melancolía trabaja Alfredo Sanzol en su nueva propuesta que se estrenó la semana pasada en el Teatro Valle-Inclán. Y jugando con gran lucidez, agilidad y un inacabable sentido del humor (no es fácil reírse durante más de hora y media seguida a día de hoy) propone un desfile de dieciséis sketches encabalgados en los que sus cinco camaleónicos protagonistas pasan de ser el pastor paleto de pueblo a un guardia civil con tricornio; de una guiri haciendo nudismo a una madre hablándole a su feto; de ser un etarra a un tímido enamorado o de un pajillero empedernido a un torero que llora desconsoladamente la muerte de su gato. Con ellos consigue que el espectador se asome a sí mismo y se ría (cómplice) de su propia absurdez, ésa que reconoce como suya en muchos de los momentos vacíos y de los momentos llenos que nos recuerda este montaje y que cualquiera ha vivido. Reacciones impulsivas, excesos de seguridad pasajeros, aventuras e infidelidades, más zorreo de la cuenta, aspavientos inconcebibles, fantasías proyectadas y una procesión de pulsiones a cada cual más precisa y desatinada. Lo que tiene el verano (de la vida). 

De esa ruptura con la rutina y con lo más robótico de nosotros mismos y del peligro (o no) que entraña, de esa libertad y de esa vuelta a ser niños y a perder el miedo que nos habita todo el curso nos habla Sanzol en esta tercera parte de una trilogía espontánea que ya empezara con Risas y destrucción y Sí, pero no lo soy. Nos propone así un viaje a los tiempos de mocedad y a los recuerdos. Sin vergüenza, con hilaridad. Y lo hace en tono festivo, desparpajado y surrealista para recordarnos, cuando ya los dejamos atrás en octubre, que todavía existen esos Días estupendos, que qué gozada es dejarse inundar por ellos y que a muchas historias todavía se les puede cambiar el final.

Días estupendos

+ INFO

Nombre del montaje: Días estupendos

Disciplina: Teatro contemporáneo

Director: Alfredo Sanzol

Autor: Alfredo Sanzol

Reparto: Paco Déniz, Elena González, Natalia Hernández, Juan Antonio Lumbreras, Pablo Vázquez

Escenografía y vestuario: Alejandro Andújar 
Iluminación: Baltasar Patiño 
Diseño de sonido y música original: Fernando Velázquez

D�nde: Teatro Valle-Inclán

Direcci�n: Plaza de Lavapiés, s/n

Hasta: 31.10

Horario: De martes a sábados a las 19h. Domingos a las 18h.

Precio: 15€

Venta de entradas: www.servicaixa.com