Tito Andrónico

Animalario arrasa con todo


Cruel, sanguinaria, aterradora, impactante, son pocos los adjetivos que definan a la perfección al Tito Andrónico de Animalario. La verdad es que no se esperaba menos de esta compañía liderada por Andrés Lima y que, en los últimos años, ha demostrado tener una enorme destreza y creatividad en las tablas. Animalario ha cosechado numerosos éxitos, ganado miles de adeptos, sus intérpretes son grandes conocidos del público y sin embargo, su secreto va más allá y reside en su manera tan especial de abordar los textos, desde una obra de Shakespeare a otra de Juan Mayorga, sin tapujos sin tabúes sacudiendo al espectador, vacilándolo. Animalario juega con todo y con todos, bien sea el público, los personajes, el texto, la escena. En definitiva, rompe con los esquemas habituales a los que nos hemos malacostumbrado.

Pocas veces sale uno del teatro tan desconcertado, desestabilizado, incómodo y el que logre salir indemne será probablemente porque ya no le afecte en absoluto la violencia. ¡Horror! Porque Tito Andrónico es un reflejo de nosotros mismos, de nuestra violencia, de nuestra bajeza humana y de nuestros impulsos animales. Shakespeare decidió dibujar un retrato cruel del ser humano diseccionándolo pieza por pieza, y Tito es desde luego la tragedia más sangrienta del dramaturgo inglés. Escrita entre 1593 y 1594, la primera puesta en escena de la que se tiene constancia tuvo lugar en el Rose Theatre el 24 de enero de 1594. A partir de 1660, dejó de representarse por considerarse demasiado violenta. A principios del siglo XX, volvió a ocupar su sitio en el seno del amplio y prolífico legado de Shakespeare. La obra, ubicada en la época de la caída del Imperio Romano, sigue teniendo hoy la misma contemporaneidad, es una simple metáfora de “cómo nos devoramos unos a otros”. Para el director Andrés Lima, parece un festín entre bestias pero, en realidad es un festín entre seres muy civilizados. Uno puede encontrarse con fragmentos de la obra de Tito Andrónico en el periódico del día, en el trabajo, en su propia familia… Ante tanta brutalidad, Andrés Lima prefiere apostar por la belleza y la estética. Comenta lo siguiente: “El retrato que Shakespeare hace del ser humano en Tito Andrónico es tan cruel como sus propios personajes. Pero es en sí mismo, en su escritura, en su ironía, en su sentido del humor la esperanza de la obra. Cómo se cuenta Tito Andrónico es la alternativa a tanta brutalidad.” 

Parece un festín entre bestias, pero es un festín entre seres muy civilizados (Andrés Lima)


Andrés Lima se marchó a Colombia con Alberto San Juan para impartir ahí un taller y aprovechó la oportunidad para trabajar con los actores locales sobre el significado de la violencia y sus vertientes enfrentándose así a otra manera de ver y vivir la violencia. A posteriori, muchos de los ensayos se centraron en el trabajo exhaustivo del cuerpo con la supervisión de la maestra Elena Ferrari gracias al cuál los actores sacaron su lado más animal, sin paños calientes. El resultado es, desde luego, un excelente trabajo corporal que algunas veces se funde en un caos general por los diferentes roles que adquieren los intérpretes ya que los diez actores representan cada uno a un personaje y forman a la vez parte de un coro; se transforman en bosque, en perros, en Roma…

Nuestra sociedad se basa en la aceptación de la violencia como medio legítimo para resolver conflictos (Alberto San Juan)

Tito Andrónico sorprende por su puesta en escena tan cruda, por mostrar y hablar tan abiertamente de violaciones, amputaciones, descuartizamientos, asesinatos varios, sangre, muerte y poder. Es como una bofetada en la cara que pretende hacerte reaccionar, sí pero ¿en qué sentido? Algunos saldrán reflexionando sobre la violencia que les rodea o la que ellos mismos llevan a cabo a diario, otros saldrán a tomarse unas tapas sin más, otros sin embargo se quedarán fascinados con todo este despliegue de crueldad y sangre. Y muchos prototipos de los personajes “Andrónicos” no irán. Lástima. Alberto San Juan, protagonista de la obra, aporta su propia visión sobre nuestro entorno y el sentido de la obra, “nuestra sociedad se basa en la aceptación de la violencia como medio legítimo para resolver conflictos”. Y efectivamente es lo que retrata también Tito Andrónico: violencia sin medida, sacrificios humanos para resolver deshonras, una amputación por una violación, dos asesinatos por una mutilación, una masacre por otra y así hasta la saciedad, hasta que todos queden aniquilados por su ansia de poder y sangre. 
Andrés Lima insiste en el marco familiar en el que se desarrolla la acción. "Tito Andrónico es una tragedia familiar. Es una guerra de familias. Guerra al fin y al cabo. Y aquí la obra adquiere su dimensión política: las familias representantes del poder, la lucha de poderes por el poder."

