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Con el férreo interés de seguir mostrando el teatro de Brian Friel, Juan Pastor continúa sorprendiéndonos con su compañía en el madrileño Teatro Guindalera. Volvemos a una de nuestras salas favoritas y volvemos a encontrarnos, de frente (aunque con un contacto menos doliente que con Molly Sweeney), con las investigaciones psicológicas del autor irlandés, amante obsesivo de la psique humana y de los recovecos y resultados obtusos y clarividentes de los procesos que ésta atraviesa. Y, una vez más, asistiendo a un ejercicio cuidado y artesanal, puro, como al que nos tienen acostumbrados en este teatro, volvemos a quedarnos prendados con la narración y su punto de vista y referencia, con la gestualidad y la interpretación y con un nuevo montaje que nos mece ahora suave y después catárticamente, a través de los recuerdos de Michael Evans y sus alusiones convenientemente articuladas de aquellos días Bailando en Lughnasa.
Por aquel entonces tenía siete años y sus recuerdos, como narrador, tienen ya el soslayo propio de cualquier ejercicio memorístico y selectivo que cualquiera haríamos con tal de ahorrarnos el escozor del sufrimiento. Un ejercicio que tiende a evitar el colapso del drama más intenso, pero cuyo repaso y presentación, aunque sea de forma sosegada, resulta tan punzante e hiriente como si obviase una inteligente elipsis que evita el horror. Así conocemos a su madre y a sus tías con las que vivía en Ballybeg allá por 1936. Y el aura de cierta frustración y sometimiento que retrata a la mujer irlandesa de entonces, sólo libre y escapista con el impulso del baile cuando la vieja radio parece sintonizar esa frecuencia. Como si de una cinta de dogma se tratase, pero con la pulsión y vivacidad teatral, asistimos a los capítulos de felicidad e ilusión, de miserias y patetismo, de tensión y distensión que cruzaron el paisaje de una familia y el interior de una casa. Los que zozobran y mutilan a Chris, a Kate, a Rose, Maggie y Agnes en el mundo que habitan y deshabitan. Los que resuenan en la mente Michael. Los que se quedan. Y, asombrados otra vez, dejándonos llevar por vaivenes de un baile liberador que también nos contrae por dentro, asentimos en lo más primitivo del ser humano. Allí, Bailando en Lughnasa.

Nombre del montaje: Bailando en Lughnasa
Disciplina: Teatro
Director: Juan Pastor
Autor: Brian Friel
Reparto: Raúl Fernández, Victoria dal Vera, Elia Muñoz, Yolanda Robles, Carmen Gutiérrez, María Pastor, Álex Tormo, Juan Pastor
Música: Escuela de Nuevas Músicas
Coreografía: Elvira Sanz
Espacio escénico: Juan Pastor
Vestuario y ambientación: Teresa Valentín-Gamazo
Iluminación: Pablo Jaenicke y Sofia Perez Arrabal
Técnicos: Manuel Benito y Mario Puluche
Producción: Teresa Valentín-Gamazo
Dónde: Teatro Guindalera
Dirección: Martínez Izquierdo, 20 Madrid
Hasta: 28.02
Horario: 20h.
Precio: Jueves: 12€. Viernes, sábados y domingos: 16€
Venta de entradas: www.entradas.com


