3 Mayo, 2013. Por

La monja alférez

Teatro María Guerrero. Madrid
El Teatro María Guerrero acoge a La monja alférez de Domingo Miras
La monja alférez

"Pero, ¿qué es esto, Don Alonso de mi alma?", le preguntan a una madura Catalina de Erauso travestida nada más comenzar el espectáculo. Y la verdad es que uno se pregunta eso también durante La monja alférez, el texto de Domingo Miras dirigido por Juan Carlos Rubio que se ha estrenado en el Teatro María Guerrero de Madrid. La obra es un recorrido por la vida de este personaje histórico de principio del s. XVII que escapó de un convento (parece que rezar no era lo suyo) para convertirse en soldado y viajar a las Indias donde se puso a matar a diestro y siniestro. Pero, a pesar de que la idea puede poseer su potencial, el espectáculo tiene sus más y sus menos. Entre sus más, un envoltorio muy conseguido: Catalina se queja de haberse convertido en un espectáculo, en una mona de feria. Así que se ha elegido una barraca de feria como ambientación, un circo, con sus saltimbanquis, malabares y trucos de magia (aunque éstos sean bastante cutrecillos, todo hay que decirlo). La escenografía es muy pero que muy interesante (a pesar de que no se llegue a explotar todo lo que se podría), así como vestuario, iluminación y diseño de sonido. Pero, y aquí están los menos, hay un problema de base: y es que la historia no engancha en absoluto. Vamos, que resulta ligeramente soporífera. Y muestra de ello son unas cuantas deserciones, mini estampiditas, que tenían lugar en el patio de butacas durante el transcurso de la obra. Ni la llamativa estética ni el continuo travestismo de todos los intérpretes (a la monja la interpretan ocho actores, por ejemplo) consiguen levantar el espectáculo. Todo parecen esfuerzos inútiles por hacer ameno algo que no hay por donde cogerlo.

Y eso que el reparto es resultón. Desde una fantástica Nuria González, una muy eficiente Cristina Marcos o un enorme Ramón Barea, hasta un reclamo comercial como puede ser Martín (o Martiño, como se hace llamar ahora) Rivas, que aparca sus anuncios de Loewe para subirse a las tablas con desigual resultado. Pero la estructura del texto, en cuadros independientes, sin una línea argumental en condiciones, no tiene demasiada enjundia y hace que uno desconecte al segundo, aunque contenga hermosos versos. Y además si se analiza desde un punto feminista, pues la verdad es que tiene tela. Porque si la manera de la monja de realizarse es repudiar todo lo que significa ser mujer y disfrazarse de maromo pues… muy feminista, muy feminista, no es. Hay un interesante juego de identidades y de roles, eso sí y pone de relieve el que para que una mujer fuera tomada en cuenta debía utilizar las mismas armas que los hombres (metafórica y literalmente). Ni siquiera la homosexualidad de la susodicha novicia causa interés, ya que su objeto de deseo es tan simple que da sonrojo. La obra, en vez de escrita en 1986 parece escrita en el Siglo de Oro, pero más por sus contras que por sus pros. Además hay una reiteración tanto en el texto como en la puesta en escena que hace entrar en barrena al espectáculo, empezando por el recurso de Barea leyendo para luego representarse en escena su lectura. Y es una lástima, porque el inicio, cuando se presenta ante nosotros ese circo, es realmente brutal y promete todo un espectáculo, presenciando a continuación la mejor escena de todas (y la más divertida, ya que tampoco consigue la risa del público después aunque la busque): la del convento, con las tres monjas peleándose y llamándose putas tranquilamente, que la verdad es que no tiene desperdicio. Pero el caso es que este montaje, con su brillante escenografía y exterior (y al pelo viene con la historia que narra) nos recuerda una vez más aquel refrán de Aunque la mona se vista de seda, mona se queda…

La monja alférez

+ INFO

Nombre del montaje: La monja alférez

Disciplina: Teatro clásico

Director: Juan Carlos Rubio

Autor: Domingo Miras

Reparto: Manu Báñez, Ramón Barea, Carmen Conesa, Nuria González, Mar del Hoyo, Kike Inchausti, Fernando Jiménez, Cristina Marcos, José Luis Martínez, Daniel Muriel Chavarría, Toño Pantaleón, Martiño Rivas, Ángel Ruiz

Escenografía: Eduardo Moreno
Iluminación: José Manuel Guerra
Diseño de sonido: Sandra Vicente
Vestuario: Pedro Moreno
Música: Miguel Linares
Maestro de esgrima: Jesús Esperanza
Coreógrafo de lucha escénica: Kike Inchausti
Ayudante de dirección: Chus Martínez

Dónde: Teatro María Guerrero

Dirección: Tamayo y Baus, 4. Madrid

Hasta: 02.06

Horario: De martes a sábados a las 20.30h. Domingos 19.30h.

Precio: De 4 a 20 €

Venta de entradas: www.entradasinaem.es