Tórtolas, crepúsculo...

Teatro Valle-Inclán. Madrid

Tórtolas, crepúsculo y... telón no es una obra al uso, resulta difícil encasillarla en un género ya que adopta varias caretas a la vez. Podría ser, bajo su apariencia, una mera comedia un tanto facilona o un espectáculo de estética barroca. Pero son sus personajes más secundarios los que aportan el toque surrealista, excitante y casi cabaretero que requiere la obra. Aunque su autor y director, Francisco Nieva, incide en la importancia del texto y recalca que Tórtolas, crepúsculo y... telón sigue la línea del teatro de la palabra, resulta más interesante detenerse en la construcción de algunos personajes. Aquí el público no es público, el público es verdugo. Interviene a su antojo, participando en una función fantasma, “representada” en un teatro en ruinas. Irrumpe así una galería de personajes dispuestos a dar o no su beneplácito a una obra inexistente que “representa” una compañía de comediantes perdida en el viejo teatro de un pueblo. Para los comediantes todo es una auténtica pesadilla mientras que para el público todo es teatro moderno, sí, ese teatro moderno donde a veces no hacer nada es hacerlo todo. Parece que Nieva aprovecha su momento para burlarse en cierto modo de un nuevo teatro sin sustancia, sin ley ni fundamentos donde el actor es preso del público... o quizás no. Puede que simplemente invite al espectador a emitir su propio juicio sobre el futuro del teatro, sobre la frontera entre el público y el escenario o más importante sobre el rol del espectador en la obra. ¿Activo o pasivo?

¿Lo mejor? El personaje interpretado por Manuel de Blas, una especie de conserje-guardián del teatro casi sacado de una película de terror. Los demás personajes sacados de los palcos son igualmente dignos de ver, ellos aportan vida, ritmo y frescura a una obra que se estanca por momentos. Por otro lado, cabe destacar el papel de Esperanza Roy aunque su voz y su energía sufren de altibajos a lo largo de la obra, y la gracia de Ángeles Martín como la criada que soñaba con ser actriz. Finalmente, sería muy injusto no mencionar al equipo de vestuario y escenografía, entre otros, que ha realizado un trabajo magnífico. Tórtolas, crepúsculo y... telón es ante todo una obra coral, desigual en su ritmo y texto, pero con ideas y personajes tan curiosos que valdría la pena conocerlos aunque sólo fuese para añadir una dosis de locura a nuestras vidas.

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