Madre Coraje...

T. Valle-Inclán. Madrid

La guerra de los treinta años entre protestantes y católicos es el marco en el que se desarrolla la trama de Madre Coraje y sus hijos. Una obra escrita por Bertolt Brecht, nada más huir de la Alemania nazi en 1933, que encierra un profundo grito antibélico del dramaturgo alemán y que no pierde ni un ápice de actualidad en los tiempos que corren. Porque Brecht retrata la guerra como es: con crudeza, traición, sin compasión ni solidaridad, tan sólo con anhelos de supervivencia. Madre Coraje es una vendedora ambulante que, bailando al son de católicos y protestantes, va siguiendo al ejército sueco sacando provecho de las miserias humanas. No obstante esta mujer logra conectar con el espectador, ya cansado de ver al mismo retrato robot de víctima sufridora en tiempos de guerra. El público empieza a comprender, a medida que pasa el tiempo, las razones que empujan a Madre Coraje a actuar sin echar la vista atrás, a maniobrar y a tramar con astucia para lograr sus fines. Todo el sarcasmo de Brecht se concentra en el texto de Coraje, una mujer realista cuya crítica hacia la corrupción y la hipocresía de ambos bandos es rotunda. ¿Acaso es diferente una guerra de religión que una guerra étnica, territorial o de petróleo? Todas conducen al dolor, a la muerte aleatoria, a las violaciones, las agresiones, las quiebras... ¿Y qué pasa luego, una vez se haya perdido absolutamente todo? Pues que llega la soledad y toca volver a empezar desde cero, con todo lo que conlleva.

La Madre Coraje, dirigida por Gerardo Vera, sumerge al espectador en un ambiente oscuro, desnudo, con imágenes antiguas de trincheras y detonaciones, y una escenografía sencilla devastada por una guerra interminable. Mercé Aranega lleva todo el peso de la obra en sus brazos, y no parece ni por un momento que esta carga le resulte pesada; la actriz aporta a su personaje toda la lucidez que necesita convirtiéndolo en una mujer lista, dura, con agallas, pero también sensible y víctima de un drama. Como bien dice Corajela paz me hace polvo”, quizás porque sea el fin de su negocio o porque el polvo sea lo único que queda tras un conflicto bélico. Malena Alterio da vida a uno de los hijos de Madre Coraje, una joven muda interpretada con mucha autenticidad. Sus gemidos conmueven, sus alegrías enternecen, sus gestos hablan y es sin duda el personaje más entrañable de esta función. Una mención especial para Carmen Conesa y su cabaretera a la deriva, un personaje que no pasa desapercibido y empatiza con el público desde el inicio de la función. Pero Madre Coraje y sus hijos también peca de exceso de personajes y excesivas transiciones escénicas, algo que ralentiza el ritmo y la intensidad de la trama.
¡Ojo, el texto de Brecht junto con la interpretación de sus protagonistas no defraudará a nadie, así que no se la pierdan!

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Chicho 26/03/2010, 17:12
La de Aránega, me ha parecido una interpretación un tanto fría; a mí personalmente no me ha transmitido sentimientos.
justafré 22/02/2010, 22:47
Por fin un papel a la altura de la Aránega. Yo empecé a trabajar con ella recién salida del Institut del Teatre en los dramáticos de TVE-Barcelona.Entonces prometía ser un divertida y encantadora Shirley Mac Lane...y lo fue. Con el tiempo se ha convertido en una Magnani o una Papas. Sigamos disfrutándola!

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