Àlex Rigola

Deformando la realidad


Asistimos a la rueda de prensa de la presentación en Madrid del nuevo espectáculo de Àlex Rigola en el Teatro Abadía. En la mesa oficial: Rigola rodeado por el mismo Richard Dresser, autor de Días mejores, y el elenco de actores y actrices que se encaran con estos días aciagos, aunque contagiados de surrealismo, delirio y muy buen humor, que nos trae (el texto y) la crisis. Momentos después y una vez disipada la nube de periodistas nos sentamos con Àlex Rigola para charlar de su nuevo montaje, el segundo Dresser con el que se atreve el director catalán.

Conocemos así a un entusiasta y colaborador Àlex Rigola, cabal y comprometido con el teatro (no olvidemos que, además de director de escena de numerosas obras, también dirige el Teatre Lliure de Barcelona) que con la proporción exacta de simpatía, seriedad y buen humor, nos habla de su trabajo en Días mejores y de cómo aprovecha para introducir ciertas notas de gamberrismo y dar marcha libre y rienda suelta a todas las locuras que se me iban ocurriendo. Una tónica que aborda de muy buen gusto y que toma como respiro tras haber estado inmerso en montajes de textos que, de otra guisa y talante, ha llevado a cabo en paralelo y con anterioridad a esta obra. 

Rigola
se aferra entregado a Días mejores tomándolo como una perla que te ofrece la facilidad de añadir lo que quieras sobre el texto además de servirlo como tal. Así lo veíamos venir a través del videoblog, una simpática y magnífica herramienta de comunicación, extensión de lo que, con frescura, estaba pasando (y de lo que quedaba por pasar) durante la preparación del montaje. Y así, en definitiva y después de ver la obra, certificamos que es. 

Días mejores es una comedia bastante trash con toques surrealistas


Días mejores es una comedia bastante trash con toques surrealistas, una obra cargada de humor que se enfrenta directamente con un problema tan contemporáneo y tan machacón (incluso) como es la crisis. Y es que, aunque originalmente escrito por Dresser en los 80 en unas circunstancias críticas dispares, más a cuento no puede venir a día de hoy. Una serie de personajes caricaturizados al extremo (Ernesto Arias, Irene Escolar, Lino Ferrerira, Ana Otero, Tomás Pozzi y Marc Rodríguez) han sido despedidos de sus trabajos por una situación de crisis en su empresa. Ahora (sobre)viven alimentándose de restos de fast-food, sin calefacción y únicamente abrigados por una escenografía tan apocalíptica como destartalada y esperpéntica. Anhelan con esperanza y una fe telecomunicativa, casi esquizofrénica, aquellos días en los que trabajaban en la fábrica y todo se desarrollaba con una normalidad sosegadora y contemplativa, cuando todavía quedaba una cerveza fría en la nevera. Lejos de la situación enloquecida en la que están sumergidos, abocados, lejos también de esos perros a los que todavía se les oye ladrar detrás de los delgados muros que les aíslan del mundo en su realidad. Por eso están obsesionados con la manera más eficaz de conseguir dinero vendiendo sus pertenencias, quemando sus propios coches (para cobrar los seguros) y desafiando al mínimo esfuerzo y al disparate por unos dólares. Por eso terminan formando parte del engranaje que denuncian: el del capitalismo en el que también ellos, como la pescadilla que se muerde la cola, están inmersos. Por eso, y en últimas, a sus protagonistas (como a muchos otros) ahora sólo les queda esperar a que lleguen esos Días mejores.  

Dresser deforma la realidad para que tú la veas


Rigola, al hilo del texto de Dresser, se interesa por ese lenguaje recurrentemente al que echa mano el autor. Y de ahí que sea precisamente por el humor (recordando que el distanciamiento del humor - que siempre lo es de algo dramático o trágico - en este caso, tiene como objeto la situación de paro agónico de unos personajes) y por la manera tan americana en la que el de Massachusetts lo representa. Jugando con el drama más trágico, el que escuece; y el humor más delirante, el que nos permite acercarnos al daño desde la distancia prudente de la carcajada. Dresser deforma la realidad para que tú la veas… pone un espejo doblado para que los personajes, las figuras, los protagonistas, de ese texto, y en este caso, del espectáculo, se deformen…si él los deforma, me dije, voy a deformar aún más el espejo para que salgan aún más esas exageraciones y así dar pie a añadidos que no interrumpen la acción y que permiten alguna locura…Y es aquí donde Àlex Rigola encuentra la comodidad de trabajar un texto de Dresser por segunda vez como nos dice cuando apunta …es muy difícil errar el tiro con Dresser, porque te abre un margen tan grande que siempre juegas a lo mismo que él. Siempre voy a favor de sus textos, si no, no los escogería

Dresser te abre un margen tan grande que siempre juegas a lo mismo que él

Para la ocasión el barcelonés se ha rodeado de un elenco de actores excepcional, caníbales simbólicos y piezas disparatadas que llegan límite de su situación a través del esperpento desgarrado, lascivo y violento; pulsional . A ellos los toma como punto de partida, como elementos vivos y orgánicos, algo que (y elogiando la calidad de los mismos), le ha permitido sólo acompañarlos, nunca decirles qué tienen que hacer exactamente, porque aunque los intérpretes son muy diferentes de unos a otros, unos sólo necesitaron más ayuda al principio y otros más al final… Como buenos actores, lo han captado todo en el texto. 

El teatro es belleza creada por el ser humano con contenido


Ahí radica el éxito del montaje, en la esencialidad del actor y un texto bien servido. Aparentemente liviano, pero, a pesar de la hipérbole y el freakismo: duro, reflexivo y analítico. Por eso cuando le preguntamos qué espera del público, Rigola apunta (y suscribimos) que el espectáculo es para mentes abiertas... sólo espero que al público le haya cambiado la respiración cuando salga del teatro y tenga elementos para debatir. Si es capaz de combinar lo que él entiende por teatro: belleza creada por el ser humano con contenido y, añadimos nosotros, con mucha inteligencia, ctítica, poesía y sentido del humor, sólo te queda acercarte por La Abadía y que, efectivamente, te cambien esos ritmos en la respiración. Y esperar, como ellos, a esos Días mejores.

Días mejores estará representándose en el Teatro La Abadía hasta el 8 de marzo, en horario de miércoles a sábados a las 20.30h. y martes y domingos a las 19h.
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Imagen de la obra
Durante la representación. Foto: Paco Manzano
Durante la representación. Foto: Paco Manzano
quién es

Àlex Rigola, barcelonés hiperactivo, enérgico y de inteligentes propuestas, es, además de director del Teatre Lliure de Barcelona, una de las personalidades más inquietas en el universo teatral español contemporáneo. De Shakespeare a Brecht o de Müller a Mamet o Stoppard, lleva más de una década agitando las tablas de este y aquel escenario. Su último espectáculo: Días Mejores, de Richard Dresser.

por qué

Porque como pocos sabe adaptar y servir en escena montajes teatrales inmortales o contemporáneos. Por su lenguaje y su vocabulario teatral, que, además de ecléctico, lo hacen único. Y porque acaba de estrenar Días mejores en Madrid, tras su paso por Cataluña.

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