El arte de la comedia

Teatro Español. Madrid

Hace unos meses el Teatro de La Abadía celebraba sus primeros quince años presentándonos El arte de la comedia. No pasaron ni seis meses y ya la echábamos de menos. Por eso, el Teatro Español la recupera pocos meses más tarde dentro de la programación escénica de los Veranos de la Villa. La obra del italiano Eduardo de Filippo es una pieza que descompone las entrañas de la interpretación resaltando la precariedad del oficio de actor y su importancia en el seno de la sociedad. Aunque El arte de la comedia se estrenó por primera vez en 1964 y con desacuerdos procedentes de las autoridades locales de Nápoles, no pierde vigencia en la actualidad por las cuestiones que aborda. Esta obra es un desfile de personajes, cada cual más rocambolesco (desde luego muy típico del sello italiano) con historias inverosímiles y una misión específica: demostrar a las autoridades políticas que detrás de las apariencias hay muchas historias sin resolver, situaciones injustas e ignoradas. Ya sabemos que, a menudo, los políticos parafrasean sin conocer ni siquiera una ínfima parte de los dramas personales que acontecen un día sí y otro también en las calles de nuestras sociedades. Pero ahí no queda la cosa, porque esta galería de personajes representa también a un gremio, los actores. Éstos, antiguamente designados como “saltimbanquis”, “extravagantes” o “raros” personajes que van de ciudad en ciudad transmitiendo su saber, su ilusión y siendo desde siempre la voz del pueblo, el ojo crítico de la sociedad.

El arte de la comedia
es también una reflexión sobre la utilidad de este gremio, sobre su falta de reconocimiento a nivel legal y político y ahí entramos nosotros, el público, para gritar alto y claro que sí, son imprescindibles los actores y dramaturgos, que sin ellos la vida sería más grisácea, más insípida, que ellos nos hacen reír y llorar, evadirnos hacia mundos insospechados y reflexionar sobre nuestras vidas. Ellos son y serán siempre un eslabón esencial de nuestra sociedad. Pero volviendo a la obra en sí, resulta inevitable comentar las buenas interpretaciones de Enric Benavent como director de una compañía de cómicos, Pedro Casablanc como Gobernador y representante de las autoridades legales y su secretario, el actor José Luis Alcobendas. Fuera de este trío, encontramos altibajos: grandes momentos de comedia y monólogos más bien pesados con exceso de palabrería. Carmen Machi aparece y desaparece de la misma forma, dando vida a un personaje muy efímero y poco útil para el resto de la trama. Los demás, algunos mejores y otros peores, sostienen a través de sus personajes demasiado peso entre sus manos. Quizás por ello, la obra se haga un pelín larga en ocasiones determinadas. Sin embargo, nada mejor como una oda al teatro y a sus componentes para aguantar el tirón de un caluroso verano en un espacio tan mítico como indispensable como el Teatro Español. ¡Que viva la comedia!

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Almudena 3/01/2011, 17:59
Una obra magnifica: Dinamica, divertida, con un excelente reparto, excelente interpretación. Representa la calidad teatral. Algo a lo que nos tiene acostumbrados La Abadía. Sin duda, la volvería a ver.
Irene 29/12/2010, 23:40
Maravilloso elenco, grandioso texto. La he visto dos veces y siempre que termina la primera parte me río como una niña al pensar lo que se le viene encima al gobernador.

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