11 mayo, 2016. Por

Los vecinos de arriba

Ruidos molestos
'Los vecinos de arriba'; o una batalla dialéctica entre la pareja liberal y la anquilosada
Los vecinos de arriba

Unos follan, los otros se quejan. Unos hacen mucho ruido con sus orgías y sesiones de sexo a horas intempestivas; los otros también hacen ruido, pero con sus eternas disputas, riñas y por el ruido en los pasillos para tomar distancia el uno del otro. Cesc Gay ha fotografiado a dos parejas reales, de clase media; en entornos reales, de clase media, como un edificio.

Sin caer en el trillado ejercicio de “radio patio” de comedias de usar y tirar de vecindarios poco modélicos que solemos ver en prime time televisivo, el catalán ha tirado de experiencia documental para perfilar un retrato terapéutico, un toma y daca entre dos perfiles de parejas, en una comedia con momentos dramáticos, mucho cinismo y cuatro lenguas viperinas sacudiéndose en una de las obras más divertidas, enérgicas, hiperrealistas y con mayor dinámica dialogante del circuito escénico, desde hace semanas petando todas las butacas del Teatro La Latina en Madrid.

Tragicómica terapia
Cuando la frustración es tan grande que tu única manera de ser feliz es desplegando todo su cinismo y tu oposición a la felicidad ajena es que algo no va bien en tu vida. Eso le pasa a la pareja “de abajo”, interpretada magistralmente por Candela Peña y Xavi Mira, con tanta conexión como mal rollo, y quienes llevan unos meses sufriendo en silencio el griterío y movimiento de hormigón de la pareja “de arriba”, interpretada por Pilar Castro y el estadounidense Andrew Tarbet.

La colisión de esa pareja liberal, que vive su sexualidad de una manera abierta, moderna, sin complejos ni prejuicios; choca de bruces contra la otra cara de la moneda, una pareja hastiada, agotada de esperar el fin, abotargada en el hermetismo eterno, casi obligada a la rutina, en una deriva imposible de dominar ni doblegar. La obra se convierte en una especie de simposio sobre las miserias humanas, disparando a diestro y siniestro contra unos (los liberales en exceso) y otros (los frustrados) y dando a luz una comedia con altas dosis de tragedia, con giros especialmente dramáticos pero, sobre todo, una invitación a la reflexión y una transmutación de los complejos reales desde la física y la química de los problemas reales de pareja.

El carácter documental
Es la primera vez que Cesc Gay no tira de cámara para dirigir un texto de su propiedad. La inspiración le vino en una experiencia real, casi documental. De ahí que podamos identificar a Los vecinos de arriba como una extensión no sólo de su obra (parece un episodio más de Una pistola en cada mano, donde se abordaban las vicisitudes de las parejas que merodean los cuarenta años) sino también de su vida. Consigue pasar, en sus propias palabras, “de la filarmónica al unplugged” en clara referencia a la grandilocuencia de una producción cinematográfica en comparación con la economía de medios del teatro, sin perder dinamismo ni realidad ni vocación de representación social media.

El encuentro de los cuatro se antoja como una de su cine, cargado de diálogos dinámicos y personajes que empatizan con la pareja media; pero también encontramos trazas de aquella Un dios salvaje de Yasmina Reza o del propio Ángel exterminador (aunque reemplazando el carácter surrealista por un hiperrealismo del siglo XXI) de Luis Buñuel.

La fuerza de la naturalidad; o de Candela Peña
Puede resultar trillado y repetido hasta la saciedad, pero Candela Peña es a la mujer de clase media su extensión sobre el escenario o delante de la cámara. En Los vecinos de arriba vuelve a quedar claro: la capacidad de empatizar con el público llano (y viceversa) que logra imponer la actriz es una de las grandes potencias de la obra.

La catalana sale al rescate de la obra con simples afirmaciones, miradas al vacío o mostrando su faceta sorpresiva más natural, siendo este papel una extensión o un álter ego de álter egos ya interpretados por ella anteriormente como los de Hola, ¿estás sola?, su anterior colaboración con Cesc Gay (Una pistola en cada mano, que le valió aquel Goya del célebre y cuestionado discurso) o la recientemente estrenada Kiki, el amor se hace, por sólo mentar tres títulos de su filmografía.

Los vecinos de arriba