Hay textos que son un puñetazo directo a nuestra conciencia, reflexiones que, a pesar de estar al límite del sermoneo, nos remueven por dentro y hacen que la butaca del teatro sea un lugar incómodo. Y los del dramaturgo y actor estadounidense Wallace Shawn son una muestra de ello. Carlota Subirós, que ya trasladó a escena la exitosa Marie i Bruce, se enfrenta ahora al monólogo La Febre (The Fever), en el que Eduard Farelo repite como protagonista.
Un hombre solo, insomne y enfermo pasa una terrible noche con fiebre en la habitación de hotel en un país pobre, en plena revolución. Sabe que por la mañana habrá un asesinato político frente a su ventana. sumergido en la miseria. La agonía y el deliro llevan a este hombre a una espeluznante reflexión sobre las razones de la pobreza y la responsabilidad que tenemos los que vivimos cómodamente. Un viaje interior que se convierte en un torrente de emociones contenidas y explosivas, turbadoras e incomodísimas, una especie de Corazón en las tinieblas en el que el espectador se convierte, muy a su pesar, en Kurtz. Eduard Farelo, al que nos gustaría ver mucho más a menudo en los escenarios, se enfrenta con maestría al texto. Solo, en un Espai Lliure ocupado tan solo por una butaca roja, un libro del mismo color y un simple pero inteligente juego de luces, desgrana con infinidad de matices desde la emoción de los recuerdos felices hasta el sufrimiento y la frustración inagotables e inevitables. Darse cuenta del porqué de las cosas y saber que uno ni quiere ni puede hacer nada para cambiarlas sumerge al personaje en una elaboradísima y al mismo tiempo descarnada reflexión. Farelo consigue, con su magnífica interpretación, trasladarnos el malestar de su personaje. La dirección de Subirós es excelente precisamente porque su huella no se nota apenas en la función, que tiene la sobriedad y la simplicidad que el texto pedía. El resultado final es tan impecable como perturbador. Es cierto que la reflexión se sitúa en el límite del sermoneo y la moralina, y de tan redonda se convierte en incoherente, pero está claro que La febre no está recomendada para quien huye de la introspección. Aunque, la verdad, conmocionarse con esta obra tampoco va a arreglar nada…
Nombre del montaje: La febre
Disciplina: Teatro contemporáneo
Director: Carlota Subirós
Autor: Wallace Shawn
Adaptación: Marc Rosich
Reparto: Eduard Farelo
Duración: 1 hora 30 minutos
Iluminación: Mingo Albir
Espacio escénico y vestuario: Silvia Delagneau
Fotografía: Ros Ribas
Dónde: Espai Lliure (Teatre Lliure)
Dirección: Plaza Margarida Xirgu, 1. Barcelona
Hasta: 28.03
Horario: Miércoles a viernes a las 21h.; sábado a las 17.30h. y a las 22h.; domingo a las 18.30h.
Precio: Miércoles: 15 € (día del espactador); resto de días: 24 € (5 € de descuento con Carnet Jove, + 25, estudiantes, jubilados, parados, grupos a partir de 15 personas y personas con disminución)
Venta de entradas: www.telentrada.com