Tito Andrónico es una guerra de familias, una guerra al fin y al cabo (Andrés Lima)

La obra va creciendo a medida que los personajes oscurecen, adquiere mayor amplitud e intensidad hasta llegar a un final apoteósico y terrorífico. A ratos se pierde el texto por la voz de algunos actores que queda eclipsada por la música en directo (aunque tener a los dos músicos integrados en la obra ha sido una acertadísima decisión). Pero en términos generales, hemos de admitir que los personajes protagonistas se han hecho con sus papeles: merecen una atención especial las interpretaciones de Fernando Cayo, Elisabet Gelabert, Alberto San Juan, Nathalie Poza y Javier Gutiérrez. Cayo se mete en la piel de un auténtico sádico, un personaje repugnante que aporta la nota de sarcasmo y ama la violencia por encima de todo (impresionantes sus monólogos). Gelabert es la desdichada Lavinia, un personaje complejo cuya carga corporal es más que evidente y cuyos aullidos se materializan en escalofríos para el público. Alberto San Juan es, por supuesto el gran Tito Andrónico, un personaje fiel a sus valores de honor y venganza guiado en su ‘locura’ por los dioses y dispuesto a todo para luchar sin piedad (por su hija Lavinia) contra la familia formada por Saturnino y Tamora; no obstante San Juan logra que en este cúmulo de atrocidades el público sienta su dolor de padre y lo comparta con él. Nathalie Poza y Javier Gutiérrez son el matrimonio formado por el nuevo emperador Saturnino y su mujer Tamora la reina de los Godos o lo que es lo mismo una mujer poderosa, calculadora, ávida de sangre y venganza, tan cruel como un hombre y su marido, un bufón execrable (que nos da estos toques de humor imprescindibles con tanta tragedia alrededor) y maleable. Ambos, por supuesto, con una sed sin medida de poder.

La escenografía es sencilla e inmensamente efectiva; a ratos se convierte en bosque, en banquete, en congreso político, en pozo de muertes o en pesadilla de Lavinia. Según el momento de la obra, adquiere mayor importancia, se transforma y engancha igualmente al espectador para que no le quitemos ojo ni un solo segundo. Con momentos cumbres, brillantes y otros más flojos, Tito Andrónico sacude desde el principio hasta el final. Bienvenidos sean los montajes que traspasen la barrera del escenario y conmocionen al público, sea como sea. Tito Andrónico es, sin duda alguna, una animalada en mayúsculas de Animalario. ¡Estómagos sensibles, abstenerse!

Información útil:

- Obra: Tito Andrónico
- Autor: William Shakespeare
- Traducción: Salvador Oliva
- Dirección: Andrés Lima
- Intérpretes: Alberto San Juan, Nathalie Poza, Elisabet Gelabert...
- Lugar: Naves del Español. Matadero.
- Dirección: Paseo de la Chopera, 14. Madrid
- Fechas: Hasta el 30.08
- Horario: Martes a domingos, 20.30
- Precio: 22 € (martes y miércoles, 25% descuento)
- Venta de entradas: www.telentrada.com
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gérard imbert 18/12/2009, 14:24
apabullante escenografía, buenos actores tanto veteranos como jóvenes
Mario 17/10/2009, 12:42
Ví ayer la obra en Logroño y me decepcionó. La escenografía es excelente y algunos actores hacen buenas interpretaciones (Aarón, Marcio, Saturnino, Lavinia y Tamora), pero Alberto San Juan hunde la obra con su papel de Tito. Ni dignidad, ni dolor,... una interpretación patética (pero no en el sentido de la palabra que todos hubiésemos deseado): parece un zombie sonado, sin ninguna grandeza en sus diálogos. Qué lástima.

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Porque nos encantan los trabajos de Animalario. Porque nos conmueven, nos perturban, nos hacen reír y nos hacen pensar (que buena falta nos hace). Porque es una ocasión única para ver una obra fuera de lo común, con un planteamiento transgresor y unos actores protagonistas al límite. Animalario, más animal que nunca...

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